Capítulo 6. Guardián

1622 Words
— No llores, prohibido llorar — Dijo Antonio limpiando mis lágrimas. — ¿Como, me piden que no llore? — Respire profundo, y continué — Para ustedes es fácil, ustedes caminan yo no — Me hice paso moviendo mis propias ruedas, y me encamine al salón. Algunas lágrimas se hicieron presente durante la clase, cuando la hija de la profesora de Matemática entro sin permiso y la abrazo, diciéndole lo mucho que la amaba. Aun no entiendo ¿Por que esto tuvo que suceder me a mi? ¿Tan mala persona e sido los últimos años? ¿Que pecado cometí para que Dios me castigara llevándose a mi mamá y el movimiento de mis piernas? — ¿Señorita Velazquez, sucede algo? —Pregunto la profesora, yo limpie mis lágrimas con rapidez y subí la mirada — No, estoy bien — La mirada de la profesora se noto dulce, se acerco a mi con delicadeza y en susurros pregunto — No lo estas verdad? Si no lo estas ve a mi oficina, sabes que siempre podrás estar sola ahí — Disimulando la situación saco del bolsillo de su abrigo las llaves, luego me las entrego. — Si — Con ayuda de la profesora salí del salón. Cuando iba un poco lejos del salón y cerca de la oficina de la profesora algo me detuvo. — Valentina, espera — Escuche a Felipe detrás de mi. — ¿Dime? — Pregunte con el nudo en mi garganta, mientras frenaba la silla. — ¿Que te pasa? — Seguí moviendo mis ruedas para evitar responder. — Deja de seguirme — Me queje al sentir sus manos deteniendo la silla. — No, responde — Se coloco al frente de mi en cuclillas. — Quiero estar sola, es todo — Mis lágrimas se hicieron presentes. — ¿Que hacen afuera de los salones de clases? — Escuche la voz de la directora. Después de recibir un sermón de parte de la directora, regrese al salón, el día transcurrió tormentoso para mi, ya quería irme... Por suerte las horas pasaron rápido, ahora estaba en el patio de la hacienda, lejos de la casa grande. Tome mi cuaderno de notas y cuando iba a escribir se me resbalo la libreta cayendo al suelo. Maldije por lo bajo, iba a llamar a alguien pero era mi oportunidad de hacerlo yo sola. Pero cuanto mas me acercaba a la libreta mas rápido perdía el equilibro, haciendo que cayera al suelo. Me quede acostada en el, era muy lindo estar acostada aquí, pero quería volver a mi silla. ¿Pero como? Quería arreglarmelas yo sola, y así lo intente. Pero cuando estaba acercando la silla escuche un ladrido, mire a mis alrededores para ver de donde provenían, y a lo lejos vi a un perro de r**a pastor alemán, grande, se notaba que estaba bien cuidado. Creí que era agresivo así que me asuste, pero el perro solo se sentó al frente mio y después se acostó, yo acaricie su cabeza. Mire que tenia una placa y la leí — Que lindo, ¿Veamos como te llamas? — Leí la placa y decía — Guardián, propiedad de Valentina Velazquez — Era el perro que me regalo Melody el día de mi cumpleaños, sonríe de felicidad Francisco se quedo con el después de todo. Jugué con el por algunos minutos, hasta que sonó un trueno y la lluvia dijo presente. La casa estaba a dos cuadras por decirlo así, no me escucharían, las caballerizas estaban a dos más y parecía otra casa, así que tampoco me escucharían, las casas de los empleados estaban a dos o tres cuadras de diferencia, no sabría como explicar la impotencia que sentí en ese momento. Guardián empezó a ladrar, corrió hasta las caballerizas mientras no para de ladrar. Genial, ahora me dejó sola, resguarde mi cuaderno envolviendo en la cobija que tapaba mi piernas. Cuando estuve a punto de resignarme a pasar toda la tormenta ahí, escuche nuevamente los ladridos, mire hacia donde se escuchaban y vi como corrían detrás de él Antonio y su padre. Antonio se quito su chaqueta mientras corría, y me la coloco sobre mis hombros para que dejara de temblar. Luego su padre me tomó en brazos y corrió hasta la casa seguido del perro y Antonio con la silla de ruedas y la cobija. Sentí mas frío de lo que sentía hace unos segundos, me empecé a sentir mal y escuche decir al capataz — Guardián, corre a avisarle a los patrones — Él perro que pareció entenderle se adelanto y empezó otra vez con sus ladridos. Para mi, todo se volvió n***o, abrí los ojos y estaba sentada en el banco de un jardín. Era muy lindo, había una fuente en medio, flores al rededor de color amarillo. Arboles altos, grandes y viejos eran los único que me hacían compañía. Sentí la necesidad de levantarme y lo hice, camine hasta ver la fuente, oler las flores. En ese momento me di cuenta, estaba caminando, y empecé a correr al rededor de los arboles sin alejarme mucho de la fuente, había olvidado lo que era sentirse libre, muy libre, hacer lo que quieras por tu propia cuenta. Un destello de luz me cegó por algunos segundos. Luego cuando pude ver bien, vi a mi mamá, corrí a abrazarla con tantas fuerzas. Ella solo dijo: — Para que culpar el reloj encadenado al pedestal del rencor, cuando puedes seguir construyéndola después del temblor —Fruncí el ceño. No comprendí a que se refería, cuando iba a decirle una palabra, mi nariz se impregno de un aroma fuerte, era de alcohol, pestañe y cuando abrí mis ojos estaba en mi habitación, todos a mi al rededor, incluyendo al perro. Respire profundo, ahora solo podía sentir mis piernas en sueños al parecer, o solo en los que aparecía mamá. — Aquí esta el doctor — Escuche la voz de Francisco, y no puedo evitar sonreír. — ¿Fran? — Dije aun con la sonrisa en el rostro. — Valentina — Se abrió paso y me abrazo — Tremendo susto nos pegaste — Beso mi cabello mojado. — Bien, ¿Podrían darme permiso — Pregunto el papá de Felipe el señor Felipo Garcia, mi medico — Claro — Respondió mi hermano alejándose un poco — Bueno, todos afuera — Ordeno — Necesita revisarla. — Fran, Claire ustedes no, por favor — Ellos no salieron tal y como se los pedí, después de hablar con el señor Felipo de como había caído de la silla de rueda, luego la lluvia y del perro, empecé a estornudar. Me miro extraño por algunos segundos y me examino literal de pies a cabeza. Aviso que posiblemente tendría un resfriado y que era preferible que no me serenara ni con el frío de la noche, ni de la mañana, por lo tanto los próximos dos días no abría escuela para mí. En la noche comí en mi habitación, pero no me sentí sola, Francisco y Damian me acompañaron y claro Guardián también, adoraba este perro como nunca, pero no lo había visto desde que llegue solo hasta hace unas horas. — Damian por favor come — Ordenó por tercera vez Francisco ya que el pequeño solo jugaba con la comida — ¿Y tu de que te ríes enana? — Dijo cuando escucho mi risa. — Oh no, nada — Soltamos sonoras carcajadas a la que se nos unió nuestro hermano mas pequeño. — Bueno, disculpen que los interrumpa — Entro Claire en la habitación — Pero esta cena romántica se esta tardando y debo acostar a Damian — Francisco y yo nos miramos y volvimos a reír. — Puedes ir a bañarlo, mira como esta — Fran volteó al pequeño de cabellera castaña para que lo viera y su rostro de horror no fue normal. — Santos cielos, vamos Damian — Lo tomo en brazos y se lo llevo. Platicamos por largos minutos, Maria vino para llevarse los platos, la casa de pronto se volvió mas silenciosa, era evidente que estaban durmiendo, Darxy tuvo que mudarse esta noche a la habitación de huéspedes, pues cabe destacar que mi hermano mayor y yo no parábamos de hablar. Por un momento un silencio se hizo presente, pero no era incomodo, o bueno para mi no lo era, pero en ese silencio decidí preguntar muchas cosas que en mi mente no estaban claras. — ¿Fran, buscaste a papá? — Escuche un suspiro de su parte. — Sabia que lo preguntarías — Me ayudo acostarme de medio lado mirando a él, después el se acostó mirándome. — ¿Lo buscaste? — Volví a preguntar. — Si — Fue lo único que respondió. — ¿Lo encontraste? — Hice otra pregunta, él bufo y dijo: — ¿Si no te doy buena información, no dejaras de preguntar verdad? — Yo afirme con mi cabeza — Bien, si lo encontré, esta en la frontera, es el castigo por beber con uniforme — — ¿Cuanto tiempo? — Mi hermano me miro con sus ojos color esmeralda. — El tiempo suficiente para evitar que se te acerque — Lo mire a los ojos y sabiendo que iba a preguntar otra cosa dijo — Estará por allá cuatro — Fruncí el ceño y pregunte: — ¿Meses? — El negó con su cabeza para luego decir. — Años — Mi padre estaría cuatro años en frontera, en esos cuatro años cualquier cosa podría pasar, incluso alguien de la guerrilla podría vengar tanto dolor y sufrimiento que el causo. Con ayuda de Fran me acosté mirando al otro lado, el con sus dedos peino mi cabellera, haciendo que lentamente cerrara mis ojos para entrar en un sueño profundo.
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