Punto de vista de Ryan
¡Joder! Si las miradas mataran, Gil ya me hubiera mandado directito al crematorio. Sus ojos me perforaron al instante y, aunque no le hice caso, porque no era oportuno, si me lo guardé para más tarde.
Las exclamaciones de sorpresa se dieron de inmediato en jadeos sordos, y hasta los señores Maier me vieron con cara de no entender.
—Blake y yo éramos casi hermanos, todos lo saben, y también saben que él era un genio de la planificación en los negocios. Hace cinco años esta empresa estaba en la cima y solo le restaba seguir subiendo. No digo que ahora se encuentre mal, pero podría ser mucho mejor —dije como si nada.
»Si Blake cree que la señorita Larson es capaz de asumir esta responsabilidad, y que con ella a la cabeza el prestigio y los ingresos de esta empresa se elevarán, no veo por qué no apoyarla.
Me alcé de hombros y le di una mirada a todos y cada uno de los presentes, finalizando con la rubia, quien me regaló una tenue sonrisa de agradecimiento.
—Me parece una reverenda tontería —soltó Gil, mirándome directamente—. ¿Cómo puedes confiar tanto en una desconocida, Daft?
—Es una desconocida elegida por tu hermano menor, Gil, la misma persona que encumbró este lugar en el pasado. Blake no era estúpido, ni mucho menos. Además… ¿no viste su hoja de vida? Tiene mejores credenciales que tú.
Ah… sus zafiros me perforaron, por lo que le sonreí de la forma más servicial posible, pero, ¿qué podía hacer? lo único que Gil tenía a su favor era que había trabajado unos años aquí y conocía el negocio. En términos de currículo, esta era la única gran empresa en la que había trabajado, y su MBA tampoco resultaba ser relevante, porque la universidad de la que lo obtuvo no era la gran cosa.
Si el Grupo Maier quería crecer, debía tener un CEO que conociese el mundo y sus diferentes perspectivas. Gil Maier no era el indicado, y todos se fueron dando cuenta de eso mientras leían los postulados de Ellie.
Al final de la reunión, ella fue elegida como CEO, y comenzaría a desempeñar sus funciones al día siguiente, algo apresurada, pero llamativo.
La reunión terminó con el recordatorio de la fiesta anual, que tendría lugar en unas semanas más, y todos se marcharon, a excepción de los Maier… y de mí.
Me levanté y caminé hasta la señorita Larson; sin embargo, antes de llegar allí, ella fue hasta Gil y se le puso en frente.
—Señor Gil, no quiero que piense que mi llegada es su automática salida de esta empresa —dijo. Gil, que seguía sentado, alzó el mirar—. Usted es quien más conoce sobre esta corporación, y me gustaría contar con sus conocimientos para, juntos, alzar a esta compañía al lugar del que nunca debió caer.
Sus labios rojos se torcieron en una tenue sonrisa a la que Gil no pudo evitar corresponder.
Pude ver en sus ojos el brillo de haberse embelesado con esta hermosa mujer, y no pude culparlo.
Él respiró hondo, al parecer sopesando sus opciones y, ante la atenta mirada de sus padres, asintió.
—Me parece una excelente propuesta —dijo. De puertas para afuera parecía calmado, pero sus palabras sonaron tensas—. Será un gusto para mí trabajar a su lado, señorita Larson.
Él se levantó al instante. Era más bajó que ella, lo que me resultaba gracioso.
—Oh, por favor, llámame Ellie. A partir de ahora seremos compañeros de armas, las formalidades sobran.
La rubia le sonrió, y creo que solo eso fue suficiente para terminar de convencerlo.
—Está bien entonces, Ellie. Puedes llamarme Gil, a secas.
Él se fue poco después, aunque sus padres se quedaron, y por fin pude acercarme a la dama.
—Señorita Larson, será un placer trabajar con usted en pro del ascenso de esta empresa —dije con cortesía.
Ella me miró, y el brillo en sus orbes de jade me hizo sonreír al instante.
—Señor… —Arrugó la mirada y frunció los labios en un gesto que se me hizo de lo más tierno e impropio de una dama de su aparente talla.
—Daft, Ryan Daft —informé de inmediato y extendí mi mano.
Ellie sonrió, asintió con gusto y estiró la mano, dispuesta a darme un apretón; sin embargo, la tomé antes de eso y bajé la postura para besar su dorso en un gesto caballeroso que la dejó sorprendida.
Punto para mí.
—Es un placer conocerlo, señor Daft, y muchas gracias por su apoyo de recién. Blake me habló un poco sobre usted en el pasado.
Una sonrisa pintó mis labios y negué con la cabeza.
—Por favor, llámame Ryan. Estamos juntos en esto ahora, y tenemos la misma edad —apunté, aguzando el mirar en ella con cierta picardía tenue. Por fortuna, la dama la detectó al instante y me sonrió con condescendencia.
»¿Blake te habló de mí? No me extraña, era una de las mejores cosas de su vida —me vanaglorié de mí mismo y ella sonrió—. ¿Pensarías en tomar un café alguna vez conmigo? Podríamos conversar, y te contaría muchas anécdotas que no sabes de ese tonto.
Sus ojos se iluminaron y asintió con gracia.
—Tal vez —contestó con simpleza.
Los Maier llegaron a su lado y se robaron su atención.
—Señorita Larson, esperamos que sus postulaciones y planes para esta empresa puedan llevarse a cabo, y que sepa gestionarlos. Por lo pronto, a mi esposa y a mí nos gustaría invitarla a una celebración que nuestra fundación realiza todos los años para recabar donaciones para el tratamiento de niños con cáncer.
»Allí podrá conocer a muchas personas relacionadas con el ramo, y comenzar a hacerse camino en la sociedad californiana.
Ewan invitó a Ellie como si nada.
—Será un placer para mí asistir allí. Muchas gracias, señores Maier —respondió con cortesía.
Jude se sonrió.
—Te haré llegar la invitación entonces, querida, ¿dónde te estás alojando?
—Me quedo en un hotel, mientras consigo un lugar para vivir.
—¿No te quedarás en la mansión de Blake? —indagó la mayor y se preocupó al instante.
Ella dudó.
—No sé si sea oportuno.
Jude negó con la cabeza.
—No… no te preocupes por Gil, cariño. Él y Amy sabían perfectamente que solo custodiaban la casa de Blake. Él no está molesto por tener que irse de allí.
—Nuestro hijo amaba los jardines de esa casa y, si bien el interior casi todo está hecho al gusto de Amy, había ciertas habitaciones que le fascinaban, y de las que no dejaba de hablar.
La ilusión se coló en la voz de Ewan, y Ellie tan solo pudo mirarlo con curiosidad. Poder descifrar ese mirar en ella fue un plus para mí.
La rubia se paró derecha y asintió.
—Entonces, pensaré en la posibilidad de mudarme allí cuando la casa sea desocupada.
A la señora Maier le brillaron las perlas que tenía por ojos.
—¡Tienes que recorrerla a fondo! Gil ha ido sacando sus cosas, de seguro puedes darte un paseo.
Ese era mi momento.
—Puedo acompañarte allí —solté sonriente—. Aún tengo que ir a su estudio y sacar las herencias de todos.