La mañana siguiente Rose se despidió de Miren y salió rumbo al trabajo, se fue andando muy lento hacia la parada de taxis, con la intención de pasar por la cafetería de Leo. Tragó saliva y tomó la manilla de la puerta de cristal. Inspiró e ingresó. -¡Buenos días Rose!- oyó decir desde el fondo. Levantó la vista y por suerte se encontró con Maggie, la dependienta de Leo. -Hola Maggie- dijo Rose mientras levantaba la mano Caminó hacia el mesón, taconeando con sus botas el piso marmolado del lugar. La cafetería estaba aún vacía, pero en un par de minutos comenzaría agolparse con clientes deseosos por un café antes de ir a trabajar. Rose miró hacia todos lados y se acercó a Maggie, ella la miró con una sonrisa. -¿Quieres lo mismo de siempre Rose? -Esta vez no, gracias. Sólo quería sa

