Me debo estar volviendo loco. ¿Esta insignificante humana es mi pareja? Yo, que he depreciado a lobas de la realeza y he mantenido un harén de lobas jóvenes, ¿tengo que atarme a una simple mortal?
– Por supuesto que sí. – Duar grita enfadado y pretende tomar el control de mi cuerpo. – Seguro que yo soy capaz de tratar mejor a nuestra compañera que tú.
Miro fijamente a Patricia y a pesar de ser humana parece fuerte. – Bien, vale, cálmate lobo, tienes razón. La hemos esperado durante mucho tiempo. – Mis palabras calman a Duar y puedo controlar mi cuerpo totalmente para levantarme y acercarme a ella. Parece tener un poco de miedo, pero se mantiene en píe, con la cabeza gacha. Intento saber que piensa, pero no puedo encontrar ninguna pista de cómo se siente así que me decido a enfrentar la situación.
- ¿Tienes alguna pregunta que hacer? – No me he dado cuenta de suavizar mi tono, acostumbrado a ser el autoritario Alfa a quien todos temen no he tenido la delicadeza de bajar mi tono y Patricia encorva la espalda y da un paso hacia atrás, alejándose de mí. Mi instinto me dice que lance mi mano en su busca, pero me arrepiento en el mismo segundo que lo hago y la bajo, no debo asustarla más.
- ¿Me vas a hacer algún daño? ¿Voy a morir? – Sus palabras son un rayo que atraviesa mi corazón y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Abro mis brazos y la lanzo contra mi pecho, cubriendo todo su cuerpo con mis fuertes brazos.
– Ni yo, ni nadie te hará daño mientras pueda evitarlo. – Noto su cuerpo temblar entre mis brazos y su olor me embriaga. Siento el calor crecer dentro de mí y se que esto puede hacer subir tanto mi temperatura que nos pondría en una posición peligrosa, así que aflojo mi agarre y simplemente la mantengo cerca. - ¿Esa es tu única pregunta? – Niega con la cabeza y, por primerea vez desde que la conozco, noto una actitud infantil por su parte, lo que hace que no pueda evitar sonreír. – Bien, ahora que saber que no te voy ha hacer ningún daño, ¿que quieres saber?
- ¿Puedo irme ya a casa? – Esa pregunta no me la esperaba. Ella parece tranquila ahora, al contrarío que yo, que me lleno de ira por que ella quiera alejarse ya de mí. – No. Tu casa, a partir de ahora, es mi manada. Cuando te hayas adaptado te dejaré ver a tu familia y amigos, mientras tanto, estarás vigilada en mi casa. – Suelto mi abrazo y Patricia se aleja, intentando protestar. – Salimos en unas horas así que quítate ese ridículo vestido y prepárate para viajar. Tony traerá tus cosas, mientras usa el albornoz del hotel. – La tomo del brazo y la arrastro hasta el baño. Se que no estoy haciendo las cosas de forma correcta, pero soy un Alfa, no estoy acostumbrado a que me lleven la contraría.
He estado al teléfono durante una hora. Tony puede arreglar gran parte de mis “destrozos”, pero algunas cosas debo ocuparme personalmente. Al colgar escucho aún la ducha abierta y los sollozos de Patri. Entro al baño, forzando la puerta y veo a Patricia sentada en el suelo de la ducha, bajo el agua, hecha una bola y llorando. No se ha dado cuenta que he entrado, puede que esté deshidratada o en shock. Paso mis brazos por debajo de sus rodillas y apoyando su espalda en mi pecho me siento en el baño. Tiro, con desesperación de la toalla que cuelga del toallero y se la pongo a Patricia por encima, pero no puedo evitar mirar su cuerpo y excitarme.
- ¿Estas bien? – Patricia no contesta. Sigue sollozando. Aparto el pelo de su cara y limpio sus lágrimas. Sus labios me incitan y no puedo evitar posar mis labios en los suyos. Al fin parece reaccionar, agarra la toalla y se la coloca, pero no me aparta, así que hago mi beso más profundo.