Punto de vista de Amy
No… no, no, ¡no! ¡¿Por qué me estaba pasando esto?! ¡¿Qué demonios acababa de suceder?!
Gil me arrastró escaleras arriba hasta nuestra habitación y cerró la puerta con potencia. Justo cuando el madero se bloqueó, su tranquilidad se desvaneció en una mueca iracunda, y apreté los labios con nerviosismo, sentándome a la orilla de la cama.
—¡¿Qué demonios es esto?! —grité.
No me preocupaba ser escuchada por nadie en la casa, pues esta habitación estaba insonorizada.
—¡Cómo es que esto terminó así!
Me tiré al colchón y pataleé. Estaba tan frustrada, tan molesta. ¡¿Cómo se le ocurría al maldito de Blake hacer algo así?! ¿Por qué me seguía fastidiando incluso estando bien hecho polvo en su tumba?
—¡Ese maldito tenía una amante! —espeté.
No podía creerlo… de entre todas las cosas, no podía creer que él me estuviese engañando.
—Por Dios, Amy, ¿por qué te indignas por algo así? ¿Acaso se te olvidó lo que hiciste por dos años antes de su muerte? —Gil me miró como si estuviese loca, y le respondí con ojos furiosos.
»Lo más importante aquí no es que esa tipa sea su amante o no… ¡Ese malnacido trajo a una desconocida a nuestro territorio, y ella se meterá de lleno en la empresa! ¿No entiendes lo que eso significa?
La mueca furiosa de su rostro me tuvo sin cuidado. Yo no tenía cabeza para pensar en la estúpida empresa y el majadero control de las acciones en este momento.
—Me vale mierda la empresa justo ahora… ¿Cómo se le ocurrió a Blake engañarme con esa mujer?
Me senté en la cama y apreté las manos en puños. ¿Cómo se le ocurría? Durante toda nuestra relación siempre pensé que lo era todo para él. Maldición… ese hombre me tenía como una diosa… Sin importar lo que le pidiera, me lo daba; era como mi sirviente personal, y no paraba de decirme mil veces que era única para él, y que jamás amaría a nadie más que a mí.
¿Cómo es que tenía una amante?
Gruñí con molestia y solté las manos para apretarme las rodillas.
—¿De verdad te preocupas por esa tontería? ¿Por qué debería molestarte si él se revolcaba en sus viajes con esa preciosa rubia, si estabas conmigo? —bramó Gil.
Su voz era dura y ruda, y sentí su molestia a punto de salir.
Él se acercó, me tomó por los hombros, me zarandeó y atravesó con sus claros zafiros.
—Entiende lo que esto significa, Amy: No casa, ya no más mansión en las islas del Caribe, no más la esposa del CEO del Grupo Maier, no más estatus de reina. ¿Entiendes?
Enumero cada cosa con una acidez tremenda, y mi cerebro comenzó a comprender lo que todo lo que sucedía allá abajo significaba para nosotros, para mí…
—No… no podemos permitir eso… Gil, ¿dónde vamos a vivir? Está Colin también… —Lo miré con miedo—. ¿De verdad vamos a hacer lo que un muerto dice en un papel?
Gil resopló con fuerza y negó.
—No quiero hacerlo, pero debemos.
Eso me cayó como una gran jarra de agua helada, y él se dio cuenta.
—No te estoy diciendo que nos rendiremos, jamás hacemos eso, Amy, pero lo mejor por ahora es hacerle creer a mi amado hermano, a mis padres y a esa rubia entrometida, que haremos todo tal cual está en esos papeles.
»Buscaré una casa para nosotros cerca de esta zona, y hablaré con los accionistas para saber qué podemos hacer para evitar que esa mujer nos quite nuestra posición.
Su voz era tranquila. De repente, él se calmó, y eso me relajó a mí de inmediato.
«Sí… Gil se encargará de todo. Él siempre lo hace», me dije, porque así era.
En el pasado, siempre que algo sucedía, él se ocupaba de solucionarlo y obtener el mejor resultado a nuestro favor.
Respiré hondo y traté de deshacer el barullo en mi mente, a pesar de que era muy difícil. Gil me soltó y se sentó a mi lado en la cama. Miré alrededor y, por unos segundos, el desespero se convirtió en ira.
El sentimiento de indignación que me quemaba por dentro era enorme, pero traté de enterrarlo tan profundo como pude para no provocarlo de nuevo…
Blake tenía una amante, y tuvo la brillante idea de exponerla como si fuese un trofeo cinco años después de su muerte.
¿Era esto acaso una provocación? ¿Quizás se vengaba?
No… no había forma. Él no sabía que yo me acostaba con su hermano; siempre lo tuve bajo control, y nunca me trató de forma diferente.
Entonces… ¿por qué? ¿Por qué la trajo a mi vida tan de repente? ¿Por qué le dio el control de todo? ¿Qué hacía su nombre en ese testamento?
Apreté los labios y tomé con fuerza la mano de Gil. ¿Quién era Ellie Larson, y por qué había venido hasta aquí? No descansaría hasta averiguarlo y, después de eso, tomaría mi lugar como la esposa del CEO del Grupo Larson.