CAPÍTULO 3.

1994 Words
Me desperté por un halo de luz que se estaba reposando en mi rostro. Esto de dormir frente a un ventanal puede llegar a ser molesto por las mañanas, aunque claro, solo llevo un día aquí y ya parece que me queje de la buena estancia que me han dado. Me levanté de la cama buscando un reloj o algo que me indicase la hora que era, ya que mi móvil se había quedado en algún lugar del aparcamiento esa noche. Bajé las escaleras bajo el silencio que estaba asentándose sobre esa casa y me percaté de que justo delante de mí en el salón había un reloj de pie gigante que marcaba las dos y media de la tarde. Me había sorprendido bastante por haber dormido tanto, pero después de todo lo ocurrido no me extrañaba. Fui en dirección a la cocina para comer algo, mis tripas empezaban a revolverse furiosas por falta de comida. Abrí el frigorífico y saqué un zumo de naranja que había sin abrir y unos bocatas de mortadela que parecían preparados específicamente para mí. Me fui a sentar en el salón para comer. Hasta ahora no me había dado tiempo a apreciar lo rústico de esta casa por dentro. Incluso los muebles de tapiz antiguo le daban un aire vintage a la casa. La gran chimenea del medio del salón estaba adornada con unas fotos familiares al parecer, donde Dalia iba creciendo progresivamente en cada una, pero Sephora y Patrick seguían estando igual. Si era cierto que vivíamos en un mundo sobrenatural, ¿cómo es que no me había enterado hasta ahora? Cazadores, vampiros, hombres lobo… a saber qué más hay. Me intrigaba oír historias fantásticas sobre sus vidas y cómo es que yo he llegado hasta aquí porque no creo que fuese pura coincidencia. Terminé mi comida y dejé todo limpio y en su sitio. Ya que tenía la casa para mi sola por al menos cuatro horas más, me vino la brillante idea de conocer cada rincón de esta casa. Sabía que la idea no era buena del todo, pero seguro acabaría encontrando algo que me daría más pistas sobre todo esto. Subí las escaleras y fui a mi habitación para empezar con la estantería de libros que tenía ahí. Seguramente haya un libro que hable sobre seres sobrenaturales y me haría entender mejor qué ocurre con los cazadores. Estuve ojeando los lomos de los libros para ver si alguno llamaba mi atención, pero todos parecían ser el mismo libro de pronto, lo que me confundía bastante. Decidí coger un libro al azar y sacarlo, pero este estaba encajado junto con los demás. En ese momento me percaté de que la fila entera de libros era en realidad una tapadera y que detrás del cartón habría algo más. Levanté el cartón como pude y debajo de este había una llave bastante grande. Me quedé pensando unos instantes en dónde podía encajar esto si las cerraduras de esta casa parecían modernas a pesar del amueblado. Entonces comprendí que debía buscar otra cosa que no fuera una puerta sino una caja o algo así. Bajé las escaleras de nuevo, esta vez con la llave en mi mano. Miré en el salón en busca de algún baúl o una caja, pero nada. Moví los sillones para ver si alguno contenía un cajón secreto, pero de nuevo, nada. Decidí subir arriba de nuevo e ir habitación por habitación para buscar algo donde meter esta llave. Empecé por la que seguía a la mía. No sabía a quién pertenecía, pero tenía cama individual. Busqué y busqué por diez minutos seguidos, pero nada. Seguí con la que estaba contigua a esta, siguiendo el baño. Esta era la más amplia hasta ahora, por lo que supuse que sería de una de las parejas. Abrí armarios y miré debajo de la cama, pero no encontré nada que pegase con la llave. Y así seguí con las otras dos habitaciones hasta que me di por vencida. Volví a bajar al salón pensando en que solo aquí se podía dejar algo así. Entonces me acordé de algo que mi madre me dijo una vez: Lo que buscas siempre estará delante de ti, aunque no lo veas. Cerré los ojos y dejé que mi mente se relaje por unos minutos para aclararme las ideas. Volví a mirar la hora para saber cuánto tiempo me quedaba antes de que atardeciera y ya eran las seis y media. Me sorprendí por lo rápido que corría el tiempo cuando andas ocupado. Miré el reloj de pie de nuevo, algo me decía que ese reloj no pegaba mucho con el color de barniz que había en las demás maderas del salón. Y entonces lo vi. En la parte superior del reloj, donde el marco rodeaba el borde, había una hendidura de llave. Me levanté de una del sillón y fui corriendo hacia el reloj mirando la llave que tenía en las manos. Estiré un brazo con la llave y esta encajó perfectamente cuando la metí. Mi corazón se aceleró como nunca. Giré la llave y de repente la parte frontal del reloj pareció desencajarse dos milímetros. Saqué la llave y me la guardé. Empecé a tirar de la parte que se desencajó y se quedó a la vista su interior. Aquí sí estaban los libros que yo buscaba. El interior del reloj tenía una estantería con unos seis libros, cada uno con el lomo más brillante que el anterior. Cogí el primero que encabezaba la fila con un bordado dorado y cerré de nuevo el reloj con la llave. Subí a mi habitación para leer en silencio y poder tener tiempo de acabarlo durante la noche, aunque ellos llegasen a casa en menos de una hora. Tenía claro que me leería todos y cada uno de esos libros para saber cada detalle. Encendí la lámpara de mi habitación y me senté en la cama con el libro en mis piernas. Estaba muy nerviosa por lo que podría estar escrito aquí dentro, además de que la tapa del libro me parecía tan antigua y delicada que me daba pánico romperlo en algún momento. Abrí el libro y lo primero que leí era una nota escrita con pluma que decía “rūpējies par sevi, mans mazdēls” y estaba firmado por Jane y Charlie Winchester. No me sonaba nada el idioma en el que estaba escrito esa frase y tampoco tenía nada a mano para comprobarlo ahora mismo, asique pasé la página para empezar a leer. Para mi sorpresa todo estaba escrito en ese idioma extraño que no entendía. Empecé a pasar páginas y páginas en busca de alguna frase en un idioma que pueda entender, pero nada. Empecé a exasperarme en ese momento, no me creía que fuera tan difícil averiguar algo en esta casa. Volví a bajar al salón con la llave y abrí de nuevo el reloj. Dejé este libro en su sitio y cogí el segundo para ver si cambiaba de idioma, pero nada. Lo único que cambiaba era la firma de la primera página, y lo sé porque comparé la frase con la del primer libro. Aquí ponía “rūpējies par savu, bet pāri visam”. Más frases que no entendía, me parecía estupendo. Los demás libros no cambiaban en nada, menos en la firma del principio. No le di más importancia a las frases porque no las entendía y tampoco me servía de mucho una firma, pero me percaté de que la firma del último libro era de la mujer de Patrick. Estaba firmado por Sephora y, además, el mensaje parecía muy largo… “Neļaujiet nevienam izslēgt jūsu gaismu, man jūs esat bijis daudz vairāk nekā mīlestība. Pat ja es zinu, ka jūs nejūtaties tik intensīvi kā es, es zinu, ka jūs mani mīlat”. Volví a dejar todos los libros en su sitio y cerré el reloj. Me fastidiaba bastante el hecho de no tener algo a mano que sea en un idioma más conocido, pero a la vez pensaba que si no estaba escrito en este idioma ya era una pista sobre lo que estaría pasando. Fui de nuevo a la cocina a por algo de agua o para ver si quedaba zumo de naranja natural en el frigorífico. Mientras buscaba en la nevera, oí como en la puerta trasera, la que daba con la cocina, alguien giraba la llave en la cerradura. La puerta se abrió de par en par y entraron Patrick, James, Beth y Carolina. Esperaba ver pasar a Sephora y a Dalia detrás, pero Carolina que fue la última en entrar cerró la puerta tras su entrada. Todos subieron arriba menos Carolina que entró en la cocina al verme ahí parada con la confusión en mi cara. -Veo que no te has ido –me sonrió con pena-. Sabía que te encontraríamos aquí, me alegra que cumplas tu palabra. -Era obvio que no me apetecía caerme a otro lago –intenté hacer una bromita con eso, pero Carolina no sonrió con la frase-. ¿Qué ha pasado para que estéis así? ¿Y Sephora y Dalia dónde están? -Por desgracia no volverán –se sirvió un vaso de agua-. No les preguntes a los demás nada sobre el tema, están muy tocados. -Pero no entiendo nada –me paré a pensar durante un momento, pero lo único que me venía a la mente era que les hubiera pasado algo. -Si no van a volver, ¿qué crees que les habrá pasado? –me miró seriamente. -Que han muerto –contesté sin miramientos, no me esperaba que esas palabras salieran de mi boca de forma tan repentina. -Bingo –salió de la cocina sin levantar la mirada de su vaso de agua que se llevaba con ella a no sé dónde. Me sentía fatal por haberlo dicho tan a la ligera como si no afectase a mi estancia en esta casa, pero no sabía qué decir. Llevaba aquí un día y medio y ya estaban pasando demasiadas cosas. Salí de la cocina y subí las escaleras para irme a mi habitación y quedarme allí para no incomodar. Al llegar delante de mi puerta oí la puerta de enfrente abrirse y vi a Patrick salir de ella. Su mirada y la mía conectaron por un momento suficientemente largo para darme cuenta del dolor en su mirada. No nos dirigimos ni una sola palabra, pero los ojos decían mucho más de lo que las palabras podían hacerlo en estos momentos. Siguió avanzando hacia el baño y yo entré en mi habitación viendo como la puerta del baño se cerraba con delicadeza. Cerré la puerta y me arrimé a ella pensando en qué sería lo siguiente que pasaría y qué podría hacer para no dar un paso en falso ahora. Salí a la terraza y me senté en la silla que había con vistas al bosque para tomar algo de aire. Oía como alguien caminaba en la parte de abajo, pero no logré imaginarme quién sería por lo que me asomé y miré hacia abajo para cerciorarme. Vi a James mover leña desde el cobertizo de la esquina hacia dentro, supongo que para hacer fuego en la chimenea. - ¿Quieres que te ayude? –mi pregunta le tomó por sorpresa. Giró su cabeza hacia arriba y se paró por un momento. -No te preocupes –se agachó para coger otro puñado de madera-. Me alegra que te hayas quedado, pero como te habrá dicho Carolina, es un momento delicado. -Lo entiendo, no molestaré si eso queréis –le dejé saber mi decisión. -Solo no hagas preguntas al respecto por el momento, Patrick está muy afectado –volvió a entrar dentro, por lo que decidí entrar yo también de nuevo a mi habitación porque tenía ya un poco de frío. Creo que lo mejor que puedo hacer ahora mismo es irme, a pesar de que quisiera obtener más respuestas al respecto. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD