Patricia no contesta al teléfono de la habitación y los ruidos de la habitación contigua han parado. Siento que mi oportunidad de se ha perdido. Unos golpes secos en la puerta me devuelven a la realidad.
– Señor. – La voz de Tony me habla desde el otro lado. – Señor, ya he llegado. Si no está solo avise, sino, entraré. – Duar gruñe con frustración, pero yo respiro aliviado. Tony es un buen Beta y ya se ha acostumbrado a mi carácter, suele basta un par de palabras para que sepa lo que deseo, como ahora, que sin pedirlo está aquí. – Señor, parece que no ha comido en horas. – Deja su maleta a un lado y saca su móvil del bolsillo. Asiento y me recuesto en la cama. Ahora le dejaré los asuntos pesados a él.
Una buena ducha y la comida abundante es suficiente para mejorar mi humor. Tony tiene una habitación al final del pasillo y ha contactado con los lobos de esta zona. Es algo extraño y a lo que no estoy acostumbrado ver seres cambiaformas tan pequeños, pero no voy a quejarme, pues nos van a brindar su ayuda sin reservas. En la habitación contigua se sienten ruidos de nuevo. Afino mi escucha y puedo detectar, esta vez, a cuatro personas, pero siguiendo el consejo de mi Beta no haré nada, esperaré a mañana, a la boda. Confío en él, pero como esa boda se llegue a celebrar, su sufrimiento físico le hará desear la muerte.
Cae la noche y no puedo evitar verla, dejó salir a Duar y saltamos por el balcón en busca de nuestra compañera. El olfato nos lleva a los confines del complejo turístico, cerca de la playa, donde una montón de mujeres ruidosas beben, cantan y bailan en una especie de escenario. Nos sentamos cuando la localizamos. Está bella, con un vestido amarillo. Me alegra que los únicos hombres sean los camareros, que ni miran a las mujeres porque Duar podría matar a cualquiera que mirara el pronunciado escote del vestido de Patricia.
En mi cabeza Resuena la voz de Tony. – Señor, debe volver, tengo que explicarle el plan de mañana. – Duar, salivando y a regañadientes vuelve por el camino por el que ha llegado y de un salto me deja en el balcón de la habitación. Tony ya está allí y me tiende unos pantalones deportivos.
Hoy es el gran día. Tony llega, esperando verme dormido, pero ya estoy listo para salir. – Señor, he pedido desayuno al servicio de habitaciones. – Le lanzo una mirada asesina a Tony, pero le da igual, deja un traje sobre la cama y abre la puerta al servicio de habitaciones. – Debe cambiarse la ropa, será mejor que no levantemos sospechas.
El chofer me deja en la puerta de la finca y no tengo problema para entrar. Mi disfraz tiene una buena cuartada, el sacerdote que tenía que realizar la ceremonia tuvo un “accidente” así que soy su sustituto. Aquí se habla francés, es algo parecido al español, pero a veces no lo entiendo y tengo que hacer uso de mi voz de mando alfa en un par de ocasiones.
Me pone nervioso ver todo arreglado para la boda, la comida, la bebida y, sobre todo, los invitados. Debería haberla raptado, pero Tony insistió en no asustarla, así que estoy encomendando mi vida a su plan. La finca está llena y por fin, consigo distinguir el olor de Patricia entre todos estos mortales. Una mujer de traje me llega hasta el altar improvisado a un lado de la casa y me indica que espere. Es cuando veo llegar a Filip acompañado de uno de los hombres con los que ha pasado el rato estos días. Le arrancaría con gusto la cabeza, pero la música suena y un proyector tras de mi comienza a emitir imágenes de Patricia y de Filip desde que eran niños. Los invitados parecen conmoverse mientras Patricia avanza por el pasillo. Su vestido no es blanco, es un tono rosado con telas violetas vaporosas. Está increíblemente hermosa, tanto que tengo que aguantar un aullido de Duar con todas mis fuerzas. Por él la tomaría y marcaría aquí mismo, en este instante. Tony, que desde detrás de las sillas que forman el pasillo me habla, me devuelve a la realidad: hay que parar esta boda. – Señor, comienza el espectáculo.
De repente las imágenes proyectadas tras de mi muestran la habitación de hotel de Filip y este deja de sonreír al darse la vuelta para comprobar porque todo el mundo se ha llevado las manos a la cabeza. Sus encuentros sexuales comienzan a aparecer en la pantalla y Patricia se para en mitad del pasillo. Mira a Filip y este trata de ir hacía ella, pero mi voz de mando le para.
– Patricia, ¿vienes conmigo? – Es el momento en que el tengo que poner a prueba el vínculo. Ella tiene que haberlo sentido, aunque sea humana. Esto es más fuerte de nosotros dos. - ¿Patricia? - Su falta de respuesta me pone nervioso. A la mierda, ella es mía. -Vámonos. – Ordeno, mientras mi voz alfa la ordena caminar junto a mí.