Desde el punto de vista de Arturo Me encontraba en la oficina, revisando una interminable pila de informes y contratos, cuando mi secretaria apareció frente al escritorio con su habitual eficiencia. —Señor Arturo, le recuerdo que esta noche es la gala benéfica para el hospital infantil oncológico. Levanté la vista apenas unos segundos y fruncí el ceño. Maldición. Lo había olvidado por completo. Solté un suspiro cansado y me masajeé el puente de la nariz. Entre reuniones, llamadas y decisiones importantes, los días comenzaban a mezclarse unos con otros hasta convertirse en una rutina agotadora. Sin perder tiempo, tomé el teléfono y marqué el número de Addison. Contestó después de un par de tonos. —¿Hola…? —Estate lista para las ocho. Tenemos que asistir a una gala benéfica esta noche

