Desde el punto de vista de Addison El calor que irradiaba Arturo era imposible de ignorar. Se sentía denso, envolvente, casi tangible, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto más pesado desde que cerró la puerta tras nosotros. Cada roce de sus manos sobre mi piel provocaba una corriente eléctrica que ascendía por mi cuerpo y terminaba instalándose en mi pecho, donde mi corazón latía con una fuerza descontrolada. Sus ojos permanecían clavados en mí con una intensidad que me dejaba sin aliento. Había algo peligroso en aquella mirada, algo que me hacía querer retroceder y acercarme al mismo tiempo. Era una contradicción constante desde que Arturo había vuelto en mi vida. —Dime que me deseas —murmuró junto a mi oído. Su voz grave atravesó todas mis defensas. Lo observé con desa

