Punto de vista de Ryan
Jo… ¡y vaya que la había acompañado!
Tras pasar la mañana atendiendo unos muy importantes asuntos personales, llamé a la señorita Larson para pasarla buscando, y me enteré de que ella ya iba camino a la casa en un taxi, así que nos encontramos allá.
Traje conmigo la llave que me dieron el día de la lectura del testamento, la única copia existente para abrir el estudio del dueño de casa original, y me pregunté si a los inquilinos actuales se les ocurrió una forma de violar la cerradura y meterse.
Encontré a la rubia frente a la casa y, tras simples saludos, entramos. Gil no se encontraba, gracias a Dios, pero Amy sí, además del pequeño Colin, que correteaba por acá y por allá como pájaro al que acababan de liberar de su jaula.
Tal como mencionó la señora Jude, la mayoría de los objetos pequeños pertenecientes a Gil y Amy ya no estaban a la vista y, en general, se sentía todo un poco más vacío que la última vez.
Traje conmigo algunas cajas para guardar lo que me llevaría y, junto con la rubia, que vestía muy veraniega para la época del año, entramos a la oficina de Blake, un cuarto grande pintado en tonos oscuros donde él solía guardar todo aquello que le importaba.
—Ah… esto es una belleza. Hacía mucho que no venía —solté sin poder contener la emoción.
Antes pasaba mucho tiempo aquí: leía, conversaba, o solo pasaba el rato con mi mejor amigo. Era una habitación a prueba de ruidos donde podías leer con tranquilidad un libro sin darle importancia a lo que pasaba afuera.
Tenía grandes libreros en tres de las cuatro paredes, llenos hasta el tope de libros nuevos y, en el centro, la colección de literatura antigua de Blake, que permanecía preciosamente custodiada en individuales cajas de cristal.
Al medio del cuarto se situaba un escritorio de madera oscura y una gran silla presidencial, y sobre él se encontraban su computadora, sus papeles… todo permanecía tal cual el primer día, así como el cuadro en la parte de atrás.
«Bueno… no han entrado», pensé y asentí con la cabeza, notando cómo los orbes jades curiosos de la dama detallaban todo con curiosidad, y sus manos acariciaban la madera de los estantes, para después resoplar.
Pude ver su cuerpo ponerse tenso, y en su rostro apareció la nostalgia, pero decidí quedarme al margen por unos momentos, porque sabía que esto era complicado para ella.
En eso, como la puerta estaba abierta, pude ver un cuerpo pequeño y menudo pasar a mi lado y jalar la falda del vestido que Ellie llevaba, lo que distrajo su atención de los libros y la obligó a mirar hacia abajo.
Allí se hallaba Colin, un pequeñito de cabellera rubio miel e iris zafiro brillante, que llevaba un muñeco de Iron Man en una mano.
—Oiga, señorita… ¿qué hace? Esta es la casita del tío Blake, se supone que nadie puede entrar…
Su pronunciación era clara, a pesar de su edad, por lo que no pude evitar sonreír. Él llamaba «casita» a esta oficina por alguna razón.
Los jades de Ellie brillaron en ternura al verlo, y le sonrió.
—Oh… yo soy una amiga de tu tío Blake. Él me dio permiso de entrar aquí, y también a tu tío Ryan —dijo y me miró de reojo.
Colin volteó y yo sonreí y le mostré la llave.
—El tío Blake nos pidió limpiar esto, Colin —hablé con suavidad.
—Oh… ya veo —musitó él con sus ojos chispeantes y miró a la dama—. Entonces… ¿tú vas a vivir aquí? Mamá dijo que el tío Blake nos echó. —Sus hombros cayeron y la tristeza se apoderó de él.
Ellie se agachó al instante y, a pesar de que la noté tentada a tomar su hombro, decidió no hacer contacto físico con el niño.
—¡Hey!, no, ¿cómo crees que tu tío Blake sería tan malo para hacer eso? Lo que pasa es que él dejó un mensaje hace muuuucho tiempo, y es algo que se tiene que cumplir. —Ella tomó su mano y la apretó—. ¿Qué edad tienes?
—Cuatro años y casi cinco meses —contestó Colin con orgullo.
—Bueno, tu tío Blake se fue hace más de cinco años. Él ni siquiera sabía que ibas a nacer. Estoy segura de que si hubiese sabido que ibas a estar aquí, te dejaría quedarte. —Afirmó ferviente con la cabeza.
De repente, los ojos del muchachito brillaron con intensidad, como si algo estuviese siendo renovado en su interior, y sonrió.
—¿Lo crees?
Ellie asintió.
—Claro que sí. ¿Crees que tu tío Blake era una mala persona?
Él negó con fuerza.
—Los abuelos dicen que era genial, y que le hubiese encantado conocerme.
Ella se sonrió y le acarició los cabellos con cariño. Yo era un mero espectador en medio de esto, pero me gustaba.
—Él era genial.
Colin abrió sus ojos como platos hacia Ellie.
—¿Usted lo conoció?
—Sí, éramos buenos amigos. Él confiaba en mí, por eso me dejó este lugar. ¿Te gusta esta casa?
—¡Sí! Tengo una casa del árbol en la parte de atrás, es mi lugar favorito en el mundo mundial —respondió con fuerza.
Sus mofletes se inflaron y se paró derecho. Ere un nene con bastante personalidad, de buenas a primeras.
—Um… ¿qué tal si te digo que podrás venir a jugar allí siempre que quieras?
La cara de Colin palideció, y una gran sonrisa se pintó en sus labios.
—¡¿En serio?!
Dios… era como si le dieran su regalo de Navidad adelantado.
Ellie asintió sonriente y él se lanzó de improviso y la abrazó.
Pude ver la sorpresa recorrerla y, de hecho, ellos siguieron charlando un poco más. Para mí era innegable que hubo química entre los dos, se alcanzaba sentir en el aire. Era como si se conocieran de toda la vida.
Respiré hondo, y mi buen ánimo fue interrumpido de repente por un gran grito cargado de ira.
—¡Colin, ¿qué haces aquí?! ¡Te dije que te quería lejos de esta parte de la casa!
Amy entró como alma poseída por un demonio y nos miró a Ellie y a mí como si fuésemos extraterrestres, seres asquerosos. Cabe destacar que creo que yo ya no le agradaba, si es que alguna vez lo hice.
—¡Mamá, estaba hablando con la amiga del tío Blake! ¡Ella dijo que podía venir a jugar en mi casita siempre que quisiera! —Colin corrió hacia su madre con la felicidad pintada en la cara.
»¡¿Podemos?, ¿podemos, ma?!
Sin embargo, sus ánimos fueron aplastados de un golpe:
—No. No volveremos aquí. Ahora, ¡sal de aquí! No debemos molestar a la nueva «señora» de la casa —espetó Amy con rudeza.
La ilusión del nene cayó en picada, y hasta pude ver lágrimas acumularse cálidas en sus ojitos. Sus hombros cayeron sin fuerza, y el corazón se me partió en el mismo instante en el que Amy nos lanzó una mirada matadora, se dio la vuelta y se largó.