PVO Ayde. —S-sr. Apolo, lo sentimos, pero el Sr. Elrik… —los guardias aparecen detrás y mi miedo se dispara. ¿Desde cuándo había tanta gente vigilándonos? —Regresen a sus puestos. Que nadie más pase por aquí, Dante, o ya sabes lo que pasará —ordena con frialdad. Luego dirige la mirada hacia el hombre rubio pero él no mira a Apolo. Me mira a mí. —¡Ay, Dios! —me escondo detrás de Apolo—. ¡Qué vergüenza! ¡Nos vió, nos vió! Aprieto los labios, nerviosa. Solo espero que no haya escuchado nada. Eso sí sería el fin. —Tranquila, es solo mi hermano —gruñe, dejándome sorprendida. Espera, ¿dijo acaso…? —¿T-tu hermano? ¡¿Tienes un hermano?! Ahora que lo miro, sí. Se parecen. Solo que este no tiene la mirada tan turbia como la tiene este gruñón que no me quiere soltar. —En serio, Apolo, ¿no p

