Desde el punto de vista de Arturo El silencio se instaló entre nosotros con una fuerza casi tangible. Aún podía sentir la respiración agitada de Addison cerca de mí, pero dentro de mí cabeza solo existía un ruido ensordecedor: el eco de recuerdos que jamás habían dejado de perseguirme. Giré poco a poco el rostro hacia ella. Su cabello oscuro estaba desordenado sobre la almohada, formando un contraste perfecto con las sábanas blancas. Sus mejillas conservaban un ligero rubor y sus labios permanecían entreabiertos, como si todavía intentara recuperar el aliento. Era hermosa. Demasiado hermosa, tan hermosa que dolía. Y precisamente por eso resultaba insoportable. Porque cada vez que la miraba, dos emociones por completo opuestas chocaban dentro de mí. La deseaba. Pero también la culpa

