La boca del espejo.

2090 Words
Ficha de la obra: Óleo sobre lienzo. 160 x 100 cm. Técnica mixta. Autor: Jhon Willard. Año: 2009. Una figura masculina se contempla en un espejo que se abre como una boca. Los labios del reflejo están hechos de carne cruda. En sus ojos hay hambre, pero no por comida. El fondo es un dormitorio sin puertas. Jhon no dormía desde hacía semanas, el insomnio se había convertido en rutina se acostaba cerraba los ojos y en lugar de sueños, llegaban imágenes: cuerpos entrelazados, rostros sin nombre, susurros que no eran suyos no era deseo lo que sentía era algo más oscuro más profundo, había vivido rodeado de espejos su padre los había mandado instalar en cada habitación donde él debía estar, como símbolo de vigilancia y perfección. «Un hombre debe verse a sí mismo para corregirse», decía. Jhon había aprendido a mirar sin ver, a contemplarse sin reconocerse, las secuelas de esa noche le impedían verse ahora en el espejo, en su casa ahora solo había dos y los evitaba por completo, el cinturón sello en sus manos cicatrices lo suficientemente grandes para que la gente se diera cuenta pero ese no era el gran problema, el problema era que las veía él, muchas veces había pensado en utilizar guantes, pero sabía que eso llamaría más la atención, así que se quedó como estaba, ignoraba su reflejo en el espejo con maestría pero sus manos, es un recuerdo grabado a sangre y fuego que nunca olvidaría. Se sentó en la gran cama de nuevo el insomnio acechaba, se pasó las manos por la cabeza intentando salir del bucle mental en el que estaba hacia años, pero no lo hacía, no podia, miro al espejo con miedo e intento no apartar la mirada. El espejo del dormitorio parecía distinto, no reflejaba la habitación, sino una versión alterada de ella, las paredes eran más estrechas, la cama más grande en el centro, él mismo pero desnudo, con los ojos abiertos y la boca entreabierta, se levantó despacio y se acercó al reflejo se dio cuenta de que no imitaba sus movimientos, este estaba parado en el centro del espejo, quieto, inmóvil como si observara sus movimientos, Jhon sintió un escalofrío con curiosidad tocó el cristal estaba tibio suave como si fuera piel. Entonces el espejo habló. —¿Tienes hambre? — Jhon retrocedió no había sonido, solo la frase en su mente, como si el espejo pensara dentro de él. —¿Hambre de qué? —preguntó, sin voz, el reflejo sonrió, sus labios se abrieron como una boca real, dentro no había dientes, sino carne, palpitante, viva. Jhon cerró los ojos, recordaba cuando hace pocos años miraba cuerpos en revistas a escondidas, en películas prohibidas, una noche su padre lo descubrió solo fue una vez y que maldita vez, intento recordar cuantos años habían pasado de eso quizá dos o menos, le rompió la pantalla del ordenador, le obligó a memorizar pasajes de filosofía estoica como castigo, tenía prohibido cualquier cosa que no fuera trabajo y estudio desde entonces, el deseo se convirtió en vergüenza se reprimía, se escondía era algo que intentaba contener y hacer que no existía pero no desapareció, solo cambió de forma. El reflejo de el mismo estaba en el espejo, seguía allí, Jhon lo observó de nuevo, su reflejo comenzó a moverse se tocaba el rostro, el pecho, el abdomen no con lujuria, sino con hambre como quien busca algo que no encuentra, Jhon sintió que el aire se espesaba el calor atacaba con fuerza se quitó la camisa, luego los pantalones no por deseo, sino por necesidad, el espejo le estaba pidiendo algo y quería entender qué le pedía el espejo, qué parte de sí mismo había olvidado. Entonces el reflejo habló de nuevo. —No es sexo lo que buscas, es contacto, es reconocimiento, calor, quizá amor. — Jhon cayó de rodillas lloro de nuevo no por vergüenza, sino por alivio por primera vez, alguien —algo— lo veía sin exigencias, sin máscaras, se atrevía a decir lo que él pensaba, ¿ese algo había visto su dolor? La habitación se transformó, las paredes desaparecieron, el suelo se volvió líquido, Jhon flotaba el espejo este era ahora un portal, dentro, cuerpos sin rostro lo llamaban, no con palabras sino con gestos estos le ofrecían caricias, abrazos, miradas, pero cada vez que se acercaba, se desvanecían como si su deseo los destruyera. El espejo se cerró de golpe, Jhon quedó solo frente al espejo, desnudo, hambriento, se levantó de la cama de la que no se había movido en todo el trance y caminó hacia el estudio, encendió la lámpara y tomó un lienzo, esta vez no usó restos de comida, usó sus manos, pintó cuerpos entrelazados, pero sin genitales, sin rostros solo piel, solo tacto. Cada trazo era una confesión, cada sombra una caricia que nunca recibió pintó hasta que sus dedos sangraron hasta que el lienzo lo abrazó y el sol de la mañana acaricio su rostro a traves de la ventana del estudio, miro el lienzo y sabía que había terminado. La escena termina con Jhon frente al cuadro no hay placer no hay orgasmo, solo una pregunta: ¿cuánto se puede desear antes de olvidar lo que se desea? El espejo no aclara nada, solo repite, solo distorsiona. Había pasado toda la noche en el despacho sin dormir, se levantó del pequeño taburete, mientras pintaba se había dado cuenta de algunas cosas importantes, sabía que debía salir de este bucle infernal, su padre ahora no estaba aquí y no podia alcanzarlo, sabía que su padre se había encargado de que, aunque no estuviera cerca condicionarlo, pero eso debía cambiar. La mayor parte había estado pensando en invertir en una galería para exponer sus obras en modo anónimo, sin que nadie pudiera deducir quien era el autor, así que cogió su portátil después de darse una ducha fresca para despejarse y busco lugares cuales comprar para ello en Munich o en Rosenheim, las exposiciones no estaban abarrotadas en estos lugares pero si creía que sus obras aquí atraerían a bastante gente para generarle suficiente dinero propio y así poder dejar de depender del trabajo de su padre y ahorrar bastante dinero por su cuenta. Desde esa noche muchas cosas cambiaron, fue su mejor cumpleaños, aunque aún no había caricias ni tacto, pero él estaba desnudo de nuevo frente al espejo, no sabía cómo, pero su mano sujetaba su m*****o ahora blando tras correrse, miro al suelo abrió los ojos en grande al ver su esencia esparcida por el suelo y parte del espejo, se miró a el mismo, atónito, era la primera vez que de verdad sentía el orgasmo sin culpa, pero estaba comenzando a salir del bucle y eso ya era un gran paso. Era la segunda vez en dieciocho años que sentía algo, la primera había sido su compañera de clase en el instituto cuando tenía quince años, no hablaban mucho al principio Jhon era muy reservado, casi hermético, pero Amalia su compañera de clase tenía una forma de mirar que no exigía nada, solo ofrecía presencia, muchas veces se sentaba junto a él y no decía nada, le daba refrescos o bocadillos en el descanso de clase, él siempre había pensado que ella pasaba por algo similar. Una tarde, después de clase, Amalia lo invitó a que fuera con ella a el taller de pintura, no había cuadros colgados, solo lienzos en blanco y una mesa con té, se sentaron en silencio Amalia le ofreció una taza sin preguntar si quería Jhon la aceptó. —No tienes que hablar —dijo Amalia—. Solo quédate y bébete el té, te gustara. — Le sonrió con timidez, estuvieron horas callados bebiendo te, de vez en cuando se observaban y era suficiente, esto comenzó a ocurrir casi todas las tardes, cada tarde se acercaban más hasta que paso lo inevitable. La lluvia golpeaba suavemente los cristales, como si el mundo entero se hubiera detenido para escucharlos, Amelia se acercó a Jhon con pasos lentos, como si cada uno fuera una decisión él la miró sin decir nada, pero sus ojos hablaban en un idioma que ella ya empezaba a entender no era solo deseo era necesidad, ternura, era miedo. Ella sabía que Jhon no daría el paso, en estas tardes había conseguido que le contase ciertas cosas y sabía que el por miedo a represalias no daría el paso. —¿Estás segura? — preguntó él, su voz apenas un susurro. Ella no respondió con palabras solo levantó la mano y la apoyó sobre su pecho, justo donde el corazón latía con fuerza, Jhon cerró los ojos, como si ese gesto lo desarmara por completo. El silencio entre ellos se volvió denso, cargado de memorias no dichas y promesas que aún no sabían cómo cumplir, cuando sus labios se encontraron, no fue una explosión, sino una rendición, como si ambos entendieran que no había nada más que esconder , sus cuerpos se buscaron con cuidado, como quien explora un territorio sagrado cada caricia era una pregunta, cada respiración una respuesta no había prisa solo la certeza de que, por primera vez en mucho tiempo, estaban exactamente donde debían estar. Jhon se arrepintió de esa tarde toda su vida y lo haría hasta que se muriese. Actualidad. Llego a su oficina y se sentó en la silla de tela había estado pensando en conseguir una galería fuera de Alemania, habían pasado muchos años desde la vez que lo pensó por primera vez, así que decidido comenzó a buscar después de varias horas sin decidirse había encontrado una de tamaño medio, lo justo para atraer a gente, pero para no llamar mucho la atención, se topó con que esa que específicamente tenía dueño. Soltó un bufido, cansado, ahora debía buscar al dueño de dicha galería, le tomo unos minutos localizarlo, aunque más bien localizarla, esto le sorprendió a Jhon la dueña era una chica joven llamada Gina Harris, era dueña desde hacía dos años y al parecer no le iba tan mal, busco la manera de ponerse en contacto con ella encontrando un número de teléfono y un correo electrónico que supuso que era de la galería y que la dueña respondería, añadió el numero a la agenda de contactos pero su introversion le hizo mandar un correo electrónico así evitando el contacto directo o que si quiera tuviera que escuchar su voz, evitando que de alguna manera pudiera reconocerlo, aunque era casi imposible, su acento alemán lo delataría un poco, si no obtuviera respuesta no le quedaría otro modo que llamarla, le daría unos días de margen para contestar pensó en la manera de conseguir la galería seguro que ofrecerle una gran suma de dinero seguro que ayudaría a que se la vendiera. Había pasado toda la tarde impaciente, aunque había intentado no estar nervioso, pero quizá la impaciencia era otro error heredado, otra cosa más que odiaba e intentaba cambiar, no había obtenido respuesta de la chica, respiro hondo y bajo al sótano para calmarse, debía elegir la nueva obra que pondría a la venta o expondría en cualquiera de sus galerías, ninguna de ellas le parecía que estaba lista ¿O quizá era el, el que no estaba listo para mostrarlas? Entro al pasillo número uno, no había sido capaz de exponer ninguna de las que había en ese pasillo, entro despacio, en este pasillo el aire era denso, hacia calor, sus manos comenzaban a picar, rascándoselas inconscientemente, se acercó a uno de los cuadros que recordaba con distorsión, recordó esa noche tan rara y oscura, solo tenía recuerdos sueltos, fue tan confuso que comenzó a dolerle la cabeza, saco el lienzo con cuidado y lo observo. Una figura masculina se contempla en un espejo que se abre como una boca, los labios del reflejo están hechos de carne cruda, en sus ojos hay hambre, pero no por comida, el fondo es un dormitorio sin puertas, este se da placer, pero parece que no siente nada. Salio con el lienzo en sus manos y lo llevo a la mesa donde los preparaba para enviarlos a las galerías, este lo preparo con sumo cuidado, pero sabía que aún no estaba listo, pero había completado el primer paso, había conseguido entrar en el pasillo número uno, el de los tormentos y pesadillas, había conseguido atrapar una y encerrarla, ahora quedaba superarla y sacarla al mundo, la dejo con cuidado en un lateral de la estancia, «unos días más». pensó.
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