Katherine.
—Dicen que Ethan ha quedado transtornado al igual que Lorian. La verdad son muchos los rumores, no deberías creerlos— intentó besarme. Tuve que incorporarme rápidamente manteniendo la distancia.
—Joseph, ¿qué demonios haces?— esperé alguna respuesta y no llegó.
Ezra se entrometió en la habitación un tanto alarmado.
—¿Ya han terminado?— preocupado, se adentró posicionándose a mi derecha.
—¿Y a ti qué te ocurre?— puse los ojos en blanco.
Su drama y sobreprotección me fastidiaban.
—Te miente— Ezra soltó de repente. Su semblante alegre se cambió a uno serio.
Confundida, busqué con la mirada a Joseph esperando una explicación.
¿Me miente acerca de los rumores? Y si es así, ¿Cómo es que Ezra lo sabe? ¿Acaso estuvo espiandonos?
—La bruja me pidió que no dijera nada acerca de Ethan— se excusó sin soportar la carga de nuestras miradas.
No lo entiendo.
¿Por qué Leya no querría que me dijeran algo sobre ellos? Es más, si no puedo saberlo entonces... ¿Ezra tampoco está al tanto?
—Eres un maldito infeliz. La engañaste con trucos baratos— le reclamó, avanzando unos pasos.
Quise decir algo pero me vi vomitando nuevamente.
Esta vez fue sangre.
—¡Mierda, Katherine!— Ezra llevó mi cabello para atrás apenas vio lo que me sucedía.
Luego de lanzar sangre limpié mi boca.
Sentía un fuerte dolor en mi vientre y no sabía el por qué.
Joseph intentó acercarse, sin embargo Ezra lo detuvo—. Tú te quedas aquí mientras la llevo con Leya.
A punto de protestar, Leya apareció de repente sorprendiéndonos.
Su mirada vislumbraba total preocupación.
—Dejame ayudarte— se ofreció.
Sujetó mis brazos dado a la repentina debilidad en mi cuerpo y me dirigió hasta la cama.
—Esto no te gustara Katherine— advirtió pausadamente—. Si no me equivoco, tu vida está vinculada a la de tu hermano. Lo que sientes él puede sentirlo y viceversa. Debe estar tomando algún veneno para afectar tu sistema dado tu nula experiencia con estos.
—¡Toma veneno para dañarme!— me exalté y como consecuencia volví a sentir dolor.
Ella recitó un par de palabras aliviando un poco mi dolor—. No durara por mucho. Lo mejor sera que descanses.
—¿Descansar? Prefiero escuchar la razón por la cual no quieres que sepa sobre Ethan y Lorian— la observé impaciente por oírla hablar.
Su similitud con Lorian dificultaba mi enfado.
Tragó saliva nerviosa sin emitir palabra alguna.
—¿De verdad no dirás nada?— me dirigí a ella, nuevamente espectante.
—Bien, como no piensan abrir la boca pueden largarse de la habitación— afirmé al no recibir respuestas.
—No puedes dormir sola, alguien debe asegurarse de tu estado por la noche— recalcó preocupada.
—Ezra es suficiente dolor de cabeza para mi, ahora larguense— les pedí entrelazando mi brazo con el de Ezra.
Lo último que deseaba era dormir con él pero es lo que me tocaba.
No permití que Joseph o Leya se despidieran.
Me recoste en la cama e inmediatamente Ezra hizo lo mismo.
Ambos podíamos vernos frente a frente.
Nuestros cuerpos estaban casi pegados.
—Estoy igual de perdido, no se nada sobre tus amantes— peinó su cabello hacia atrás como solía hacerlo.
—Se a la perfección que no estas al tanto, me superas en idiota así que lo entiendo— solté una leve carcajada a la vez que él me fulminaba.
Pues si, es una cara bonita con cabello deslumbrante. Siendo sincera, es un poco idiota.
—Por cierto, ¿te duele en alguna parte?—
—No.
Entre las sábanas busqué su mano para aferrarme a ella.
Él no se opuso, más bien hizo lo mismo.
Podíamos ser seres despreciables ante los ojos curiosos pero seguíamos siendo sensibles.
Ambos nos sentíamos de igual forma.
Rotos por dentro, con mil demonios en nuestras cabezas.
—Ezra— pronuncié su nombre llamando su atención—, ¿Crees que podré vencer a mi hermano? Nunca tuve tantas ganas de vivir como ahora. Antes no veía la hora de morir— confesé en voz baja.
Colocó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
—Mereces vivir y ser feliz— fue lo único que respondió.
—Cuentame Ezra, ¿deseas ser feliz?— esta vez lo interrogué, esperando conocerlo un poco más.
Nunca he podido saber acerca de su pasado o el porqué me ayuda como lo hace.
Esta desgastando tiempo en mi al igual que Leya.
—Son muy pocos los merecedores de la felicidad. Puedo decir que no soy uno de ellos— se detuvo, con los ojos perdidos, como si recordara un momento doloroso de su pasado—. Me conformo con ayudarte a conseguirlo— finalizó sin darme la oportunidad de saber más sobre él.
A veces uno debe saber cuando parar de entrometerse para no afectar al otro.
Notando mi profunda mirada, volvió a hablar—. Tranquila, no prestes mucha atención a lo saliente de mi boca, no es buena hablando, pero si es excelente complaciendo a las mujeres— murmuró con calma. Su confianza de todos los días había vuelto sin dejar rastro al Ezra deprimido.
Mejor así, no me agradaba verlo perdido en sus pensamientos.
—Nunca detienes el coqueteo, ¿verdad?— lo interrumpí, ignorando su comentario anterior.
—Lo dice la amante de una familia entera— replicó, abriéndose paso a su constante burla.
Fui una tonta por haberle contado sobre mis fugaces amoríos.
—En mi defensa, los hermanos de Ethan poseen un atractivo inigualable— me excusé. Me miró atento procesando la información.
Podía tener sus facetas tierbas a mi parecer.
—Nadie se compara a mi belleza, así que evidentemente tu comentario me ofende— fingió dolor seguido de una sonrisa. Su dorado y suave cabello brillaba incluso es la oscuridad.
Lentamente al pasar las horas, caímos en cuenta que el sueño nos obligaba a dormir.
Sin resistirlo, empezábamos a cerrar nuestros párpados hasta quedar dormidos.