Petra se queda prendada de los ojos de Piero, la intensidad de su sinceridad es imposible pasarla por alto y al ver que él ni siquiera parpadea con aquella confesión, se convence aún más de que aquello es cierto. —Piero, yo… —Petra intenta hablar, pero él la detiene y le coloca un dedo sobre los labios. —No tienes que responderme igual, ni tampoco decir nada si no quieres. Soy yo quien está confesando sus sentimientos y eso no te obliga a ti a responder de la misma manera. —¿Y cómo se supone que yo deba quedarme callada frente a esa declaración? No puedes pretender decirme algo como eso y que yo no responda nada. —Tienes razón… Había olvidado que tú eres la niña respondona —ella va a protestar porque acaba de llamarla niña, pero él la besa fugazmente y le dice muy cerca de sus labios—.

