Cara abre muchísimo los ojos luego de ver el golpe que su marido le ha dado. No sabe si besarlo porque se ve tan varonil e imponente como cuando lo conoció o si darle un tirón de orejas por lo que acaba de hacer. Se acerca rápidamente a Piero para ver cómo está. Aunque no ha caído al piso, sí le ha volteado el rostro y cuando queda frente a él solo ve una risa casi de satisfacción en el rostro del hombre. —¿Estás drogado? —Le pregunta ella preocupada y Pietro frunce el ceño—. ¡Este condenado mocoso se está riendo! —¡¿Acaso te parece una broma el golpe que te di?! ¡¿Quieres que te dé otro para que se te borre esa sonrisa?! —¡No, por favor, no! No creo que se vea muy bonito que en las fotos de nuestra boda yo aparezca con el rostro todo amoratado. ¿Qué se supone que le vamos a decir a mi

