Desde el punto de vista de Arturo Ya no escuchaba nada a mi alrededor. Ni la música ensordecedora del club, ni las risas dispersas, ni el tintinear de las copas y el murmullo constante de la multitud se habían convertido en un ruido lejano, distorsionado, irrelevante. Todo desapareció en el instante en que mis ojos se clavaron en Addison. Solo existía ella. Ella y solo ella… Cada paso que daba entre la multitud era una declaración silenciosa. Una advertencia. No permitiría que ningún hombre volviera a acercarse demasiado. No mientras yo estuviera allí. No mientras ella sea mi esposa, y que me parta un rayo si es que ella pensaba que en algún momento este matrimonio iba a terminar Sentía el cuerpo entero tenso, cargado de una energía feroz que apenas podía controlar. La sangre me hervía

