El reloj marcaba las cuatro y media de la tarde. Ya estaba exhausta, de tanto leer, así que quise tomar un pequeño descanso, y cuando intente acostarme, mi puerta sonó. Así que no me quedo más remedio que ir y atender.
—¡Ey! ¿Dónde mantienes? ¡Me olvidaste! —me dijo Ethan, tratando de disimular, su tristeza.
Él y yo, hemos sido amigos desde la secundaria, en cuanto nos vimos, tuvimos una especie de clic, y no lo niego, desde que lo vi me cautivo me enamore perdidamente, pero él, es un imposible para mí, es gay, así que solo me conformo, con ser su amiga.
—¡Lo siento! ¡He estado ocupada! Estamos cerrando semestre, y sabes que el caos, es inevitable —tomé su mano, y la acaricie—. ¡No estés enojado! Te prometo, que te lo voy a compensar —su mirada, seguía ensimismada—, Vamos, pasa, estos quince años de amistad, me han entrenado, ¿Ahora que fue? ¿Por qué pelaste con él?
—¿Cómo lo supiste? —Ethan entro, y se tiró sobre mi sofá—. ¿Por qué será, que siempre salgo con idiotas? —me preguntó, como si yo tuviese la respuesta.
—¡No sé! —Me senté en el piso y comencé a acariciar su cabello—. ¿Cuándo lo dejarás? Desde que empezaron su relación, lo único que ha hecho es usarte a su antojo —en el fondo, yo deseaba que él me mirara de otra forma—. Eres un chico espectacular, tenerte de pareja sería un milagro
—¿Cómo es que tienes, las palabras exactas para todo? —sonrió un poco.
—¡Ya ves! ¡Tu amiga, es sensacional! — exclamé, mientras me levantaba—. Tenía sueño, pero no puedo dejarte así, iré a darme una ducha, para llevarte a comer y luego, por un lado, si quieres, puedes esperarme en mi cuarto.
Me di una ducha refrescante, una refrescante ducha, salí del baño sin toalla, como siempre, entre a mi habitación, tome mi toalla y empecé a secarme y mientras lo hacía, hubo un momento en el que me sentía observada, voltee.
—¡Rayos! —Grité y me tapé de inmediato.
Por un segundo, se me olvido que él, estaba ahí, mi maldita costumbre, a la soledad.
—¿Por qué te tapas? —él se acercó a mí—. Ahora que lo pienso, eres hermosa, ¿Cómo es que no me había percatado antes?
—Deja de bromear —lo alejé de mí—. ¡No me molestes!
—No tengo porque, es en serio lo que digo, tienes una figura muy linda —de nuevo camino hacia mí, me arrincono, y se deshizo de mi tolla—. ¿Quieres que juguemos un poco? —me tumbo sobre la cama.
—¡No me jodas! ¡No te aproveches de mí!
Aunque me mostrase enojada, en el fono mi cuerpo clamaba por él. Y sí, en cuestión de segundos, sutilmente, empezó a tocar mis senos, los tocaba con tal delicadeza, que mi piel tuvo la reacción más lógica, empezó a erizarse poco a poco.
—¡Te lo suplico, no me hagas esto! —le imploré—. No hagas que alimente falsas ilusiones, sé que jamás, te podré gustar
—¿Por qué lo supones? —Mordió mi labio inferior—. No sé por qué, asumes que soy gay, en toda la extensión de la palabra. Puedo ser bi
—¡¿Qué?! —Mi mente quedó en blanco—. Bueno… Yo…
—Asumiste algo, que no es del todo cierto, me gustan, tanto hombres como mujeres, no tengo problema en eso, lo malo es que me enredo con ciertos idiotas. Pero hoy, cambiaré de rumbo.
Ethan abrió un poco mis piernas, y con finura empezó a rosar mi clítoris, con una de sus manos, para ese momento, mi humedad, ya era notable, y vaya que él, disfrutaba lo que estaba haciendo, su rostro era evidente. De mi parte, el disfrute, era igual, disfrutaba de todo, porque sus toques aunque pasionales, eran con ternura, viendo que mi humedad, salía cada vez más, no lo dudo, e introdujo dos de sus dedos en mí, apenas los sentí, automáticamente mi voz salió, lo cual hizo, que me besara salvajemente, mientras que con una de sus manos, hacía maravillas en mi vulva, en realidad yo no pensaba en nada, solo me deje llevar, ni siquiera me di cuenta, de cómo resultamos en mi cama, yo gemidos de placer y él devorando mi vulva con su lengua, lo único que yo hacía era gemir y gemir, halaba su pelo con gran fuerza, movía mis caderas, no quería que él dejara parte sin recorrer.
—¡Aaah! —gimoteaba con todo mi ser.
Él me estaba haciendo un majestuoso oral, lo disfruté tanto, que tuve un gran orgasmo, y después de eso, los dos tuvimos un rato sosiego, entonces, Ethan me confesó, que cierta vez, llego a mi apartamento, vio la puerta entre abierta de mi habitación y vio como me masturbaba, según él, desde ese día, había quedado con ganas de mí, y que aunque estaba seguro de su orientación, el deseo que por mí, lo invadía era desbordante, debo reconocerlo, lo que había hecho me había encantado, vaya que el condenado es fenomenal con su lengua y con sus manos, después de haberlo escuchado, yo quise pararme, pero no me fue posible, me tomo por uno de mis brazos, nuevamente me beso y me suplico que por favor, le hiciera un oral, acepte inmediatamente, porque en verdad deseaba su m*****o, entonces me arrodille, baje la cremallera de su pantalón, saque su m*****o, primero empecé jugando con sus testículos, les di suaves lamidas, los acaricie lentamente.
—¡No creo que quepa en mi boca! —le dije, pues su tamaño era algo…
—Sé que lo recibirás, de eso no tengo duda, así que adelante.
Como pude, me lo lleve a mi boca, me costó un poco, pero lo logre. Entonces, acto seguido, observando que estaba totalmente erecto, lo tome y sin más lo introduje en mi boca, dios, fue exquisitamente delicioso, su olor, su esencia, y sentir como crecía en mí, fue de lo mejor, las reacciones de Ethan, no demoraron, porque su voz, poco a poco fue saliendo, lo cual era un buen indicador, así que aumenta la intensidad de mis mamadas, y con ellas logre, que él me diera todo su semen, el cual saboree, y trague todo, en verdad lo disfrute, posteriormente, él me ayudo a pararme, pregunto que si tenía algún cinturón, yo le dije que sí, él me ordeno que lo buscara y así lo hice, entonces, me tomo por las manos, y haciendo uso de unas de mis pañoletas, me ato, hizo que me colocara en el borde de la cama, elevo mis caderas a su altura, tomo el cinturón que yo misma le había dado, y ahí empezó todo, porque de un momento a otro, empezó a darme golpear mis nalgas con el cinturón, en ese momento una extraña sensación me invadió, debo admitir, que por más extraño y nuevo que fue para mí, yo goce de los golpes, a tal punto, que yo misma le pedí, que aumentara la intensidad, y él así lo hizo, y ahí estaba yo, en cuatro, atada de mis manos, y siendo golpeada por mi mejor amigo que se suponía era homosexual, mis gemidos, eran cada vez más intensos, me encontraba tan excitada e eufórica, que yo misma le pedí que me penetrara, accedió a mis deseos, lo hizo, dios, cuando lo sentí en mí, mis gritos, fueron más fuertes.
Ethan me embestía, halaba de mi cabello y a la vez me daba con el cinturón, en esos momentos era su puta, disfrute tanto de su m*****o, que cuando él quiso sacarlo para terminar afuera, yo no lo deje, intuitivamente, apreté su m*****o, con mi interior, e hice que me diera todo de sí, y el gustoso, lo hizo, al llenarme saco su m*****o.
—¿Ya estás satisfecho? —ya estaba exhausta
—¡Ja! Aún no acabo —sonrió maliciosamente.
Él empezó a frotar su m*****o, en mis nalgas y con la misma humedad que salía de mí, poco a poco fue estimulando mi culo, yo sabía perfectamente que era lo que él quería, para ese momento, yo también lo deseaba, entonces Ethan busco en mis cosas y encontró un poco de lubricante, el cual utilizo.
—¡Dios! —yo, apretaba fuertemente las sábanas.
—Relájate un poco, confía en mí —beso mi cuello, para calmarme.
Duramos aproximadamente media hora en lo que él lograba prenderme más y cuando lo logro, de nuevo m*****o entro en mí, pero era, en mi lugar prohibido, y así, regresaron, las nalgadas, las haladas de pelo y las palabras soeces, la verdad, yo no era dueña de mí, era suya, completamente suya, a medida que sus embestidas, aumentaban, mi placer también lo hacía, el tiempo no existía para nosotros, y cuando por mí llegamos al clímax, todo fue estupendo.
—¡Uff…! Esto sí que fue de otro nivel —exclamo Ethan. ¡Pero qué idiota fui!
—Se sinceró, ¿tú y yo que seremos de ahora en adelante? —le pregunte firmemente. No sería su juguete.
—Lo que tú desees, podemos empezar, siendo amigos sexuales. Nos hemos entendido, a la perfección
—Está bien, lo acepto eso, sí, quiero que seas solo para mí —apreté su m*****o—. Si me entero, que me engañas, la pagaras muy caro
—Me has hecho olvidar la tristeza, así que no, te dejaré escapar.