Desde el punto de vista de Addison El murmullo constante de la pequeña recepción me envolvía como una niebla sofocante. Las conversaciones, las risas discretas y el suave tintinear de las copas parecían mezclarse en un único sonido lejano que me perseguía por todo el salón. Sentía que cada susurro escondía un juicio silencioso sobre mí, sobre el matrimonio que acababa de firmar y sobre la expresión vacía que seguramente no lograba ocultar del todo. Aunque Arturo había insistido en mantener la ceremonia sencilla y privada, algunos rostros conocidos estaban presentes. Rostros que me importaban demasiado. Rostros capaces de ver más allá de mi sonrisa forzada. Y entre todos ellos, había dos personas cuya presencia me pesaba especialmente en el corazón: Nahuel y Gloria. Desde nuestros años

