Desde el punto de vista de Arturo La puerta principal se cerró detrás de mí con un sonido apenas perceptible. El aire frío de la noche golpeó mi rostro apenas descendí los escalones de la entrada. Necesitaba salir. Necesitaba respirar. Porque si permanecía un minuto más dentro de aquella casa, iba a terminar diciendo cosas que ni siquiera pensaba. Caminé sin rumbo por el jardín, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. La brisa movía suavemente los árboles, pero ni siquiera aquel silencio conseguía calmar el ruido que tenía dentro de la cabeza. —¿Qué demonios acabas de hacer...? —me pregunté en voz baja. Cerré los ojos durante unos segundos. Volví a recordar la discusión. La expresión de Addison cuando le pedí que se alejara de Nahuel. La incredulidad en su rostro.

