Desde el punto de vista de Arturo Contra todo pronóstico antes de ir a ver a Ashley, mis pasos me llevaron de nuevo hacia la recepción. El aire del vestíbulo estaba impregnado de un silencio extraño, como si todo el edificio respirara con cautela. Cuando vi a la recepcionista, me acerqué con calma fingida, aunque por dentro el corazón me golpeaba con fuerza. —Buenas tardes —dije, apoyando las manos sobre el mostrador—. Quisiera saber si es posible ingresar al ala de psiquiatría. La mujer levantó la vista de unos papeles y me observó con una sonrisa profesional. —Lo siento, señor —respondió con tono amable pero firme—. El acceso está restringido. Solo los familiares directos de los pacientes pueden entrar, y únicamente una vez por semana. Fruncí el ceño, fingiendo sorpresa. —¿Una v

