Capítulo 3: Amiga.

1845 Words
PVO Ayde. Apenas noto que ese hombre —demasiado hermoso para mi desgracia— desaparece en otra habitación, tomo mis cosas y salgo de puntillas. Sin hacer ruido, con extremo cuidado, con los nervios a flor de piel. No sé por qué, pero mi instinto me grita que no es alguien común, que es el tipo de hombre que podría no dejarme ir si así lo decide. Su mirada me dio miedo. No sé, pero había algo oscuro en él, algo que no supe —ni quise— entender. No sé quién es y no quiero saberlo. Así que, en cuanto llego a la puerta de emergencia, por la parte trasera del hotel, llamo a Tory. Al frente hay demasiados autos sospechosos, hombres que no me inspiran confianza y eso no me gusta en absoluto. —Vamos, Tory, contesta, contesta, por Dios —pero no obtengo respuesta, ni de London, que fue mi última opción. ¡Oh Dios, Dios! ¿Y ahora qué hago? Me duele todo el cuerpo. Tengo moretones que no sé cómo aparecieron, las piernas me tiemblan y me arden como mil demonios y, por encima de todo, tengo miedo. —¿Señorita, se encuentra bien? —escucho una gentil voz. Cuando levanto el rostro, noto que es una de las chicas de limpieza. —¡No, no! ¡Ayúdeme! ¡Alguien abusó de...!.— ¡No, Ayde! No puedes decirle eso. No cuando de alguna manera inexplicable disfrutaste de los placeres que ese hombre te dio. Quería, te gustó, no lo niegues, y hasta ahora no entiendo por qué. —Señorita, ¿alguien le hizo daño? Si es así... —¡Sí! Pero por favor no diga nada, es un hombre malo, ¿me entiende, verdad? —me aferro a sus manos y dejo caer un par de lagrimitas. Ella asiente y, con cuidado y ayuda, logra llevarme a un taxi, donde consigo mantenerme firme, aunque por dentro me esté muriendo de miedo y dolor. Gracias a Dios logro huir sin problemas, pero enseguida me doy cuenta de que varios autos se mueven como cohetes a la redonda, lo que me asusta. —No, calma, Ayde, no tiene nada que ver contigo —me abrigo con el saco que la mujer amablemente me dio y dejo de mirar por la ventana. En el camino no dejo de recordar lo que viví. Fue extraño, intimidante, pero también placentero. Al principio tuve miedo, claro que sí; era mi primera vez en todo sentido, mi primera experiencia s****l, mi primer hombre, mi primer beso. Todo ocurrió demasiado rápido. Él me tomó por completo, y solo de pensarlo siento que el rostro se me enciende como un tomate. Pero, por alguna razón, no fue brusco ni cruel. Me trató bien. Tal vez por eso mi cuerpo no se resistió, tal vez por eso aceptó cada cosa que me hizo, aun cuando mi mente seguía confundida. —Apolo… —susurro, llevando mis dedos a mis labios, mientras mi corazón se acelera sin una razón clara. “Olvídalo, Ayde, olvídalo”, me repito una y otra vez, obligándome a tragarme las lágrimas. Respiro hondo, aferrándome a los consejos de mi madre, buscando fuerzas donde casi no me quedan. Una vez llego a mi cuarto —y no hay indicios de Tory, lo que también me preocupa— decido darme un baño rápido, para después ponerme una bolsa de hielo para relajarme ya acostada en el sofá, lo que me hace suspirar aliviada, lo suficiente para seguir intentando llamar a Tory y London, pero de nuevo ninguno contesta. ¿Y si le pasó algo a Tory? ¿Y si le hicieron lo mismo que a mí? Intento recordar lo que pasó en la fiesta, pero lo último que recuerdo es que Tory me ayudaba a caminar por un pasillo y después... —¿Después qué pasó? ¿Cómo llegué a la habitación de ese hombre? Pero antes de que tuviera respuesta, el sueño me vence. El cansancio es más fuerte que mis temores. Solo despierto cuando el sonido de la puerta golpeando la pared me sobresalta. Para mi sorpresa y alivio, es Tory, que tiene un aspecto desarreglado; cabellos revueltos, ropa arrugada, se le nota angustiada. —¡Ayde! —grita y cuando me ve se detiene—. ¡Ayde, por Dios! —se lanza a abrazarme—. ¿Dónde estabas? ¿Por qué no estabas en la habitación que te dejé? ¡Porque! —¿Q-qué? ¿Acaso tú...? —Te dejé en una habitación del hotel, y cuando fui a buscarte en la mañana ya no estabas. ¡¿A dónde fuiste?! Poco a poco su angustia se va transformando en llamados de atención que me asustan. Por un instante quiero decirle lo que me pasó, pero al ver su comportamiento, decido no hacerlo. —Y-yo solo me fui, Tory. Te llamé, te llamé varias veces, pero tú nunca contestaste —no puedo evitar sollozar—. Tenía miedo de todo, de ti, de mí, no sé... Tory parece reaccionar y vuelve a abrazarme al ver que me desespero, dándome pequeñas palmaditas en la espalda. Recién entonces tomo conciencia de lo que pasó conmigo, del riesgo real al que estuve expuesta con ese desconocido. —¿Y tú dónde estabas? —le pregunto cuando se aparta al estar más calmada y va a la mesa a servirse un vaso con agua—. ¡¿Por qué no contestabas mis llamadas, Tory?! ¿Qué fue lo que te pasó? No dejo de mirar su aspecto desordenado, casi idéntico al mío cuando desperté de esa cama.¿Ella también, acaso... —Y espera, ¿por qué estuve en una habitación de ese hotel caro? ¿Cómo lo pagaste? ¡Tory! ¿Qué fue...? —Me encontré con una amiga del concurso de natación. Ella era m*****o VIP y se ofreció a darnos cobijo —se excusa con una sonrisa a medias—. Y pues acepté, Ayde, en habitaciones separadas. No iba a dejarte tirada en la silla de esa glamorosa fiesta, y menos a hacer el ridículo frente a las amistades de London, ¿verdad? —No, no —murmuro—. Tienes razón. Mientras trato de recordar, Tory ahora está prendida en su celular, como si no hubiese pasado nada, y mejor. No quiero preocuparla por lo que pasó. Un evento que debo olvidar, como sea. Para ese hombre solo fui para pasar el rato, como muchos de los hombres de esta ciudad. Mi mamá y mi madrina me lo decían muchas veces. —Maldita sea —farfulla en voz baja—. ¡Perdí y todo por culpa de...! —¿Qué pasa? —pregunto al verla renegar—. Tory, ¿qué pasa? Desde que llegaste has estado actuando como si algo malo te hubiese pasado. —Perdí dinero, eso pasa —se cruza de brazos con el ceño fruncido. —¿Cómo? ¿Te robaron? ¿Por qué no...? —¡Ay, ya cállate, Ayde! —me recrimina, haciéndome sentir mal—. Ayer tenía la oportunidad de mi vida, y tú lo echaste a perder todo. —¿Y-yo? —seguro es porque me dormí debido al licor que me afectó—. Lo siento, en serio, yo no sabía que el licor me... —Olvídalo, ya. Ya pasó, la fiesta fue ayer y yo perdí —su tono de voz baja—. Lo siento, Ayde, no quise decir eso, pero ya sabes, era una oportunidad única en la vida para conseguir pareja, pero bueno, aún falta la boda de London. De nuevo con eso de conseguir pareja. Al menos, no le pasó lo que yo pasé. —Todavía falta mucho para eso, Tory, y ya olvidemos lo de ayer. Comamos y enfoquémonos en conseguir trabajo. —¡Es cierto! Espera, ¿cómo que conseguir? ¿Acaso London no nos dio trabajo? —No, eso sería abusar de su amabilidad, Tory, y London nos hubiese malcriado con llegar tarde o darnos flexibilidad en los horarios. Y no, no iba a permitir más de su caridad. Tory me mira con expresión molesta, abrumada, hasta que golpea la mesa, dejándome un poco asustada. —¡¿Y por qué tomas decisiones sin consultarme, Ayde?! —grita—. Era nuestro amuleto para conocer personas ricas, con estatus. ¡Y tú de nuevo lo echaste a perder! Tory se levanta de la mesa molesta y sale dando un fuerte portazo, dejándome sola con la comida y la confusión por su comportamiento arrogante. “Es solo una chica de 21, entiéndela, Ayde”, me digo cada vez que hace una escena como esta. No es la primera vez. La mañana y parte de la tarde me la paso buscando trabajo en algunas páginas de empresas. Incluso London vuelve a enviar mensajes insistiendo en trabajar para él, pero declino. Conozco a Tory, y ella es demasiado vanidosa y altanera, se la pasaría diciendo a diestra y siniestra que el director de la empresa es su amigo. Y lo que menos quiero es que ella se la pase avergonzándome. Yo solo quiero tener una vida tranquila y desapercibida. ¿Qué hay de malo en eso? —¡Ayde! ¡Ayde! ¡Adivina! —hasta que al fin se digna a aparecer—. ¡Ya tenemos trabajo! Y no, London no tiene nada que ver. —¿Trabajo? —me estira un papel con dos puestos para laborar en “Martel Group”. —No me lo agradezcas —deja una bolsa de comida en la mesa—. Más bien, prepara uno de tus mejores vestidos, aunque bueno, lo que tengas. No me gustaría que hablen mal de nosotras el primer día. —Espera, espera. ¿De dónde sacaste esto, Tory? —Mi amiga —responde con toda la tranquilidad del mundo—. Me hizo un préstamo y se lo pagaré con mi primer sueldo. Ah, y me compré un traje para ir decente. Espero que no te moleste no haber comprado uno para ti, pero es que no sabía qué talla eres y quizás me rechazabas el regalo. “Pero por supuesto que se lo iba a rechazar” —Tory, sabes que no tenemos experiencia como para poder seguir el ritmo de una empresa grande como esta. ¿Cómo es que te aceptaron sin tener amplia experiencia, eh? Mi amiga se ríe mientras me deja un plato de comida oriental. —Seremos asistentes, Ayde. Además, no es como si no tuviéramos experiencia. En el consejo del pueblo nos desenvolvimos bien y hasta nos felicitaron. Y ahora come, que mañana tenemos que destacar y... bueno, trabajar para no decepcionar. Habrá querido decir: “conseguir hombre”. No insisto y, a pesar de todas las cosas obtenidas por Tory, decido aceptar y creerle. No sé, pero siento que no me está diciendo toda la verdad en cuanto a esa amiga, y lo compruebo cuando se mete a bañar y un inesperado mensaje le llega a su celular.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD