Punto de vista de Ryan
—Oh… vamos. ¿Me vas a decir que tú no sabías nada sobre esto? Eras el mejor amigo de Blake, me atrevo a decir que te consideraba más un hermano que a mí, ¡¿y me vienes a decir que te sorprendió todo esto?!
Gil me miró con burla y negó con la cabeza. Sus agudos ojos me taladraron, y en seguida supe que, si sus padres no estuvieran aquí, no hubiese dudado en golpearme.
Pero me plante ante él con una mueca molesta.
—¿Eres estúpido? ¡¿Crees que Blake me hablaría sobre los negocios de su familia?! ¡¿Por quién lo tomas?! —espeté incrédulo.
Ese simple pensamiento me parecía una locura.
Blake y yo fuimos mejores amigos desde niños, sí; pero los temas de empresa y dinero eran diferentes: cada uno los manejaba por separado. Esos eran negocios, y nuestra amistad era la vida privada. Siempre tratamos de mantenerlos separados, a pesar de que fuese complicado.
Pero Gil no lo entendía. Maldición… él no entendería nada en el estado de turbación en el que se encontraba ahora.
—Si la señorita Larson está de acuerdo, solo debe firmar el traspaso de las acciones del señor Blake del Grupo Maier y sus otras inversiones, así como de esta mansión y las otras dos propiedades.
Todos los ojos se pusieron en una Ellie que hasta ahora permaneció en silencio. Ella curvó sus labios en una tenue sonrisa, y asintió.
—Si Blake piensa que soy suficiente para continuar con sus planes para el negocio de su familia, entonces creeré en mí y asumiré el reto —dijo ella—. Me convertiré en la CEO del Grupo Maier.
Su voz era suave, sí, pero traía consigo una presencia que hacía mucho no escuchaba y, al instante, tuvo a todos en la sala, incluso a los señores Maier, al tanto. Era como un hechizo enmascarado detrás de la firmeza de sus verdinas orbes y serena sonrisa.
Me mojé los labios y resoplé. Estaba ensalzándola demasiado para el tiempo que nos conocíamos… como veinte minutos.
Gil palideció al instante, porque él era el actual CEO de la empresa familiar, y miró a la mujer con burda ira; sin embargo, pude ver como se tragaba todo ese reconcomio y respiraba hondo, como todo un caballero.
—¡No! ¡No me sacarás de mi casa! ¡Tengo un hijo!
De repente, un grito vino desde la salida al jardín. Amy corrió hacia Ellie, dispuesta a caerle encima, pero, y por fortuna, Max, un amigo, se metió entre ellas y la abrazó para alejarla de allí.
—¡Amy!, cálmate. ¡Tienes que calmarte! —clamó Max.
Él era un detective del departamento de homicidios de la policía, un tipo grande y fuerte que la alzó como si nada y la llevó lejos.
Amy comenzó a patalear, y la señora Maier fue hacia ella.
—Cariño, tienes que calmarte —dijo una vez Max la puso en el suelo—. Siempre has sabido que esta casa era de Blake, y que todos estaríamos sometidos a su última voluntad. —Ella miró hacia Ellie.
»No sabemos qué pasará ahora, pero tenemos que confiar en él.
La señora Maier parecía creer que Amy estaba consumida por la situación, y quizás si era un poco así; pero muchos aquí sabíamos que ella quería dinero, así de simple.
El jugoso seguro de vida de dos millones de dólares de Blake no duraba mucho cuando llevabas una vida tan ostentosa como la que ella se daba: viajes, hoteles de cinco estrellas, spas, cruceros, y cualquier cosa que la situara en el tope de la alta sociedad.
Yo no la culpaba. Esa mujer estaba tan acostumbrada a ese estilo de vida, que se volvió en su contra, y el mismo Blake tenía la culpa. Sin embargo, los negocios de los Maier no habían ido muy bien los últimos años, porque lo de tomar buenas decisiones no era el fuerte del hijo mayor, y sus cuentas bancarias debieron ir cayendo en picada.
Claro… ella quería dinero, y seguir siendo la esposa del CEO de una empresa de renombre.
Pasaron algunos minutos y todo el desmadre de Amy se calmó cuando Gil se la llevó a su habitación. Todos pudimos escuchar la puerta cerrarse con fuerza, pero no le prestamos atención. En cambio, nos centramos en Logan yendo a la mesa del comedor y sacando los documentos de traspaso de todas las propiedades de Blake, a una mujer desconocida para muchos, salida de la nada.
—Necesito dos testigos —anunció Logan, que nos miró a mí y a Wyatt.
Ambos asentimos enseguida, y el abogado sacó su pluma y se la entregó a Wyatt. Él firmó primero y luego yo, y le di la pluma a Ellie, que comenzó a firmar un documento tras otro, al lado del viejo trazo de Blake.
La nostalgia me llenó al ver su firma, y resoplé.
El resto fue tan simple que se me hizo inmediato. De un segundo a otro, Blake dejaba de ser un nombre perenne en la empresa de su familia, en todo lo que era suyo, y pasaba a ser de esta señorita.
Algo dentro de mí se encogió con tristeza, pero me la tragué y alcé la cara.
—Pues bien, señorita Larson, oficialmente es usted la accionista mayoritaria del Grupo Maier. Llevaré estos documentos al registro. Convocaré una junta de accionistas para hacer el anuncio y, si así lo desea, preparar la documentación necesaria para que usted sea la nueva CEO de la empresa.
Ellie apenas se dio la vuelta y miró a todos los presentes, sus rostros incómodos e impresionados, y se fijó en los señores Maier, que no se veían muy convencidos.
—Señor Ewan, señora Nora; les pido que me den el beneficio de la duda a partir de ahora. Me aseguraré de cumplir la última voluntad de Blake, y convertiré al Grupo Maier de nuevo en la principal empresa de electrónicos de este país.
Esas eran grandes declaraciones, debía admitirlo, mucho más viniendo de una desconocida. Pero sus ojos brillaron con tal convencimiento que no pude ignorarla.
Aun sin saber sus planes, o quien era en realidad, todos y cada uno de los presentes allí nos convencimos de que ella haría lo que dijo. Eso era seguro.