Capítulo 8. Quinceañera

1464 Words
12 de febrero del año 1994, la casa se prepara para recibir una fiesta donde los únicos invitados a parte de la familia, son los trabajadores. No me quise levantar de la cama, bueno tampoco me era posible sola, esto era tan sutilmente triste para mi. Días anteriores abrí el baúl de madera oscura que permanecía con llave desde hace años atrás. No sabía que vestido ponerme así que decidi abrir el baúl y ver uno de mi madre. La quiero sentir lo mas cerca posible mio, y una buena manera era colocarme uno de sus vestidos, claro que arreglaría mi nana para mi. Encontré uno de un color blanco. Era largo, estilo princesa, tenia una cinta azul oscura a la cintura, los hombros tenia una tela ancha, los brazos tenia encaje, e incluso hasta el cuello. Con ayuda de mi nana decidí quitar el encaje del cuello, y quitar las hombreras estilo disney por unas mas sutiles, deje el encaje de los brazos pues me gustaba, el largo del vestido se quito por la parte de adelante, pues quedo estilo falda hasta un poco mas arriba de mis rodillas, y atrás quedo una cola del mismo largo original. Claire y Darxy eran las que sentían mas emoción por mi. Al principio habían comprado un montón de cosas color rosa, era aburrido y triste para mi en todos los sentidos ese color, así que me negué a usarlo. Por una discusión que tuvieron Claire y Francisco se decidió que ese color seria de los quinceaños de Darxy, por suerte pude elegir los colores blancos y negros. El blanco era puro y elegante, el n***o era fúnebre pero también elegante. Después de que las dos mujeres encantadora de fiestas prepararan la casa con los colores que decidí, aunque fuera Rezongando, subieron para prepararme. Mi nana dijo que para que tuviera suerte debía bañarme con flores de jazmín, lavar mi cabello con sávila para que estuviera brillante. Fui maquillada de colores pasteles que hiciera juego con mi vestido, un moño estilo bailarina decorado con una linda cinta azul oscura que tenia una decoración plateada. Efectivamente mi cabello se veía brillante, Francisco entro en la habitación y me tendió una caja de regalo, abrí con cuidado y observen una corona con una corazón en ella, siguiendo los patrones después. El numero quince en medio del corazón y pequeñas piedras zafiro. — Es Hermosa — Dije tomándola en mis manos asombrada. — Mamá dejo en el testamento que esta corona pasaría a ser tuya el día que cumplieras quince — Sonreí ante la idea grandiosa. — Hasta después de su muerte esta presente en mi — Dije refiriéndome a los encuentros en sueños que tenia con ella. — Si, se encargo de dejarte la corona — Comprendí que el no entendió a que me refería, pero aun no le decía a nadie lo sucedido en sueños y no le diría a nadie aún — Maria, por favor que se vea grandiosa, las espero al final del pasillo — Mi nana tomo la corona y me la coloco. — Te ves hermosa mi niña Valentina — Beso mi mejilla — Vamos que te esperan — Pensé que bajaría las escaleras en brazo de mi hermano, pero en ves de esto, entro Antonio con algunas cosas raras en su mano, lo mire extraño por largos segundos, el llamo a Fran ellos se sentaron uno a cada lado de donde yo me encontraba sentada en la cama, no hablaban, no decían nada. ¿Acaso esto era un sueño? Me pellizque un poco para saber si soñaba y auch me dolió mucho. Las cosas raras empezaron a convertirse en zapatos, ¡Para mi! eran lo suficientemente altos para alcanzar mis rodillas incluso pasaron de ellas, pero aun no comprendo, esta madera forrada de cuero marrón con tornillos. Mi pierna derecha estaba conectada a la pierna izquierda de Fran, mi pierna izquierda estaba conectada a la derecha de Antonio. En un momento que ellos se levantaron sentí como si yo lo hiciera y no pude evitar agarrarme de ambos chicos. — ¿Que es esto? — Pregunte algo asustada, parecía brujería ante mis ojos. — Antonio y sus padres querían darte la oportunidad de sentir el caminar otra vez el día de tus quinceaños, inventando Antonio así estos zapatos — Mire Antonio y este me regalo una sonrisa. — Gracias — Le devolví la sonrisa. — ¿Lista? — Preguntaron ambos. — Lista — Afirmen junto a mi cabeza. Moviéndose de forma coordinada, sentía que caminaba, sonreía todo el tiempo, esta sin duda seria la mejor de las fiestas. Bajamos las escaleras, siempre me sostuve agarrada de ambos chicos, todos miraban con sorpresa la escena que veían ante sus ojos. Luego me senté en el sofá grande que se suponía era mi trono. Antonio aun con su zapato de madera soltó el enlace que mantenían él y el mio, teniendo miedo de que hasta aquí llegara mi experiencia me di cuenta de que Fran se estaba colocando otro, cuando alce la vista todos estaban colocándose un par de estos extraños zapatos. Francisco con ayuda de Antonio me levanto y me sostuvo de frente a frente mientras el señor Sinforiano ajustaba nuestros zapatos. Luego Fran me agarro en posición de baile, y sentí esa hermosa sensación de bailar el vals, mi cabeza fue a parar en su pecho. Era lo que soñaba, y ahora era posible. Después de algunos minutos largos para mi, y que realmente agradecí. Fran me tomo de la misma postura con la que me levanto al principio, él señor Sinforiano hizo presencia de nuevo, pero esta vez con ayuda de Antonio, velozmente en un abrir y cerrar de ojos estaba en los brazos de Antonio, podía sentir su respiración y él la mía. Nuestros zapatos fueron ajustados y el me tomo de una manera adecuada para el baile, pero pegandome más a su cuerpo. Adore este momento, es extraña esta sensación que siento cuando estoy con Antonio, copiando la misma postura que hice con mi hermano, mi cabeza paro en el pecho de Antonio. Entre risas pasamos ese agradable momento. — ¿No piensas dormirte verdad?, la idea es que disfrutes, no que te duermas — Soltamos una pequeña risa. — Bueno señor Antonio, he de admitir que me estoy durmiendo — simule que bostezaba. — Ey — Antonio sopló mi rostro. — ¡Oye! — exclamé — La verdad no me duermo, solo disfruto el momento. En serio gracias — él besó mi frente. — Por ti lo que fuera Princesa — — Gracias mi Principe — Iba a besar su mejilla pero él se movió un poco y bese la mitad de sus labios. Nos quedamos mirando por segundos. — Hmm Hmm — Escuche que alguien se aclaro la garganta, cuando Antonio y yo volteamos a ver, nos encontramos con Felipe — Puedo bailar o te la pretendes acaparar — El ambiente entre ellos dos se tenso de inmediato y no comprendía por que, sus miradas se habían vuelto pesadas. — No es lo que pretendo, claro que puedes bailar con ella — Lo mire con una sonrisa ante su respuesta, pues se comporto de una manera adecuada para evitar que mi fiesta se volviera una catástrofe — Me debes otro baile princesa — Beso mi mejilla. El mismo procedimiento que hicieron en el primer cambio, lo hicieron en este momento. Cuando empecé a bailar con Felipe también me pego mas a su cuerpo, pero yo le pedí que no lo hiciera, no lo tomo bien pues su actitud cambio. — Por favor, no me agarres así — Le pedí y el me dejo en la postura anterior. — ¿Como es que Antonio lo tiene permitido, y yo no? — Lo observe enojada. — Antonio hizo esto para mi — Su mirada me dio un poco de miedo. — ¿Te gusta? — Pregunto. — No, pero es mi mejor amigo, al igual que tu — Las posibilidades de que no lo tomara bien son altas, mucho diría yo. A pesar de que tenia en mente que esta fiesta seria una tortura no lo fue, gracias al invento de Antonio y su padre. Todos los presentes me regalaron algo, una pulsera, collar, zarcillos. Una de las encargadas de la limpieza me regalo una camisa muy hermosa para días de invierno, otra un suéter. Mi parte favorita de esta fiesta, sin duda alguna. Fueron los mariachis, un regalo de Claire, Fran, Darxy y del pequeño Damian. Esta era mi nueva familia, la que estaba conmigo en las buenas, en las malas y hasta en las peores. Cada m*****o posiblemente este mas loco que el anterior, o sea mas gracioso o gruñón. Pero somos seres humanos y somos distintos.
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