Una larga ducha pensando en que Benjamín esta bailando con esa idiota en la gala, mientras que yo estoy aquí, me hierve la sangre, provocando un agudo dolor de cabeza. Odio que mis sentimientos vayan en contra de mi voluntad, y que no pueda disimularlo. Mi cuerpo me está reclamando por no hacer nada, mientras me muero por abofetear a ese hijo de perra, traerlo por las orejas hasta aquí, dejándole en claro que me pertenece. No. Él es libre de hacer lo que le plazca, yo también, y así todos felices. No me puedo permitir sentir algo por Ben. Mi pelea mental se ve interrumpida por mi instinto de supervivencia, alertándome que dentro de mi habitación hay un intruso. Es un mal momento para llevar solo un albornoz, sin embargo, logro alcanzar mi arma y apuntarle en la cabeza a la gran silueta

