Desde el punto de vista de Arturo Cuando llegué a casa, la encontré bajando las escaleras con el uniforme médico perfectamente acomodado sobre su figura. Su cabello aún estaba húmedo por la ducha. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y esa expresión serena que, sin que pudiera evitarlo, me hacía sentir algo peligrosamente parecido a la felicidad absoluta. Me quedé observándola durante unos segundos. Todavía me costaba creer que aquello fuera real. Que ella estuviera allí. Que me sonriera de esa manera. Que me amara. Y entonces comprendí algo que me dejó sin aliento. Nunca había mirado realmente a nadie como la miraba a ella. —Ya sé que te lo dije esta mañana —murmuré mientras me acercaba—, pero necesito repetirlo. Addison levantó la vista hacia mí con curiosidad. —¿Repetir qu

