ΠΑΙΧΝΙΔΙ ΤΡΕΩΝ (Juego de Tres)

829 Words
Después del pequeño encuentro con una de las mujeres más bellas que había visto en su vida, a la cual juró encontrar después,  decidió dirigirse a aquellas casas de paso, donde se vendía vino en abundancia, se comía hasta satisfacerte y a cambio de unas monedas más, podías tener la compañía de una mujer con vasta experiencia en complacer a extraños. Evan había viajado por varias regiones, pero era la primera vez que estaba en Atenas, así que decidió no olvidar su visita. Comió y bebió además de pagar por el calor de dos bellas cortesanas. Una era rubia con senos grandes y firmes, la otra era pelirroja con hermosos glúteos, carnosos y redondos, un dueto perfecto para pasar horas satisfaciendo su lujuria. Lo condujeron a un cuarto, cruzando un patio por donde se podía contemplar el cielo, alrededor se encontraban columnas y puertas intercaladas, las puertas indicaban las habitaciones donde se llevaban a cabo los encuentros,  el cuarto a donde finalmente llegó, no tenia ventanas, solo paredes de piedra y un techo de madera, lo iluminaban dos candelabros, uno ubicado justo enfrente de la entrada, sobre un cofre de madera que lucia maltratado por los años, el otro candelabro se encontraba a un lado de una cama sencilla, cubierta con telas de textura suave y diferentes colores, un lugar muy placentero para aquellos encuentros; era una habitación con pocos muebles, sin embargo a Evan era lo que menos le importaba; al entrar, de inmediato cerro  la puerta, cruzando el pasador para evitar alguna interrupción y dejo caer su morral en la entrada, las dos mujeres se recostaron en la cama, con una sincronía casi perfecta, él acudió al llamado silencioso de ellas. Comenzó besando los jugosos labios de la mujer pelirroja, mientras acariciaba con pasión los senos de la rubia, ella, ante la falta de los labios de él, se mordía su labio inferior, sentía como la sangre se aceleraba y el calor aumentaba bajo su túnica, Evan dirigió su atención hacia la rubia, comenzó besando su cuello y acariciando con sus dos manos sus grandes y firmes senos, mientras la pelirroja desnudaba su cuerpo, él se levantó y desató su chitón para dejar al descubierto su escultural cuerpo, la pelirroja lo hizo recostarse y la mujer rubia se coloco a un lado de él con su cuerpo ya desnudo; tomó la mano derecha  de Evan y le indico el camino correcto, colocándola sobre aquel monte a punto de ser volcán, la humedad y su calor  le indicaba que estaba lista para ser penetrada, pero decidió prolongar la entrada de su m*****o por un tiempo más; las caricias de su mano y el movimiento de sus dedos eran los correctos;  comenzaba a gemir, la aceleración de su pulso lo decía todo; la mujer pelirroja acariciaba  el dorso de Evan, mientras descendía, hasta que sus labios besaron la parte en que se unían sus piernas con su dorso, con sus manos acariciaba sus piernas y su fuerte pecho, incitando en cada caricia, a que se erguiera con la misma fuerza de una columna digna del Partenón, ahora sus labios besaban dicha columna, una mano seguía rozando suavemente su pierna y la otra sujetaba de arriba a bajo su virilidad, que en cada movimiento se hacia más grande y fuerte, cuando se mostraba en su grandeza total, lo metió en su boca, cada roce con su lengua le deleitaba y le hacia pedir más de ella, más fuerza, más caricias, quería sentir cada uno de los movimientos de su lengua; la rubia comenzó a besar el cuello de Evan, después, adoptando una pose, coloco sus senos en su cara, indicando sin palabras, que los besara y tocara, él la obedeció sin demora; mientras aumentaba el grado de excitación, la intensidad de las caricias y los besos también aumentaban, ya no solo besaba sus senos, ahora también mordía sus pezones, pequeñas delicias que contrastaban con la blancura de su piel, los  labios y la lengua de Evan, rozaba con tanta finura, que los suspiros brotaban del los labios de la hermosa mujer, así como sujetaba con una enorme pasión y desesperación sus pechos. El calor, la respiración y los sonidos aumentaban, la rubia no soporto más y le pidió a gritos que la penetrara, el no pudo resistir aquella orden y cumplir su deseo; la pelirroja se recostó en la cama, la mujer rubia se colocó encima de ella sin tocarla, inclinándose ante él, mostrando sus glúteos; húmeda y caliente, quedó indefensa ante la pasión del momento; Evan, dispuesto a penetrarla la tomó por la cadera e introdujo, poco a poco su m*****o, con la suavidad que permitía sentir cada instante dentro de ella, sus movimientos eran con tal fuerza y exactitud, que sus gemidos eran tan fuertes y lastimeros que se lograban escuchar fuera de la casona, mientras la otra mujer acariciaba a Evan y a su compañera, al mismo tiempo que lamia el dulce pecho de su amiga…  
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