Desde el punto de vista de Addison La puerta principal se cerró lentamente detrás de Gloria y Nahuel. El silencio cayó sobre la casa de una forma casi incómoda. Hacía apenas unos segundos el comedor estaba lleno de risas, anécdotas y conversaciones cruzadas. Ahora solo quedaban algunas copas vacías, el aroma del café recién servido y la sensación de que algo se había roto sin que ninguno de los dos hubiera querido admitirlo. Me giré hacia Arturo con una sonrisa cansada. —Creo que la cena fue un éxito. Esperaba que él sonriera. Que hiciera algún comentario sobre Emmanuel o Antonio. Que se burlara de alguna de las historias que Nahuel había contado. Pero no ocurrió. Él permanecía inmóvil, con las manos en los bolsillos y la mandíbula completamente tensa. Sentí un pequeño nudo en e

