Desde el punto de vista de Arturo El mes había transcurrido con una rapidez casi absurda. A veces todavía me sorprendía entrar al edificio y recordar que mi empresa de informática al fin se había trasladado al mismo lugar donde operaba la empresa Ferreira. Después de años moviéndome entre oficinas, reuniones y trayectos interminables, aquella nueva dinámica tenía algo peligrosamente cómodo. Todo estaba bajo control. O al menos eso quería creer. Ya no tenía que dividir mi tiempo entre dos sedes distintas, y eso me permitía enfocarme únicamente en las decisiones importantes: contratos, estrategias, expansiones, movimientos financieros. Antonio se encargaba de la administración general, mientras Emmanuel supervisaba los sistemas de seguridad con esa obsesión enfermiza que solo él podía co

