Ficha de la obra: Mixta sobre madera. 200 x 150 cm. Autor: Amelia Collins. Año: 2006.Una biblioteca sin paredes, donde los libros flotan como peces. En el centro, una mujer con los ojos abiertos y la boca llena de páginas. Sus manos están atadas con cintas de papel. El cielo es una espiral de letras.
Jhon despertó rodeado de libros no era extraño desde que tenía memoria, vivía entre ellos. Su padre le había enseñado que el saber era poder, pero también castigo, cada error se corregía con una lectura obligada cada lágrima, con una lección en latín.
A los seis años, Jhon recitaba a Cicerón, a los diez, leía tratados de economía, a los quince hablaba cinco idiomas, pero nunca había leído por placer, solo por deber solo por miedo.
Ahora, a los treinta y tres, su despacho parecía una biblioteca viva los libros no estaban ordenados, sino apilados, desbordados, como si quisieran escapar había volúmenes en el suelo, sobre la mesa, debajo del escritorio algunos de ellos ni siquiera los había abierto o leído, solo estaban allí cogiendo polvo, era un hábito que había conseguido obtener gracias a Amelia aunque ella nunca lo supiera, después de encontrarla muerta en la sala de arte donde siempre se reunían había cambiado drásticamente, había vuelto a ser callado, aburrido, insulso, había vuelto a la monotonía que su padre le había inculcado, Amelia había sido su primera amiga, su primer amor, la unica que había entendido todo sin mencionar una palabra, tenía claro que ella iba a ser su todo pero sabia quien se la había arrebatado, esto marco un cambio en el tan hondo, la culpa en sus ojos oscuros se reflejaba sin ocultarla, no volvió a acercarse a nadie más así que por eso no podía dejar de comprarlos pensaba en cual le podría haber gustado a ella y los comenzó a acumularlos, a devorarlos.
Ese día, Jhon se sintió más hambriento que nunca no de comida no de contacto sino de respuestas. ¿Porque su padre le hacía esto? ¿Lo odiaba? ¿Qué hubiera pasado si su madre no hubiera muerto? Necesitaba que este trato ruin tuviera algún sentido. No lo entendía, necesitaba que algo le justificara su existencia. ¿Qué hacía en este mundo? Se levantó y caminó hacia el estudio avanzo hasta la estantería más grande y cogió un libro al azar: La ética de Spinoza. Leyó tres páginas, luego otro: Tratado sobre la melancolía y otro: Manual de anatomía emocional. No conseguía retener nada solo leía y veía letras que en algún punto se distorsionaban como quien come sin saborear la comida, solo engullendo, las palabras se mezclaban, las ideas confundidas Jhon sentía que su mente se expandía, pero también se vaciaba era como llenar una copa rota, pintar sobre agua.
Recordó otra escena de su infancia, tenía ocho años quería dibujar una mariposa así que lo hizo su padre lo encontró y le quitó el lápiz gritando le dio un libro de biología y le obligó a memorizar las especies de lepidópteros. «El arte es ignorancia disfrazada», dijo. Jhon aprendió las mariposas a estudiarlas, pero nunca a pintarlas así que comenzó a olvidar lo que sentía, desde entonces cada libro era una armadura, cada página una muralla, pero ahora, esas murallas se derrumbaban al recordarla.
Jhon cerró los ojos imaginó una biblioteca sin fin, estanterías que se alzaban hasta el cielo libros que flotaban como peces. En el centro, él mismo, con Amelia quizá esa hubiera sido la biblioteca que ella había elegido para su casa ¿Habría vivido con ella, hubiera aceptado casarse con un hombre lleno de miedos e inseguridades conseguidas a golpes? Amelia reía con fuerza, lo miraba con cariño y amor, hasta que ella bajo la vista y su expresión se volvió triste incluso preocupada Jhon bajo la vista y se miró las manos llenas de cicatrices estas sangraban de nuevo, todo el suelo de la biblioteca estaba ensangrentado miro de nuevo a Amelia y esta estaba sentada en una silla, atada y desnuda, llena de cortes con los ojos aun abiertos sin vida se había desangrado ahi mismo la boca abierta de forma inhumana llena de hojas de dibujos, los dibujos que él le había regalado, no podía hablar, no podía respirar ni siquiera podia llorar pero sabia quien había sido.
El conocimiento se había convertido en una forma de gula, no buscaba entender, sino llenar no quería aprender, sino anestesiarse y recordarla, quería aprender a vengarse. Caminó hacia el lienzo esta vez, pinto con palabras recortó frases de sus libros favoritos y las pegó sobre el lienzo creó un collage de ideas rotas, de pensamientos inconexos en el centro, dibujó un rostro con boca sin ojos lleno de libros una boca hambrienta sellada para siempre, cada palabra era una herida, cada frase una confesión no dicha, pintó hasta que el lienzo se volvió ilegible hasta que el saber se convirtió en ruido.
Jhon sentado frente al cuadro, no hay sabiduría, no hay revelación. Solo una pregunta: ¿cuánto se puede saber antes de olvidar quién se es?
Actualidad.
Guiado solo por el resplandor tenue de la luna que se colaba por la ventana, el silencio era denso, casi táctil, en el centro del sótano, colocó una caja de madera dentro uno de sus libros más preciados: La estructura de la mente, de Kandel. Se lo había regalado Amelia la tercera vez que se vieron en su casa, lo había leído tantas veces que las páginas estaban desgastadas, subrayadas con obsesión, anotadas con una caligrafía que ahora le parecía ajena.
Se arrodilló frente a la caja la abrió con cuidado, como quien desentierra un recuerdo pasó los dedos por la portada, sintiendo el relieve de las letras. Ese libro había sido su guía, su escudo, su excusa lo había usado para justificar su distancia emocional, para explicar su incapacidad de amar sin diseccionar, era el regalo de Amelia, la unica que de verdad lo había entendido, pero ahora, lo miraba como se mira a un ídolo caído, tomó una cerilla la encendió con manos temblorosas el fuego era pequeño, casi tímido, lo acercó a la esquina de la primera página el papel tardó en reaccionar, como si se resistiera pero luego cedió y la llama se propagó con rapidez, devorando conceptos, teorías, certezas y llevándose recuerdos de Amelia, había leído que quemar las cosas del pasado te dejaba avanzar y dejarlo atrás, rio sin ganas. «Quizá eso debía haber hecho con todo lo que rodea a mi padre». pensó con humor, sorprendiéndose de el mismo, quizá si era verdad que esta acción lo ayudaba a avanzar.
Jhon observó como el fuego iluminaba la habitación y a el mismo, revelando una mezcla de tristeza y liberación. Cada página que se convertía en ceniza era una confesión. Un “ya no más”. Un “no necesito entenderlo todo para sentirlo”.
El olor a papel quemado llenó el estudio no era desagradable era cálido, era luz en la oscuridad, como si el conocimiento se transformara en humo para dejar espacio al vacío necesario. Cuando el fuego se extinguió, solo quedaron restos negros y quebradizos Jhon los recogió con cuidado y los colocó en un frasco de vidrio como recordatorio t lo etiquetó con una sola palabra: “Renuncia”.
Esa noche durmió por primera vez sin libros en la mesilla solo con una libreta en blanco, no tenía sueño, pero se sentía bien, liberado, tenía muchas cosas que decir así que no perdió la oportunidad y cogió la libreta y comenzó a escribir.
Escrita a mano, nunca enviada. Guardada entre las páginas de un libro de cocina que ella solía usar.
Mamá, no sé si estas palabras llegarán a algún lugar, tal vez solo las escribo para que no se pudran dentro de mí. Ojalá estuvieras aquí y me hubieras enseñado qué hacer con todo lo que se queda dentro cuando uno obedece esas reglas, a veces me pregunto si tú también tenías hambre, no de comida, sino de ternura, que alguien que te dijera que no tenías que ser perfecta.
Yo lo tengo, esa hambre me consume, me hace pintar cosas que no entiendo del todo me hace buscar en espejos lo que no encuentro en la gente ni en mí mismo, creo que deliro, no estoy bien mama, tengo que salir de este bucle que me va a matar, pero no sé cómo. Te culpo, a veces por tu silencio por haberme dejado solo con él, por haber elegido a ese hombre, pero también te perdono porque sé que tú también fuiste la victima antes que yo de alguien que no sabía cómo amar sin condiciones.
Mamá, estoy aprendiendo a tocar sin miedo a dejar que me toquen a no esconderme detrás de la técnica, del control, del juicio.
Si alguna vez me viste donde estes espero que estes orgullosa de mí, está bien, o te veo ahora en cada trazo en cada intento de ternura que pongo en mis cuadros, mis sentimientos están rotos, pero quiero aprender a sentir algo más que miedo.
Te quiero. Aunque me duela ese sentimiento.
Jhon.
Jhon necesitaba un buen lugar para la carta de su madre, abrió su mesilla y saco el libro de cocina de su madre lo sujetaba con cuidado ya que sabía que había sido el favorito de su madre, Bettina lo había guardado con cariño junto con otras cosas para que él lo conservara, era de las pocas cosas que su padre no se deshizo, guardo el libreo y volvió a la cama, se acurruco y por primera vez se durmió sin mucho impedimento.
Inglaterra 1:06 de la mañana.
Gina dormía plácidamente después de un día duro en la galería, los artistas eran personas muy exigentes y quejicas, era difícil lidiar con ellos si además se creían superiores a ella por tener un poco de fama en el mundo artístico, no todos eran así, pero la gran mayoría no eran lo que parecían. En el último año había conseguido atraer a suficientes artistas para comenzar a ganar bastante dinero, había podido quitarse parte de las deudas y tener al menos para moverse en autobús y comer más que ensaladas y legumbres, su suerte parecía que comenzaba a florecer. Al salir de la ducha escucho como de su viejo portátil salía la notificación de un nuevo e-mail, curiosa se acercó mientras se secaba el pelo con la toalla, se sentó despacio en la silla con el entrecejo fruncido, un mensaje anónimo interesándose por su galería y una gran cantidad de dinero de oferta, se mordió el labio con interés, esa cantidad podría sacarla por fin de sus deudas pero era un mensaje pobre y sin nombre, seguramente una broma o una estafa, así que cerro su portátil de golpe enfadada porque nunca conseguiría esa gran cantidad de dinero, termino de secarse y se puso el pijama ceno las sobras de la comida y se acostó para descansar todo lo que fuera posible, mañana tendría otra reunión con otro pintor con el ego en las nubes y eso era demasiado agotador. Los días seguían pasando y Jhon no había obtenido respuesta al e-mail estaba decidido a llamarla pero su miedo a hablar y ser descubierto aunque fuera casi imposible lo aterraba así que espero y espero toda la mañana el e-mail en respuesta, se pasaba las horas mirando el correo enfadándose a cada hora que pasaba sin recibir respuesta, intentaba justificar el que no hubiera respuesta, quizá la zona horaria o que estaba ocupada o simplemente que no se haya dado cuenta, pero su impaciencia no lo dejaba tranquilo, este tema era muy serio para él y las obras en su sótano sin ver la luz le añadían ansiedad a su impaciencia, todo lo que quería lo conseguía poque le constaba mucho dar el primer paso, tenía ya la primera obra para ese lugar lista y envuelta para ser enviada y no quería llegar al punto de que su bucle mental lo hiciera arrepentirse.