ENCUENTRO

1363 Words
Hola a todos, me llamo Sara Macallister, tengo veinte y seis años, nunca imaginé, que a través de una red social, conociera a mi primer hombre. Hace tres semanas, más o menos recibí la invitación de un chico, aunque no lo conocía, acepte su solicitud, empezamos a hablar de temas comunes, lo cual me agrado, porque no fue de esos sujetos, que lo primero que hacen, es mostrar su m*****o, a medida que pasaban los días, él y yo, íbamos entrando en confianza, al punto que empezamos a compartir fotos, si soy sincera al ver su pene, por primera vez, me excite un poco, sentí como una especie de electricidad recorrió mi cuerpo, debo confesarlo, en ese instante me masturbe pensando en él, y así pasaron los días, a través del chat nos contábamos nuestras fantasías y cada vez que había fotos, yo terminaba, masturbándome en su nombre, aunque quedaba satisfecha, un sentimiento de frustración llegaba a mí, porque yo deseaba más, por momentos me entraba el desespero, quería contarle que deseaba verlo, pero por vergüenza no me animaba, hasta que hace ocho días, él fue quien tomo la iniciativa, para vernos personalmente, cuando vi el mensaje, donde ponía la hora del encuentro, me emocione y sin dudarlo acepte, así que el miércoles por la noche, siendo las siete me arregle, me coloque un vestido, no soy de usar lencería, pero hoy, usaré decidí usar hilo por primera vez, la idea era facilitar todo, salí de casa, rumbo a su apartamento, durante el camino estuve nerviosa y ansiosa, quise devolverme, pero no, era lo que tanto había deseado, así que cumpliría. Llegue al apartamento de Tom, a eso de las ocho y media toque su puerta, él abrió y lo vi, en ese momento, yo era un manejo de nervios, no sabía qué hacer o que decir, solo estaba ahí parada, hasta que él me tomo de las manos, me dio un dulce beso en la mejilla y me invito a pasar, él se estaba comportando como un caballero, lo primero que hicimos fue cenar, la idea de Tom era clara, lo que él deseaba era que yo me sintiera tranquila, y vaya que lo logro, porque a medida que los minutos pasaban, toda mi ansiedad desaparecía, después de la cena, Me invito a su habitación, al entrar quede un poco sorprendida, al ver lo que había preparado, en su cama; había esposas, lubricante, un vibrador y un látigo, al ver dichos elementos, los nervios volvieron a mí. —¡¿Atemorizada?! —Susurro—. No tienes porque, esta noche, vivirás una experiencia milagrosa, haré de ti una mujer, eso sí, solo con tu consentimiento —me dijo, extendiendo su mano. —Confió en ti —sonreí. El tenerle tan cerca, provoco, que una llama se encendiera en mi interior, en mí todo mi cuerpo, lo primero que él hizo, fue quitarme el vestido lentamente, de igual forma se deshizo de mi hilo. Acto seguido, empezó a besarme en el cuello, del cuello paso, a mis senos, los cuales beso, lamió y mordisqueo a más no poder, siguió recorriendo mi cuerpo, hasta llegar a mi parte baja, en ese momento, me tenía a su merced, tomo mis manos, me coloco las esposas, me acostó en la cama, abrió mis piernas, y empezó besar nuevamente mi v****a, ufff, sentir su lengua era sensacional quería agarrarlo, pero no podía, mis manos estaban atadas, así que yo solo me contraía y gritaba de placer. —¿Quieres halar mi cabello? —me pregunto sonriendo. —¡Sí! ¡Yo…! —estaba a punto de explotar. —Lo siento, señorita, pero aún, no es su oportunidad. Tal eran los movimientos de su lengua, que cuando menos lo pensé, el primer orgasmo llego, fue fantástico, pero más fantástico fue ver, como Tom, saboreaba mis jugos, sin repudio alguno. —¡Son estupendos! —Se le veía complacido—. Ahora, pongamos más tensión. Fue por el vibrador, junto al lubricante, el cual destapo, tomo un poco en sus manos y luego empezó a hacerme masajes, yo no resistía más, quería ser penetrada por él, pero eso no podría, porque Tom tomo el vibrador, y poco a poco lo fue introduciendo en mi v****a, mis gemidos no se hicieron esperar, aquellas sensaciones, eran inigualables. Tom movía el vibrador de forma excepcional, lo único que yo hacía era gritar y gritar, aunque yo, quería más, quería todo de él, así que no aguante. —¡Ya! ¡Mételo maldita sea! —rogué. —¡¿Tanto lo añoras?! —¡Por un demonio! ¡No me hagas perder el tiempo! —respondí. En serio deseaba sentir su pene dentro de mí, y al ver mi desesperación, me dio lo que yo tanto ansiaba, y vaya que fue prodigioso, sentir como su pene, entraba en mí, la forma en que entraba y salía, era formidable, tanto que ambos llegamos al orgasmo, en ese momento, la agitación era obvia, por lo cual descansamos por un par de minutos, luego del descanso, nos paramos de la cama. —Ven, inclínate —me ordeno. Me coloqué en cuatro en el borde la cama, y estando ya lista, el tomo, el látigo me lo mostró y me dijo que me preparara para ser castigada, no entendí a que se había referido, pero cuando sentí el primer latigazo en mis nalgas, entendí todo a la perfección, en un principio los latigazos fueron suaves, pero luego de un rato, aumento su intensidad, y aunque era mi primera vez recibiendo latigazos, no le pedí que parara, antes le pedí más y más, así estuvimos un buen rato, hasta que lo complací. —Has sido buena niña —acaricio mi cabello. Al ver el rojo en mis nalgas, sintiéndose satisfecho, él, fue por más, entonces, nuevamente tomo un poco de lubricante y empezó a estimular mi ano, nunca nadie me había tocado ahí, reconozco que me sentía un poco extraña, pero en el fondo lo deseaba, deseaba sentir su pene en mi ano, no sé cuánto tiempo duro estimulándome, lo único que sé, es que logro su cometido, porque al momento de introducir su pene, no sentía tanto dolor, la excitación que se estaba despertando en mí, era soberbia, que poco a poco yo misma empecé a mover mis caderas, lo cual era gustoso para él, era mi primera vez, teniendo sexo anal, y lo estaba disfrutando, mis gemidos salían de forma portentosa. — ¡Dios! —Yo mordía mis labios—. Tanto tiempo… y… perdiéndome esto —me sentía en el edén. —A partir de hoy, podrás experimentar los placeres que nunca, habías contemplado —me dijo, mientras me embestía con ferocidad. Durante todo el acto, mis manos estuvieron atadas, esa era la forma en la que él me dominaba. Las esposas no eran inconvenientes para mí, y cuando por fin llegamos al clímax, todo fue formidable, lo admito, Tom me había cogido, de forma impensable, no hubo parte de mi cuerpo que él no tocara, había sido excepcional, así que yo quise devolverle un poco, de lo que me había dado, después de haber llegado dentro de mí. Saco su pene, él quiso limpiarlo, pero yo no lo deje, porque, yo me voltee, me arrodille, mire su m*****o, con lujuria y aunque aún estaba esposada, me las ingenie para lamer sus testículos y saborear el semen que aún escurría, ahí en ese instante, empecé a dar lo mejor de mí, no soy experta, pero por sus gemidos, sé qué estoy haciendo, un buen trabajo, que se volviera a venir, no tuve más remedio que tragarme todo su semen, era lo que él me había ordenado y yo tenía que cumplir la orden. No solo lo hicimos en su cama, sino en el piso, en el baño y en su sofá de la sala, lo mejor fue, que dormimos juntos, si así como lo oyen, no solo cogimos, Tom, también me demostró que si bien, era una fiera en la cama, también tenía un lado amable y caballeroso, nuestro encuentro fue de lo mejor, y por supuesto, seguimos en contacto, estamos planeando nuestro próximo encuentro.
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