Las luces doradas iluminaban el lujoso salón mientras la música seguía envolviendo el ambiente con un ritmo sensual y vibrante. Los invitados conversaban, brindaban con copas de champagne y danzaban bajo los reflejos de los candelabros de cristal. Pero entre tanto brillo y opulencia, una nueva presencia acaparaba la atención de todos: Vania. Igor la observó desde la distancia antes de acercarse con paso seguro. Su sonrisa era encantadora, pero sus ojos escondían una chispa de diversión y peligro. —Bienvenida a tu hogar, hermanita —murmuró con voz aterciopelada cuando estuvo frente a ella. Vania se quedó helada por un segundo. Su mirada subió lentamente hasta encontrarse con la de él. «¡Qué hombre tan sexy!», pensó, sintiendo un escalofrío de excitación recorrer su piel. «¿Aho

