Hay un dicho que dice “el que se casa, quiere casa”. Me llamo Fernanda, tengo veintiún años, y por un mal momento financiero, terminé pidiendo pasado a los suegros de mi hermano Humberto. Alberto y Esperanza, quienes me han acogido de forma amorosa, no he tenido inconveniente con ellos, durante estos tres meses, me he sentido apoyada y protegida, de verdad, los aprecio, para mí, son mi segunda familia, o eso pensé yo.
Sepan ustedes, que mi hermano es vigilante, lleva dos semanas en la que su turno es de corrido, así que me he acostumbrado, a verlo muy esporádicamente, su esposa, también trabaja, así que paso sola en compañía de Alberto y Esperanza, quienes, tienen una vida muy activa, ya entenderán por qué se los digo. Ayer a eso de la media noche, sentí mucha sed, baje hasta la cocina, tomo agua, y cuando quise volver a mi habitación, escuché, como ellos, cogían, sí, así como lo oyen, no pude evitarlo. Y es que Alberto, es un hombre maduro de cincuenta años, alto y bien conservado, mientras que esperanza tiene cuarte y cinco, y aun a su edad, no se queda atrás pues, es alta, de contextura gruesa, senos y caderas pronunciados, bueno, el punto es que los escuche coger, por mera casualidad, pues los gritos de Esperanza, pidiendo que Alberto, le diera, más, y más duro, llamaron mi atención, no pude evitarlo, me excite, y cuando menos lo pensé, tenía tres de mis dedos, de mi mano derecha, en mi v****a, los movía fuertemente, a medida que los gritos de ella aumentaban, mis movimientos aumentaban, parecía, como si yo hubiese estado, sincronizada con sus gritos, por un instante imaginé, que estaba siendo cogida por su esposo, no razone en ese momento, solo me deje llevar, así que tuve mis dedos dentro de mí, aproximadamente por una hora, y con esa hora, tuve una satisfacción gloriosa, me imagino, que ellos también la tuvieron.
Al escucharlos, tuve una gran experiencia, pensé, que al masturbarme, había sido suficiente, pero no, no fue así.
A la mañana siguiente me levantó, eran más o menos las nueve, así que lo primero que hago es meterme a la ducha, y mientras el agua cae por mi cuerpo, una voz me sorprende.
—Buen día, Fernanda, aprovecharé, que estamos solas, para decirte que, ¡no sabía que podías masturbarte! ¡De esa forma!
—Yo…
Dios, al oír aquello, quise que la tierra me tragara, trate de disimular un poco, pero me fue inevitable.
—Te veías, tan apetitosa, y hermosa —dijo, con una mirada fija en mis senos
—Señora, lo de anoche, tiene una explicación, se lo aseguro
De cierta forma, algo dentro de mí, hormigueaba, una especie de cosquilleo, me invadió.
—Tranquila, no haré nada que no te guste —me guiñó su ojo derecho.
Esperanza se acercó a mí, de la nada me planto un beso, debo admitirlo, me humedecí, ella poco a poco fue recorriendo mi cuerpo, cuando menos lo pensé, sus labios, estaban en uno de mis pezones
—¡Aaah…! —solté un leve gemido.
—Tu voz, es muy deliciosa
—¡Aaah…! No… yo quiero, que… —intente con todas mis fuerzas, el no rendirme.
—¡¿Qué?! ¡¿Quieres que me detenga?! Pues no lo haré, tu pezón está delicioso, y además mira, tu cuerpo no miente.
Esperanza, continuó chupando mi pezón, yo estaba que reventaba, y sin pensarlo, ella tenía tres de sus dedos, en mi vagina
—¡Dios…! ¡Uhm…! —Yo mordía mis labios, y apretaba mis manos—. ¡Ya basta! — supliqué, lo más que pude.
No obstante, ella hizo caso omiso, por más que mi boca dijera no, mi cuerpo decía sí, mis pezones erectos, y mi humedad, me delataban, así que mi que ella siguió, y siguió, hasta hacerme venir. Y vaya que hizo bien su trabajo, porque su mano termino bastante mojada.
—¡Humn!, sí que sabe delicioso, bien, ya termine, déjame decirte que te has convertido en mi nuevo juguete, así que prepárate traeré un ingrediente extra — salió de mi habitación.
—¡¿Alberto?! ¡¿Qué hace aquí?! —yo no comprendía que sucedía
—Tranquila mi niña, tengo el permiso de mi esposa —él sonrió.
—¡Te lo dije amor, es una belleza! —exclamo Esperanza, acariciando mi rostro.
—Sí, lo es, y nos divertiremos con ella —afirmo él.
No entendía qué pasaba, los suegros de mi hermano, me estaban acorralando, y por más que quisiera huir, no podía.
—Bien, voy a hacerte caso, la probaré.
En ese instante, Alberto camino hacia mí, lo primero que hizo, fue, pegarse en mi pezón derecho
—¡Aaah…! — sollocé, con gran fervor, mi cuerpo respondió.
—¡Humn!, Amor, tenías razón, es exquisito
Él, se deleitó con mis pezones, y yo no duré mucho en humedecerme
—Mira cariño, ya están saliendo, creo que llego el momento —dijo esperanza, saboreándose.
—Así es, ya está lista —replico Alberto.
Y ahí, había quedado yo, a merced de ellos. De un momento a otro Alberto, me tiro a la cama y abrió mis piernas
—Amor, yo arriba en sus senos y tú abajo, en su v****a —ordeno Esperanza.
—Está bien, no te preocupes, hija, lo mejor está por venir —Alberto, jugo con mi manantial.
Ellos me atraparon, no hice nada para evitarlo, ¿y para qué? Si mis gemidos y sollozos hablaban por sí solos.
—Dime, hijita, ¿te gusta así? —pregunto él.
—Si… ¡Aaah…! Me gusta así, me gusta sentir como entras y sale, deme más, por favor, vaya más profundo.
Yo estaba siendo enloquecida por las embestidas de Alberto y mientras era penetrada por él, su esposa hacía de las suyas con mis pezones, los mordía, los halaba, los chupaba, no tenía control de mi cuerpo, era de ellos, me había convertido en su puta.
—¡Espere! Sí, va tan profundo, yo…
Debido a la ferocidad de los movimientos de Alberto, mi cuerpo, no tardó en responder, y cuando menos lo pensé, estaba en el paraíso.
—¡Mi niña, qué sorpresa nos has dado! —Alberto estaba feliz.
—Ves amor, te lo dije, ella sería ese plus, que tanto habíamos anhelado —la mirada de Esperanza brillaba con gran intensidad.
—Totalmente. Bueno, ahora es turno de tu otro hueco, Esperanza, amor, ya sabes qué hacer.
Ellos me pidieron que me colocara en posición de perrito, y así lo hice, por segunda vez, hicieron un desastre de mí, por un lado, ella jugueteaba, con mi clítoris, y por el otro, él, estimulaba mi ano, y cuando menos lo creí, su enorme pene, estaba en mi huequito, ese que ni siquiera, le di a mi ex, quien tanto me rogó.
—¡Oh, está muy estrecho!, pero no importa, yo lo iré rompiendo poco a poco
En efecto, Alberto, me fue rompiendo, poco a poco, debo decirlo, una mezcla de dolor, y placer fue lo que sentí, pasada media hora, calculo yo, pude recibir, todo su pene, y nuevamente, sentí que estaba en el paraíso, él penetrándome, y Esperanza, jugando con mi clítoris, pasemos una hora, teniendo sexo, no hubo parte que ellos no tocaran, tuve varios orgasmos. Y sin más, me convertí, en la puta de ellos, y pues todo, quedará en familia.