Capítulo 5

1287 Words
Katherine. Al notar el filtro solar invadiendo mi rostro, abrí fastidiada mis párpados. Adolorida, observé el cuerpo de Ezra aún dormido. —Despierta— le dije. Sus pestañas  doradas se abrían paso a la vista. Él odia despertarse por las mañanas. —Un minuto más— pidió somnoliento. Su instinto lo llevó a rebuscar la almohada y cubrir su cabeza con esta. Dejare pasar esto sólo por mi dolor. Abandoné la cama, dirigiéndome así al armario donde buscaría cualquier vestido. Me detuve en uno n***o, sencillo por supuesto. Debemos ser cautelosos y evitar ser vistos por los demás. Salí de la habitación en busca de Leya. Hoy no la dejaría escapar. Algo me oculta acerca de Ethan y Lorian, necesito saber qué. Bien, está leyendo un libro. —Buenos días— se percató de mi presencia sin siquiera verme. Cerró el libro de sus manos y con semblante serio giró su cuerpo. —Dejemonos de estupideces— ataqué cruzándome de brazos. Sus expresiones continuaban neutral—. Quiero saber sobre Ethan y Lorian— elevé mi tono de voz. —¿Estas lista para saberlo?— avanzó unos pasos adelante, deteniéndose a unos pocos centímetros, mirándome con una expresión que me dejó desconcertada— ¿Podras aguantarlo al descubrir la verdad?— cuestionó, tajante. Segura de mi misma, avancé un paso adelante acortando la poca distancia que nos separaba. —Por supuesto que aguantare lo que venga— me apresuré a decir. —Ethan secuestró a tu hermana Leslie o eso escuché. En cuanto a Lorian...— meditó si decírmelo, entonces asentí frenética—. Evin lo tiene secuestrado junto a tu otra hermana, Lisa. Dejé escapar mi furia y liberé un fuerte grito el cual rompió cada elemento de vidrio en la posada. Leya tapaba sus oídos, evitando ser lastimada por los pequeños fragmentos rotos de vidrios. —¡Para, Katherine!— pidió a gritos, intentando frenarme. Tuve que detenerme. Aún así, continuaba hirviendo de furia. ¡Evin, Ethan, ambos son una maldición en mi vida! Calmada, me dirigí a un sofá, pensando en mi siguiente movimiento. —Ahora que lo sabes... ¿Qué piensas hacer?— se levantó del suelo, pasando su mano por el vestido que traía puesto. Noté los pequeños cortes en su rostro. Ella no tenía la culpa de mi enojo, o tal vez un poco por habérmelo ocultado durante meses. —¡Mierda, no lo sé! Mis hermanas no sólo están separadas, sino que también las tienen mis dos peores enemigos. ¿Debo rescatar a una primero? Y eso que no mencione a Lorian. ¡Mierda!— maldije entre dientes, sin encontrar la respuesta apropiada a mis preguntas. Los dos malnacidos han preparado buenas trampas. Ezra se presentó exaltado. —¡Si quieres despertarme hazlo con suavidad!— se quejó. Esto si debía ser una broma. Rasqué mi cíen, meditando. —No podemos ir por ninguno de ellos— dijo Leya, deteniéndose en frente de Ezra—. Ambos prepararon una trampa para ti. No me sorprendería que hayan unido fuerzas. —De hecho, todo encajaría— la interrumpí, alumbrada por la fugaz teoría de una breve alianza entre ellos. —¿Quiénes?— Ezra se veía confundido y no era para menos. Apenas se despierta el muy imbécil. Mientras tanto, Leya soltaba suspiros preocupantes. —Lo mejor sera buscar a los hermanos de Ethan. Tenemos a Joseph, quien se ofreció a ayudarnos. Y si mal no recuerdo, hay otros dos— pensó, esperando que dijera quienes eran. —Penelope y Divet— golpeé mi frente. Seguir involuncrandome con Ethan, mediante sus familiares, parecía una pésima idea. —No estoy entendiendo mucho— se entrometió Ezra. Creí que se había dormido nuevamente, pero no fue así. Prosiguió hablando cuando nos noto atentas—. Pero tampoco creo que sea buena idea involucrarnos con los ex amantes de Katherine. ¿Y si también es una trampa?— planteó, debo reconocer que podría tener razón. —Nuestras opciones son pocas, Ezra. Debemos actuar lo antes posible sin importar las fallas que tengamos. Mis hermanas no merecen pagar las consecuencias de esta guerra entre Evin y yo. —Primero buscaremos a Penelope y Evin. Joseph me ha dicho donde se encuentran— Leya nos informó, juntando sus manos decidida. Nuestra decisión fue tomada. Luego de acabar la conversación, nos dirigimos a cada habitación, alistandonos para nuestro próximo viaje. Compartía habitación con Ezra, por lo tanto, ambos fuimos por el mismo camino. Mientras guardaba los vestidos en las cajas, Ezra se asomó. —Katherine, no comiste— musitó. —Luego lo haré, aparte, tú tampoco te alimentaste— lo sorprendí. Se rascó la nuca y no entendí bien la razón de su nerviosismo. —Deberíamos ir por algo, delicioso— dijo excitado. En su mente se habrán cruzado las presas ideales. Había olvidado que hace un día no ha tenido sexo con alguna persona. Viniendo de Ezra es un avance. —Bueno, tienes razón— reconocí, imitando su sonrisa. Un poco de diversión antes de emprender nuestro viaje no le hace daño a nadie. Esperando por mi aprobación, logramos escapar de Leya, llegando al famoso bar del reino. Dicho bar ostentaba de mujeres, hombres, lo que fuese. Ezra se mostraba coqueto, atrayendo así la atención de las mujeres y hombres. Por mi parte, no hacía mucho. Ambos sexos se me acercaba con descaro, invitándome a pasar el rato. A él se le acercó una bruja atractiva y a mi igual. Fuimos guiados a una habitación vip y detrás nuestro, nos siguieron más personas. Que podíamos decir, atraemos a quien se nos cruce. Estabamos fascinados por el éxtasis que viviríamos. Ya no me centraba en Ezra, mis ojos estaban puestos en la bella castaña, con pechos enormes y bien redondos, con una cintura diminuta. Se había quitado el vestido blanco del cuerpo, por ello pude apreciarla detenidamente. Me senté en la cama, invitándola a acompañarme. Parecía nerviosa, y eso me encantaba. Se acercó de rodillas a la cama, regalándome una excelente vista de sus pechos colgando. En un momento, me estampilló un beso desesperado. La castaña deseaba besarme desde que me vio. Mientras nos besábamos, jugueteé con uno de sus pechos. Los movía en círculos y pellizcaba sus pezones. Ella soltó gemidos ahogados en nuestro beso. Quería oírla más, sentir su sabor... Aproveché su desnudez para dirigir mis dedos en su interior. No le pedí permiso, por supuesto. Introduje dos dedos en su interior, moviéndolos muy lentamente. Perdida en el deseo, separó nuestros labios pudiendo soltar gemidos espectaculares de su boca. Me limitaba a ver como su cuerpo se retorcía de placer con mis movimientos. —¡Mierda!— mordí mis labios sin poder aguantar el calor que sentía bajo mis muslos. Sus gemidos, expresiones, todo me provocaba excitación. Con mi otra mano libre, me introduje a mi misma dedos, moviendo a la misma velocidad que lo hacía con ella. —Oh, mierda, ¡si!— gimió en última instancia, viniendose. El líquido fue liberado de ella. Yo debía continuar en mi interior, dado que me di placer a último momento. Logré venirme segundos más tarde. La castaña se había maravillado viendo como me produje placer a mi misma. Bueno, ella contribuyó en gran parte. Pero esto no había acabado. En un momento apresurado, tiré de su cuerpo a la cama. Su corazón latía desenfrenado cuando acaricié su cuello. Desearía comerla de pies a cabeza... Sería excitante. Borré esa idea de mi cabeza. La mujer no parecía ser una mala persona, no quiero arrebatarle la vida. Decidí morder su cuello, succionando su sangre. Por instinto, llevó su cabeza hacia atrás. Mi mordida le producía placer. Las mujeres son maravillosas. Nunca me cansare de ver sus expresiones.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD