PVO Apolo. Si no fuera porque me resulta entretenido ver a esas dos mujeres insípidas arrodilladas en el suelo, suplicándome que no retire mi inversión —la misma que les da sus lujos, su estatus y hasta el pan en la mesa—, ya las habría mandado a borrar del mapa. Y todo por ella, por mi corderita. Para que aprendan, aunque sea por un instante, lo que se siente estar del lado débil. Lo que se siente temblar cuando el poder no está en tus manos. Que prueben el miedo, la humillación. Que entiendan que con ella no deberán meterse nunca más. —Apolo, por favor, no me pidas eso, no a mí.—Susurra con preocupación, mirando de reojo a esas dos. —Solo te estoy pidiendo un consejo.—Me encojo de hombros, disfrutando del momento.—Digo, si tú consideras a estas dos personas racistas y sin valores, ¿p

