+++ —¡Por fin apareces! —gritó Dania desde el otro lado de la cocina, con una expresión severa que me hizo encogerme. —Buenos días… —dije en voz baja, caminando rápidamente hacia ella. Dania dejó el trapo que tenía en la mano y se cruzó de brazos, mirándome de arriba abajo como si estuviera evaluando cuánto problema podía causar en las próximas horas. —¿Y el baño? —preguntó, bajando la voz para que nadie más escuchara. —Arreglado… más o menos. —Traté de sonar convincente, pero el brillo en sus ojos me dijo que no me creía ni por un segundo. —Más te vale —respondió, suspirando—. Porque si la ama de llaves descubre lo que pasó ahí, nos va a caer una tormenta. Y, Nikita, no voy a cubrirte esta vez. Ya me arriesgué suficiente. Asentí rápidamente, sabiendo que tenía toda la razón. Dania

