Desde el punto de vista de Addison Faltaban apenas unos minutos para terminar mi turno y, por primera vez desde que comencé a trabajar en el hospital, no tenía ganas de regresar a casa. Durante toda la mañana intenté convencerme de que la discusión con Arturo había quedado atrás, pero cada vez que mi mente se quedaba en silencio, el recuerdo volvía inevitablemente. Sobre todo el desayuno. Cuando bajé aquella mañana, la mesa estaba preparada para una sola persona. Había sentido un vacío difícil de explicar. Siempre desayunábamos juntos cuando nuestros horarios lo permitían. Era un momento sencillo, pero se había convertido en una costumbre que ambos disfrutábamos. Aquella mañana no fue así. La cocinera se acercó con una expresión apenada. —Señora, el señor Arturo salió muy temprano

