Capítulo 6

1258 Words
Katherine. Espero fuera del bar a mis compañeros de viaje, mientras ellos terminan sus comidas. Habíamos llegado al reino vecino donde supuestamente se escondía Ethan. No puedo negar el temor de volver a verlo. Asesinó a mis amigas, secuestró a mi hermana y no cabe duda que formó una alianza con mi gemelo. Ezra se acerca a pasos perezosos, mientras que Leya se distrae con los puestos, analizando cada objeto de estos. —Ya no le encuentro el sentido de esta aburrida caminata. ¿Por qué no vamos a devorar una apetecible comida?— señala una posada en particular—, oí que tienen buen servicio. Pues si, en dicha posada se encuentran prostitutas, hombres vendiéndose por algo de dinero. —¿Acaso quieres que Leya nos vuelva a regañar?— me detengo al ver un anillo. Nuestra querida bruja no toleraba vernos asesinar, divertirnos y pasar orgías grupales. Lo sé, una aburrida. La susodicha se acerca a nosotros junto a Joseph. —Me han dicho el lugar ideal para descansar— nos informa, y por un momento los ojos de Ezra se iluminan. Se llevó una decepción cuando ella dijo el lugar. Esperaba que sea la posada de en frente, pero no. Mientras discutían, Joseph aprovechó el momento para acercarse a mi. —¿Estas bien? Digo... No hemos hablado desde que, ya sabes... —Desde que tuvimos sexo— termino por él, dado su nerviosismo. Frena en seco un tanto sorprendido. —¿Qué sucede?— —Creí que hicimos el amor— se rasca la nuca desviando sus ojos de los míos. Resoplo frustrada, somos adultos y estoy segura que fue meramente sexo, nada más. —Joseph, sabes bien a quien amo. No eres tú, ni Ethan ni nadie— suelto las palabras viendo como su rostro se decae. Quisiera sentir un poco de pena por mis crudas palabras, pero no puedo. Ya no siento nada, y tampoco se si continúo enamorada de Lorian. He cambiado desde mi nuevo renacer. —¡Bien tortolos!— Ezra nos atropella con sus dos brazos—. Pueden calmar sus ansias de sexo, dormiremos en aquella posada— señala la cual quiso desde que llegamos. Sonreí por su cometido, logró convencer a Leya. Entrelazo mis dedos con los suyos, dejando atrás a Joseph y Leya. —Te he salvado el culo— peina su cabello para atrás como de costumbre. —¿Disculpa? No recuerdo haberte pedido ayuda. —Te conozco a la perfección. Si continuabas rompiéndole el corazón al deprimido y tonto amante, te sentirías mal, devorando a quien se te cruce. No puedo negar sus verdades. Tal vez no me sienta mal por Joseph, pero a cada que me enojo o frusto acabo comiendo a quien sea, literalmente. Quitó su mano de la mía y abrió la puerta de la posada. Vimos como el grupo de personas se acumulaban bebiendo hasta no dar más. Él se pierde entre las mujeres quienes lo manosean sin descaro. Me detengo esperando a Leya y Joseph. Cuando cruzaron la puerta y me vieron, detuvieron su conversación. Fruncí el ceño por su actitud. ¿De qué hablaban? Mi amiga se acerca a una mesa siendo atendida por un ogro regordote. —Puede ser cuatro habitaciones, por favor— le pide siendo analizada de pies a cabeza por el dueño de la posada. —Tengo disponible dos, bruja— responde fastidiado—, ¿lo tomas o lo dejas? —Me parece bien— voltea buscando mis ojos, asiento en su dirección y se vuelve al ogro nuevamente—. Compartiremos sin rechistar. Su alegría me provoca nauseas cada vez más. Fuimos a descansar a las alcobas disponibles, dejando a Ezra bebiendo el alcohol que deseaba. Tengo ganas de acompañarlo en su ahogamiento de extasis pero estoy agotada. No veo la hora de encontrar a mi hermana y llevarla conmigo. El ogro le indica a Joseph donde reposaría, y a nosotras nos deja en una alcoba conjunta. Ambas se encontraban al lado de la otra. Me adentré con Leya, tirandome a la primer cama que vieron mis ojos. Era incómoda, me recuerda a mis tiempos con el animal de mi padre. Leya se recuesta en la otra sin problema, disfrutando la lectura de un libro. Desde que me confesó lo que sabía no volvimos a dirigirnos la palabra. Ella intentaba, sin embargo la detenía en cada oportunidad. Me ocultó el paradero de Ethan, Lorian y como si no fuera poco el de mis hermanas. Me removí inquieta de la cama, notando el oscurecimiento. Había anochecido, lo mejor es distraerme con Ezra. Debo distraerme antes de perder la cabeza pensando en mis enemigos. Me dispongo a bajar en busca de mi amigo, sin ser cuestionada por Leya. Por más que buscara, no lo hallaba. Decidida, caminé hasta el ogro para saber de su paradero. —Disculpe, ¿sabe dónde se encuentra mi amigo?— sus ojos viajaron a mi cuerpo sin prestarme la mínima atención—  Es rubio, alto, un completo idiota. —Lo vi con unas putas en aquella alcoba— responde señalando el lugar. Me fui en busca de él sin agradecerle al ogro depravado. Pude notar sus ojos lujuriosos en mi cuerpo. Abrí la puerta de dicha alcoba, inmediatamente, el olor a sangre inundó mis fosas nasales. Él estaba recostado alrededor de cuerpos sin vida. Bebía sin importarle las vidas que quitó. Me acerque a pasos decididos, siendo vista por sus ojos. Podía parecer encantador pero era lo contrario. —¿Puedes explicarme esto?— —Amiga mía, no sabes cuanto te he extrañado— continuaba bebiendo la cerveza, embriagado. —Estas hecho un asco, Ezra. Te dejo unas horas y mira el escándalo que haces— le regaño, esperando alguna excusa absurda de su parte. —Sabes, siempre he estado solo. Fui criado y esclavizado por vampiros, la desgracia de un ser humano— me contesta dando otro sorbo de su bebida—. Esos malditos me torturaron de miles formas, pero los asesiné cuando me convirtieron. Mi corazón se oprimía oyendo su pasado. Cualquiera sabría como desprendía tristeza con cada palabra. —Pero heme aquí, sólo y sin importarle una mierda a nadie. Ahí tienes tu explicación, quiero asesinar a todos para no salir lastimado— confiesa, intentando reprimir el llanto, cosa que le fue imposible. Sus ojos derramaron pequeñas gotas de agua. Me agacho para limpiar sus lágrimas con mi mano. No eramos tan diferentes como pensábamos. Tuve la oportunidad de quitarle la bebida y arrojarla contra la pared. Ninguno de estos cuerpos me importaba, no soy quien para juzgarlo. He aniquilado a muchos por egoísmo. Dispongo a rodear su cintura, dándole el paso libre a que se aferre en mis hombros. Sonreía y soltaba palabras estúpidas cuando avanzábamos. Logré llegar a su alcoba, abriéndola sin importarme la presencia de Joseph. Ezra se lanzó a la cama desocupada y largó en llanto. —¡Vete— le pide a Joseph, no hizo caso hasta que yo misma lo saqué sin pestañear. Mi amigo me necesita, y debo estar para él como siempre lo está conmigo. Me siento a su lado, acariciando el suave y dorado cabello que poseía. Tal parece que eso lo incentivó a continuar su lamento. —No me dejes— ruega entre sollozos. —Nunca— respondí, recostandome a su lado. Lo abracé con fuerza, sin querer despegarme de él. También me he sentido así en numerosas ocasiones, sé como se siente. Con el pasar de los segundos, consiguió dormirse, mientras hice lo mismo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD