CAPÍTULO 2.

2043 Words
Las tres chicas que estaban delante de mí me miraron extrañada. Dos de ellas tenían un parecido bastante similar, por lo que estaba por deducir que eran casi gemelas, si no mellizas. La tercera sí que parecía ser incluso más joven que yo, pero no por eso me miraba mejor, y las entendía a las tres porque soy yo la que acababa de llegar ahí, no ellas. - ¿Quién eres? –dijo una de las que se parecían. -Eh… Cloe –dije quedándome parada en el mismo sitio que cuando bajé las escaleras. - ¿Y qué haces aquí? –dijo la que se le parecía a la primera. -Pues… me encontraron en el bosque y me trajeron aquí –le contesté lo más amable posible. - ¿Quién? –volvió a preguntar la primera. -Creo que es cosa de papá –dijo la más joven contestándole a esta. ¿Papá? -Se llama Patrick el chico –espeté mirando a la mujer que me preguntó. De pronto sus facciones se endurecieron notablemente y avanzó dos pasos en mi dirección. -Patrick es mi marido y espero que le muestres el mismo respeto que se merece –soltó. -Mamá, cálmate o la vas a asustar, no tiene culpa de nada –habló la jovencita. - ¿Mamá? –dije extrañada-. ¿Pero cuántos años tenéis? Mi pregunta las sacó completamente de honda. Ninguna supo responder al instante, por lo que deduje que la pregunta estaba fuera de lugar en ese momento. -No te incumbe lo que pase aquí o no niña, procura irte cuanto antes, es por tu bien –habló finalmente la otra que se parecía. -No creáis que pensaba quedarme, no estoy aquí por propia voluntad. Me iré en cuanto pueda, lo siento –dije avergonzada. Divisé la cocina en la parte derecha junto a la puerta por la que entré aquí y fui hacia allí para esperar a que viniese alguien más en mi auxilio. Al no conocer la casa ni la estancia de cada uno, no me atrevía a ir a buscar a la mujer que antes me había estado ayudando de forma tan amable. Tampoco sabía si Patrick estaba por aquí o si él era igual de amable que las demás, nótese la ironía. Vi que en la encimera de la cocina había un plato con lo que en mi casa llamábamos “tostada de pobre”, que consistía en mermelada y queso salado por encima para que los dos sabores se anulen en la boca y sea más consistente. Me la comí sin preguntarle nada a nadie porque suponía que era para mí ya que antes cuando llegué no había nada en la mesa y ahora sí. Cuando acabé de comer, me serví un vaso de agua de una máquina que tenían con una garrafa gigante encima y me quedé esperando ahí a que alguien se acordase de mí. De pronto y haciéndome brincar, la chica de antes entró en la cocina sobresaltándose por mi presencia al igual que yo. -Qué susto me has dado –se puso la mano en el pecho mientras sonreía-. Veo que te han gustado las tostadas, me alegro. -Sí, tenía mucha hambre la verdad –le sonreí-. ¿Puedo hacerte una pregunta? -Claro, dime –se sirvió un vaso de agua. - ¿Sois familia todos aquí dentro? –mi pregunta la descolocó bastante, pero no se negó a contestármela. -No te puedo mentir, por lo que he oído has hablado con las demás y no les has caído muy bien –bebió un sorbo de agua-. Sí, somos familia. -Pero, ¿cómo es posible? Si tenéis las mismas edades prácticamente, y la más pequeña llamó a una de las que se parecen mamá –dije por lo bajo. -La pequeña se llama Dalia, y su madre es Sephora. La que se le parece es su melliza, Beth –me explicó lo mejor posible-. A su vez, Sephora está casada con Patrick y yo que soy Carolina, que no me he presentado antes, estoy casada con James –hizo una pausa-. Y Patrick y James son hermanos también. -Madre mía, qué lío –dije pensando en todo lo que me ha dicho-. Entonces yo no pinto nada aquí, menos mal que me lo has explicado tú mejor. -No te preocupes por lo que te vayan a decir, ellas no saben el motivo exacto por el que estás aquí. Solo intenta pasar de ellas lo mejor que puedas. -Lo sé, pero de todas formas necesito volver a mi casa, aunque quiera saber más sobre qué está pasando aquí porque no es muy normal –le dejé saber mi duda. -Yo te lo puedo explicar, pero a lo mejor me voy a meter en un problema porque nosotros tampoco confiamos en ti como ni tú lo haces con nosotros, ¿me entiendes? –me miró compasiva, creo que ella era la más sincera en este lugar, y a la vez la más amable. -Sí, lo entiendo –suspiré-. Entonces ayúdame a salir de aquí y llegar a mi casa porque el camino no me lo sé. - ¿Te acuerdas como llegaste? –me miró compasiva-. ¿O quién te trajo? En ese momento me acordé del recuerdo que vino a mi cabeza sobre mi novio, que obviamente ya no podría considerar como mi novio. -Mi novio me puso un trapo en la boca y de lo único que me acuerdo era correr por el bosque y caer al lago… y luego aquí –dije mientras miraba el suelo intentando unir los puntos. - ¿Has sido abusada por él? ¿te acuerdas si ha pasado algo de eso? -No, a eso no ha llegado porque yo me encuentro bien, ya sabes… ahí abajo –me expliqué-. Lo que no entiendo es el porqué. -A lo mejor te podemos ayudar en algo… pero deberías de pasar más tiempo en esta casa –dudó de sus palabras. -No quiero estar aquí si no estoy siendo bien recibida por todo el mundo –le dije seriamente-. Me siento como un estorbo o algo así. -Bueno, de eso no te preocupes –cogió una de mis manos-. Hablaré con todos en cuanto estén abajo y les convenceré para que te puedas quedar y así te podamos ayudar. -Me parece justo, pero no les obligues si no quieren acceder. Estaré igual de bien si me voy hoy o si me voy en dos días. -Lo sé, pero quien no arriesga no gana –me guiñó un ojo y salió de la cocina. Salí detrás de ella y subí las escaleras de nuevo para ir a mi habitación sin mirar a nadie más. En el segundo tramo de escalera me encontré con Patrick que iba bajando. Nuestras miradas se cruzaron por dos segundos cuando lo vi aparecer en la esquina de la barandilla. Bajé la mirada para que no pareciese otra cosa, pero se paró en lo alto de la escalera y yo hice lo mismo sin saber por qué. - ¿Estás bien? –levanté la mirada y le miré a los ojos. Parecía no mostrar expresión alguna, pero de cierta manera su mirada me daba una sensación de querer estar alerta en su presencia. -Sí –contesté seca. De pronto quiso seguir caminando, pero algo dentro de mí quería darle las gracias por lo que hizo anteriormente en el bosque ya que antes no tuve la valentía suficiente de hacerlo-. Gracias por no dejarme morir. Volteó de nuevo para mirarme, pero esta vez me analizó de arriba abajo. -Era mi deber –soltó. Siguió bajando las escaleras después de eso dejándome pensando en lo que acababa de decir. No entendía aún muchas cosas de las que estaban pasando aquí, pero sabía que si lograba quedarme unos días más me iban a contar lo que estuviera pasando. A los dos segundos de que Patrick hubiese desaparecido de mi vista, una conversación en el salón se estaba dando lugar para empezar, por lo que me senté en el alto de la escalera para oír lo que iban a hablar. -Cloe quiere saber lo que está pasando realmente aquí –habló Carolina. - ¿Te piensas que podemos confiar en una cualquiera que llega a nuestra casa sin más? –le contestó Sephora enfadada. -No te estoy pidiendo que confíes en ella, sino que le des la oportunidad de entender las cosas y que se vaya haciendo un juramento de que no va a contar nada. -Es muy arriesgado –habló Beth esta vez-. ¿Y si nos traiciona y nos trae problemas? -Más problemas de los que ya tenía no creo que atraiga –le contestó Patrick con propiedad. Me extrañaba que supiera él algo de mi vida o siquiera de cómo pude haber llegado al bosque. - ¿Sabes algo de ella? –le preguntó Carolina. -He estado investigando, pero no tengo nada claro aún. -No merece la pena que te esfuerces corazón –le dijo Sephora-. Ayúdala a volver a casa y así podemos seguir preparándonos para salir. -Pero podemos matar dos pájaros de un tiro –dijo James-. Que nos muestre que podemos confiar en ella y así le contaremos lo que quiera saber. -No sabes lo que dices –habló Dalia por fin-. ¿En qué has pensado? -Que se quede sola en casa cuando salgamos, si sigue aquí para cuando hemos vuelto, le contaremos lo que quiera saber. -Me parece bien –dijo Patrick. - ¿Enserio? –contestó su mujer-. Vale, pero no te arrepientas de tu decisión. Las demás voces callaron en el salón. Decidí subir finalmente a mi habitación antes de que se dieran cuenta de que estaba escuchando algo. Miles de preguntas acudían a mi mente en este momento. ¿Salir a dónde? ¿Juramento? Literal que me sentía como en uno de esos cuentos de fantasía que solía leer en los veranos de mi adolescencia. Lo que más me extrañaba era que en mi interior no había una pizca de miedo o de ganas de salir corriendo, y no sabía por qué. He dejado a mi familia atrás, las compañeras de piso con las cuales estaba estudiando este año la universidad que a lo mejor se estarán preguntando donde estoy ahora mismo. Pero a pesar de todo, me quería quedar. Este lugar y esta gente me generaba una sensación de curiosidad y de querer entrar en esto que para mí ha sido hasta ahora totalmente desconocido. Si me tenía que quedar un día entero en esta casa como dijo James, para obtener a cambio toda la información que quería, lo haré. De pronto llamaron a mi puerta sobresaltándome. Carolina entró mostrándome su mejor sonrisa cerrando la puerta tras de sí. -Perdona la molestia, a lo mejor querías descansar. -No te preocupes, he oído toda la conversación –le solté sin rodeos-. Haré lo que haga falta a cambio de saber la verdad, lo prometo. -Me sorprende que estés tan dispuesta –dijo con los ojos abiertos-. Esos son puntos a tu favor. -Quiero que veáis que soy de confianza y que podéis contar conmigo –lo dije sonando un poco desesperada al final. -Yo ya lo hago, de los demás no te preocupes, dales tiempo. -De acuerdo. -Ahora necesitas descansar –fue a acomodar mi cama-. Mañana por la mañana ya no nos vas a encontrar aquí, nos vamos a ir muy temprano y volveremos antes del atardecer. - ¿A dónde vais? Si se puede saber –supuse que al menos esto me podía contestar. -Vamos de caza –me sonrió-. Hay muchas criaturas que acechan este bosque y tienen que morir –su respuesta me dejó helada. - ¿Criaturas? –le pregunté de nuevo. -Sí, ya sabes… vampiros, hombres lobo… -se quedó mirando mi expresión de asombro-. Como en las películas y en los libros. -Entonces sois cazadores, ¿no? -Exacto, ya sabrás más cuando volvamos. De momento procesa todo lo que sabes porque hay mucho más por saber –caminó hacia la puerta y la abrió-. Buenas noches Cloe. -Buenas noches –le dije-. ¡Ah! Y gracias por todo –le sonreí. -No hay de qué.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD