Capítulo 4. ¿Que le pasa a mis piernas?

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Habían pasado los meses y años rápidamente, sin darme cuenta ya tenia catorce años y estaba próxima de cumplir quince, por un cambio en la escuela ahora compartíamos habitación con Elizabeth Pausini, una chica Italiana de la misma edad de mis compañeras de cuartos. Con la que nos llevábamos mejor que Cleo, ella aun refunfuña cuando hacemos ruido en las noches. Pero era inevitable, mas cuando se corrían rumores de que cerrarían el internado. Nuestro uniforme ahora era camisa blanca manga larga, un vestido escolar color n***o, medias hasta la rodilla blancas y zapatos negros. Siempre andábamos bien peinadas y perfumadas, era lo que nos enseñaban. Los rumores empezaron a hacerse realidad, íbamos a volver a nuestro país, por un lado estaba triste ya que algunas niñas incluyendo Cleo y Elizabeth serian trasladadas al internado en Inglaterra. Pero por el otro estaba feliz, vería a mis hermanos, a mi cuñada, a Melody y Maria, e incluso a mi padre que desde que llegue aquí no se a encargado de enviarme una carta, pero aun así mi noble corazón lo quiere. Darxy resulto también ser de Mérida, Venezuela, y pueden creerlo, va al mismo pueblo que yo, Tovar ya que mi padre no respondió las cartas contactaron a mi hermano y avisaron que llegaría pronto. Las horas pasaban lentas, muchas se despedían, incluso Cleo Andrews se despidió con lágrimas en sus ojos grises, aunque era muy mandona y demandante le habíamos tomado cariño, y por fin el nueve de Diciembre Darxy y yo nos encontrábamos camino a Venezuela. Esta vez me encontraba viajando en avión. Las chicas y yo quedamos en escribirnos cada vez que se pudiera y nos mantendríamos al tanto de todo lo que pasaba en nuestras vidas. Llegamos al aeropuerto de Caracas exactamente a las diez de la noche. Un auto nos esperaba, vi que era mi papá, corrí a abrazarlo pero este se negó, iba con su uniforme, y solo recordaba las palabras del día del entierro de mi madre, se ofreció a llevar a mi amiga, ella acepto debido que el bus llegaría por ella muy tarde y como papá había aceptado llevarme con mi hermano un tiempo, teníamos exactamente el mismo destino. En una parada a mitad de la madrugada, nos detuvimos para comer, cambiarnos, estirar las pierna y continuar, pero nuestro chofer bebió esa noche con quien en ese momento aun era mi papá. A las tres y media de la mañana, cuando estábamos en una de las curvas para llegar a Tovar, el chofer se quedó dormido. Y el auto choco con un bus con pasajeros, vi como giraba el auto, Darxy y yo tomadas de las manos gritabamos, de un momento a otro todo se volvió oscuro, solo sentía dolor en mi columna, en mis piernas, escuchaba a lo lejos las voces de algunas personas que vieron el accidente, vivían en esas casas a orillas del barranco que dios gracia no caímos. De repente desperté en el mismo lugar, y mi mamá me ayudo a salir. Si, mi mamá, la abrace con tanta fuerza podía. — Mami, estas viva, ¿Donde estuviste todo este tiempo? — Ella no hablaba, solo peinaba mi cabello y acariciaba mis mejillas como lo hacia años atrás — ¿A donde vamos? — Pregunte una vez me tomo de la mano y comenzamos a caminar hasta una luz — Mamita — Note que todo estaba echo desastre, mire el auto volcado y vi mi cuerpo estático, quieto, sin respiración, ahora comprendía porque ella no respondía, esto no era real — No puedo irme — — No te gustara la manera en la que vivirás de ahora en adelante — Fue lo único que dijo y extendió sus manos para que yo siguiera caminando a su lado. — ¿Porque no? — Pregunté asustada. — Decide, vienes conmigo, o vives una vida infeliz por largo tiempo — No comprendía porque decía esto. — Valentina, hermanita, te queremos, despierta — Se escuchaba los sollozos de mi hermano Francisco. — Amiga, ya ha pasado mucho tiempo, eres mi mejor amiga, mi hermana, despierta — Esta vez escuche la voz de Darxy. — Vamos linda, despierta — Claire, conocía su voz aunque no la escuchara por tanto tiempo. Giraba buscando de donde provenían las voces. — ¿Que has decidido hijita? — Dijo esta vez mi mamá, con los brazos aun extendidos. — Ellos me necesitan — Dije con lágrimas en mis ojos. Corrí de nuevo el auto, y como por arte de magia, me coloque en la mismo posición en la que se encontraba mi cuerpo. Desperté sin saber como había llegado hasta ahí, no recuerdo nada, ni siquiera quien soy. Miraba desconsolada el lugar de donde me encontraba para intentar saber donde estaba. Vi que la puerta se abrió, y una persona masculino, alto, me abrazo. Después mas personas que no comprendían quienes eran. Yo solo rechazaba los afectos que me daban. Otro hombre con bata blanca, estetoscopio en su cuello entro después de que una chica de cabello rubio lo llamo. — Hola, ¿Como te llamas? — Pregunto el medico. — No lo se — Respondí un poco confundida y todas las personas que se encontraban en mi habitación de hospital se abrazaban. — ¿Donde estas? — Pregunto una vez más. — Supongo un hospital — No sentía mi cuerpo y esto me alarmó — ¿Porque no siento nada? — — Es natural, has dormido mucho bella durmiente — Yo solo reí, y recordé un cuento infantil llamado así. — ¿Que tanto tiempo? — Suspire. — 1 mes — Mis ojos se abrieron lo mas que se podía — Poco a poco recuperarás la memoria, si hubieras permanecido mas tiempo el daño seria mas grave, pero es mejor que la recuperes por si sola — Miro a las personas. — Pero doctor — Dijo la única figura masculina en la sala a parte del doctor. — Francisco, sera lo mejor — ¿Francisco? Y recordé muchas cosas con ese nombre. — Francisco, Fran — Dije sin darme cuenta. — Si pequeña, soy yo — Dijo mi hermano, si era mi hermano. — La recuperación sera fácil — Sonrió el medico y salio. Durante el tiempo en el hospital de una semana después de mi despertar, recupere memoria de algunas cosas, e incluso mis articulaciones, pero para mi mala suerte no de todas. El ultimo día ya movía mis brazos y podía sentarme, cuando fueron a revisar mis pies estos no respondieron. — ¿Sientes algo Valentina? — Pregunto el doctor Garcia. — No — Me empezaba a asustar, dos días después de que desperté ya movía todo menos mis piernas — ¿Que me pasa? — Pregunte esta vez yo. — Doctor Garcia, aquí están los resultados de los análisis de la paciente — Dijo una enfermera que entro sin darnos cuenta y le entrego unos papeles dentro de un sobre amarillo. — ¿Que le pasa a mi hermana? — Dijo mi hermano mientras tomaba mi mano. — Lamento decirte, que el accidente provocó un daño muy grave en la columna de Valentina, y por lo tanto — El suspiro, como si le fuera difícil dejar salir las palabras. — Yo que — Grite desesperada. — Valentina, no podrás volver a caminar — Llore desconsolada. Ahora mi vida pasaría a ser miserable, no correría, no saltaría, no bailaría, nada seria igual. Y de momento a otro recordé el sueño que tuve con mamá, ella había pronosticado que no me gustaría como viviría y no hice caso, en ese momento desee haberme muerto, pero yo no era la culpable, era mi propio padre que puso mi vida en riesgo, incluso el maldito chofer que no le importó el bienestar de dos chicas menores de 15 años. Desde ese momento jure odiar a mi padre y en el momento que mis piernas murieron el también lo hizo, de Ahora en adelante era huérfana de madre y padre.
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