Ficha de la obra: Instalación con objetos encontrados. 300 x 300 cm. Autor: Jhon Año: 2025.Una mesa larga, vacía, con platos servidos frente a sillas desocupadas. En cada plato hay una carta no enviada. En el centro, una figura hecha de espejos rotos sostiene una copa vacía.
Jhon preparó la mesa como cada domingo dos cubiertos, dos platos, dos copas Bettina vendría de hacer las compras y comerían la comida que él había cocinado, solo eran ellos y estaba agradecido, nadie había venido en años, pero él seguía cocinando, sirviendo como si cientos fueran a aparecer, pero solo era Bettina y valía más que cualquier persona.
La comida no era para él era para los que ya no estaban, para los que prometieron volver y no lo hicieron cada plato era una ofrenda cada silla, un altar. Pero el aún no lo sabía.
Ese día cocinó con más esmero: Lentejas con foie, ensalada de mango y menta y pan casero con romero, postre de higos con queso azul, cada receta tenía una historia la ensalada era la favorita de Jhon, el pan, el que hacía su madre, el postre el favorito de Bettina mientras cocinaba, pensaba en que Bettina parecía retrasarse un poco, imitaba su voz cuando le hacía ver que se preocupaba por ella y ella le decía que era un exagerado, repetía sus frases y se reía de sus chistes pero era una comida fantasma. Cuando todo estuvo listo, se sentó en la cabecera, levantó la copa y bebió un trago de vino brindó por los ausentes, pero el aún no lo sabía, por los que lo amaron al completo por los que lo dejaron sin despedirse por los que nunca supieron que él los esperaba.
Pero él estaba a punto de enterarse.
Una llamada inesperada entro en su móvil, un numero extraño, dudo en contestar, pero algo le decía que debía cogerlo y así lo hizo, solo pudo escuchar las primeras palabras de la voz masculina que le hablaba y contaba lo ocurrido, el mundo pareció detenerse en ese momento, parecía que los platos y los vasos levitaban a su alrededor, la copa cayo de su mano manchando el suelo de rojo.
— ¿Hola? ¿Señor Willard? — Sí, soy yo. ¿Quién habla? — Le llamo del servicio de emergencias, necesitamos informarle que Bettina, ha estado involucrada en un accidente, está siendo atendida en este momento por los servicios médicos... — Colgó rápidamente y salió de la casa con rapidez hacia el hospital, temblaba, nervioso, confundido, necesita respuestas por su bien mental, estaba a punto de llorar o de gritar, no lo sabía bien. ¿Esto era sentir? Claramente no le gustaba.
Conducía por las calles de Rosenheim como una bala, la imprudencia casi hace que atropelle a varias personas, pero en su estado de pánico ni siquiera se dio cuenta, llego al parking del hospital donde tenía asignado su historial, él se encargó de que tanto como él y Bettina tuvieran los mejores medicos. Entro con rapidez llegando a la recepción como un huracán, las personas de la zona lo conocían, como no, la reputación de su padre no pasaba desapercibida y la suya menos, el soltero más codiciado de Rosenheim, se paró en el mostrador mirando con suplica a la recepcionista. — Por el pasillo a la izquierda, espere en la sala de espera, están operándola de emergencia, el golpe ha sido bastante grave, ha perdido mucha sangre, pero el medico está haciendo todo lo posible. —La recepcionista le contesto con tristeza intentando consolarlo de alguna manera, pero no servía de nada. — El dinero no es un problema para mí, hagan todo lo que haga falta para que se salve. — No se entretuvo más y avanzo hasta la sala de espera, se sentó abatido, se pasó las manos por la cara y espero, espero y espero, hasta que las puertas del quirófano se abrieron de par en par, un médico cabizbajo salió y avanzo hasta él. — Lo siento... el golpe fue muy duro, el golpe en la cabeza fracturo el cráneo y el daño era irreversible. — Jhon se levantó abruptamente haciendo callar al médico no quería escuchar más, no podia.
Salio del hospital necesitando aire, «no, no, contrólate, aquí no».se dijo así mismo, no podia darle un ataque de pánico aquí, no delante de tanta gente, intento mantener la compostura, tantos sentimientos nuevos que nunca había sentido, al salir empezó a correr hasta encontrar a la vuelta del hospital un callejón lo bastante profundo, las lágrimas después de tantos años brotaban sin control, sentía calor y frio a la vez, un grito desgarrador salió de su garganta, ahogándose en su llanto, en un llanto de niño que había perdido a su madre porque sí; Bettina había sido una madre para él, era la unica persona que le quedaba, la unica persona que lo había entendido y querido, lo había cuidado y había sufrido por él y ahora no estaba ¿Que sera de mí? pensó con temor. Era la segunda vez que pasaba por esto y lo odiaba prefería morirse el ante de ver las muertes de los demás, intento recomponerse todo lo que pudo para volver al hospital para organizar todo lo necesario para enterrar a Bettina, mientras lo hacía y esperaba se le pasaban tantas cosas por la mente ¿Y si su padre lo había hecho de nuevo? ¿Y si había sido él? La ira comenzó a quemarle las venas, esta vez no lo dejaría pasar, la primera vez era joven y no tenía las armas suficientes ni la madurez que tiene ahora, quería, necesitaba venganza si descubría que había sido él.
Tres días después de la muerte de Bettina.
El cielo estaba gris, pero no llovía, como si el mundo contuviera el llanto por respeto, como si supiera que se había ido una gran persona y mujer, el entierro había sido breve pocas palabras se habían acercado bastantes personas cercanas a ella que la conocían del día a día, personas que lo conocían a él, muchos silencios, Jhon no se acercó al ataúd, solo adelanto un paso para sacar una carta, no eran cartas enviadas eran confesiones que nunca se atrevió a compartir con Bettina, la tiro sobre la caja de pino con una rosa blanca, antes de que la tierra la tapara por completo, los únicos sentimientos buenos y bonitos que había tenido morían con ella, esta vez la figura central del cuadro —hecha de espejos rotos— representa a Jhon, no como él se ve, sino como cree que lo ven los demás: fragmentado, reflejo de lo que otros proyectan la copa vacía simboliza el afecto que nunca se llena, por más que se intente.
No quería recordarla así, quería recordarla viva, recordar todas las veces que lo salvo y ayudo, todos los sentimientos bonitos que le hizo aprender, no quería que su última imagen de Bettina fuera la de una caja cerrada. Cuando todos se marcharon, él se quedó solo, sentado en el banco de piedra frente a la tumba, el mármol aún estaba limpio las flores frescas, pero el aire ya olía a ausencia a tristeza a putrefacción.
Escuchó pasos detrás de él no necesitó girarse para saber quién era, ni si quiera se molestó en moverse —No pensé que vendrías —dijo Jhon en voz baja, su padre se detuvo a unos metros se había molestado en vestir de n***o, como dictaba el protocolo, siempre fiel a cumplir las reglas, pero su rostro no mostraba duelo, solo rigidez. —No vine por ella —respondió—. Vine por ti. — Jhon se levantó lo miró por primera vez en años, el hombre que tenía delante no era un monstruo. Era peor: era un hombre común, frío, preciso, inquebrantable. —¿Por mí? —repitió Jhon incrédulo de lo que escuchaba.—. ¿Después de todo? — Su padre no respondió solo lo observó, como si evaluara el daño, como si lo saboreara, se alimentaba de hacerle daño. —La amaba, era la unica que me entendió, que me quería — dijo Mateo, con la voz quebrada —. Y tú me las quitaste a las dos. —Era una amenaza —respondió él, sin titubear—. Te alejaba de tu propósito, te debilitaba, te deje ir con ella por el consejo de ella de que estarías mejor y te centrarías más, pero me mintió, mira como estas ahora, es suficiente prueba, le avise hace unos años, pero no me hizo caso, esa pequeña zorra se plantó igual y mira donde están, bajo tierra. — dijo con desprecio Jhon sintió cómo la rabia le subía por el pecho había reconocido que había matado a las únicas dos mujeres que lo habían querido en toda su vida, pero no gritó, no golpeó solo se levantó lentamente encarándolo y se acercó. —Mi propósito no era ser tú. —El silencio entre ellos se volvió espeso, su padre bajó la mirada por primera vez. —No sabes lo que es cargar con un legado —murmuró. —No, pero sé lo que es cargar con el maltrato de un familiar que debía quererte, con inseguridades, con pesadillas y contra mí mismo con... dos muertes. — dijo con pesar, Jhon se dio la vuelta caminó hacia la salida del cementerio antes de cruzar la verja, se detuvo. —No volveré a verte no porque te odie, sino porque ya no tengo hambre de tu aprobación. — Nunca escaparas de mí. — Murmuro, Jhon lo escucho, pero no dijo nada siguió caminando, su padre no lo siguió no lo llamó solo se quedó allí, frente a la tumba de una mujer que nunca entendió, y de un hijo que ya no le pertenecía.
Jhon llego a esa casa ahora vacía, lloro de nuevo, pero había un sentimiento nuevo, libertad, se sentía liberado por fin de las garras del monstruo, pero el coste había sido muy alto, acostado en el sofa con una botella de whisky pasaban las horas, una tenue luz alumbro la triste oscuridad que lo envolvía, cogió el teléfono sin ganas, un e-mail nuevo había llegado, lo abrió esperando algún asunto de trabajo, pero se sorprendió al ver el nombre de Gina Harris como remitente.
Asunto: Sobre tu propuesta.
Jhon leí tu mensaje con calma me tomé el tiempo que necesitaba para responderte, no por falta de claridad, sino por respeto a lo que significa esta galería para mí.
Sé que tu intención no es herirme imagino que tu propuesta viene desde un lugar sincero, incluso generoso, pero no puedo aceptar, no porque no valore lo que ofreces, sino porque esta galería no está en venta nunca lo estuvo, este espacio nació de una herida, pero también de una esperanza cada rincón, cada obra, cada silencio que habita aquí es parte de un proceso que no se puede transferir, ni comprar, ni negociar, no es una propiedad: es una extensión de lo que soy, de lo que fui, y de lo que estoy aprendiendo a ser.
Pero si lo que buscas es poseerlo, entonces no lo estás viendo por lo que realmente es solo que quiero que entiendas que hay cosas que no se pueden tener, solo acompañar.
Con afecto, Gina Harris.
Jhon no comió, solo observó, esperó, escuchó el silencio y en ese silencio, creyó oír pasos, risas, murmullos los recuerdos o tal vez eran delirios, tal vez era el hambre hablando, al final, recogió los platos apagó las luces, pero dejó una vela encendida por si alguien llegaba tarde, se acostó en su cama aun vestido, releyendo una y otra vez el mensaje de Gina, le causo tanta intriga, lo había ofendido cortésmente y no sabía si enfadarse o cómo actuar, ahora quería al menos verla una vez para saber quién era, en el email decía que nació de una herida ¿Ella habría sufrido tanto como él? ¿Lo entendería? ¿Sería capaz de hablar con él, ser su amiga?