El día de su breve encuentro, Calipso no podía dejar de pensar en aquel hombre tan atractivo, su sonrisa le había impactado; no entendía bien la razón, podría ser la hermosa forma de sus labios. Koren sintió celos, al percatar que la mente de su amiga estaba en otro lugar, así que se comportó cortante y le dijo a Calipso:
- Mañana iré al templo de Afrodita y dejaré una ofrenda, ¿me acompañaras o tendré que ir sola? - el tono de Koren mostraba su resentimiento, a la poca atención de Calipso.
Pero ella se limitó a responder:
- Si, si iré contigo - distraída y con poco interés a la pregunta de Koren.
- Esta bien, me tengo que ir, mi padre ya ha esperado mucho por estas vasija con agua - simplemente cambio de rumbo. Poco tiempo después de que su amiga la dejara, Calipso se percato de su ausencia, aquel joven la había impresionado.
Al final del día, mientras Calipso contemplaba el brillo de cada uno de sus Dioses en forma de estrellas en el cielo oscuro; sentada en un taburete que se encontraba cerca a una ventana, la sonrisa de aquel viajero volvía a su mente, preguntándose, ¿dónde se encontraría? o ¿qué estaría haciendo?
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