Sus ojos me seguían sin parar ni un solo momento, me estudiaban dejándome tensa e indefensa. Brown me veía de arriba a abajo como si fuese un bicho raro mientras yo golpeaba un saco de papas con cebollas dentro. La verdad hacía más entretenido el entrenamiento y mi abuelo ya había dicho claramente que una vez tuviera mi calentamiento él mismo me enseñaría varias técnicas para poderme desempeñar lo mejor posible. Pero nada es tan sencillo como lo parece, había decidido ser específicamente cuidadoso en mi entrenamiento y pulirme lo mejor que pudiese. Una vez finalice, mi cuerpo estaba muy adolorido y no creía resistir lo que mi abuelo me hiciese, ya que según escuche a Brown, no se trataba de alguien dulce para enseñar así que pedí que me diera un tiempo para poder descansar. Con ganas

