Cassandra respiró hondo, tratando de encontrar una fortaleza que parecía escaparse de entre sus dedos. Cada paso hacia el altar era una lucha contra su instinto de huir, pero algo en su interior la empujaba a quedarse. Su padre dependía de ella, y abandonar ahora significaba perderlo todo. —Yo… no escaparé. Estoy aquí para casarme con usted —dijo finalmente, su voz intentando parecer firme, aunque un ligero temblor la traicionó. Raymund Rosenberg la observó con ojos feroces, casi como si quisiera atravesarla con la mirada. La tensión en el aire era sofocante, y Cassandra apenas logró mantenerse de pie bajo el peso de su escrutinio. Sin decir nada, su hermano movió su silla de ruedas hasta quedar justo al lado de Cassandra. Era un gesto simple, pero lleno de autoridad, como si quisiera

