Cuando el sol ya lleva varias horas iluminando el día, Piero sale del gimnasio más despejado y secándose el sudor que le corre por el rostro. César va a su lado y lo mira con molestia. —Sigues siendo el mismo duro de siempre, no hay quien te gane cuando te pones esos guantes. —Y sin ellos también, no te olvides que soy el abogado más implacable —se quita las vendas y César se ríe. —Pero hay algo en lo que no has ganado y es en ser un hombre normal en una relación de pareja. —Tú búrlate, ya te quiero ver cuando te llegue doña bruja y te someta —César abre los ojos asustado, se lanza a la pared y comienza a sobarse en ella. —¡¡TOCO MADERA!! El día que me llegue esa mujer, prefiero lanzarme de la torre más alta, a los hombres de la familia les toca sufrir mucho y a los Russo como que las

