Tras ponerse de acuerdo con Lara, Piero llega a las siete de la mañana y se estaciona afuera de la casa, más o menos a esa hora Petra se despierta, aunque no se levanta de inmediato. César se frota las manos como si tuviera frío, pero en realidad no siente nada. Dentro del auto está templado y afuera la mañana está generosa. —¿Crees que hoy quiera verte? —Lo dudo, pero no importa, quiero que sepa que estoy aquí. —¿Y si te corre? —Puede correrme de su propiedad, pero no fuera de ella… —Creo que estoy empezando a admirarte —le dice César algo divertido. Piero lo mira y ve que está hablando en serio—. Ni siquiera con la facultad te vi tan animado como ahora. En realidad, nunca te vi tan motivado con nada en la vida, siempre fuiste bueno para todo y cualquier cosa que te proponías, chasq

