Ficha de la obra: Escultura en cera, incienso y metal oxidado. 180 x 120 x 120 cm. Autor: Jhon. Año: 2025. Una figura arrodillada frente a un altar desbordado de velas encendidas. En lugar de rostro, tiene una cavidad con una llama viva. De su espalda brotan alas hechas de cuchillos. El suelo está cubierto de cenizas y pétalos.
Jhon no había dormido ni había comido por tristeza, por enfermedad, la muerte de Bettina lo había afectado todo en su vida, ella estaba en su rutina casi la mayor parte del día, llamadas, comidas compartidas, conversaciones profundas y a veces graciosas, era la unica que había conseguido entrar al sótano, aunque fueron pocas veces y solo le llevaba comida, sabía que ella había observado las obras que hacía, pero discretamente y nunca le dijo nada de ninguna. Había convertido parte del sótano en un templo las paredes cubiertas de símbolos el suelo, de cenizas, en el centro, un altar improvisado: una mesa cubierta de velas, reliquias rotas, fragmentos de cuadros anteriores. Cada objeto tenía un significado. Cada llama, una plegaria no rezaba a ningún dios rezaba al vacío que le había dejado Bettina, esta era su despedida, la hizo con la posibilidad de que algo respondiera a la idea de que el arte podía ser redención, que el dolor podía ser lenguaje que el hambre de algo nuevo podía ser camino, la libertad ya la había obtenido a pesar de las amenazas de su padre. Había contestado a Gina, la chica de la galería con educación y mucha intriga.
Asunto: Propuesta para adquirir la galería.
Hola Gina.
Espero que te encuentres bien, he estado visitando la página web de tu galería con frecuencia, y cada vez salgo con algo que no sabía que necesitaba o que no sabía, lo que has creado allí no es solo arte, es un espacio que respira. Sé que puede parecer atrevido, pero quería proponerte algo: me gustaría volver a acerté la propuesta para adquirir la galería, no para cambiarla, sino para cuidarla, expandirla, darle más visibilidad, creo que tiene un potencial enorme, y me encantaría que siguiera creciendo por supuesto no excluyéndote a ti, solo sería un socio quizá, si prefieres hablarlo por teléfono o en persona, estoy disponible cuando tú quieras.
Con respeto, Jhon.
Durante días esperando la respuesta de Gina y trabajando desde casa, se dedicó a crear una escultura o al menos lo intentaba no tenía técnica, así que la hizo con fe, fundió cera con incienso, oxidó metal con lágrimas modeló una figura arrodillada, sin rostro, con una llama en el lugar de la cabeza, le dio alas de cuchillos porque la búsqueda espiritual también corta también hiere.
Cada noche encendía las velas se arrodillaba frente a la figura le hablaba, le pedía respuestas, le ofrecía partes de sí: un mechón de cabello, una confesión escrita, una fotografía quemada pero no respondía, no se movía y eso lo heria más, la escultura estaba fría, estaba muerta, solo el fuego, solo el silencio.
Una madrugada, mientras observaba la escultura, Jhon sintió que algo vibraba dentro de su bolsillo «Gina» el nombre de la chica vino como primer pensamiento, miro el móvil con interés, entonces, apagó las velas cubrió la escultura con un manto no la destruyó, pero dejó de adorarla mientras leía el mensaje con ilusión volvió a comer, se durmió pensando en la conversación que habían mantenido volvió a dormir, volvió a mirar el mundo sin buscar señales.
Asunto: Sobre tu propuesta.
Hola Jhon.
Gracias por tu mensaje, me alegra que veas algo valioso en la galería, pero debo ser honesta: no puedo venderla, aunque el dinero me vendría muy bien, este lugar fue mi sueño desde que era una niña y cada rincón está tejido con fragmentos de mi historia. No es un proyecto, es una extensión de mí no quiero que se convierta en algo que se mida por su potencial comercial, así que lo de ser socio podría barajarlo, pero con mis condiciones, pero quizá no es algo que te interese, dicho esto, agradezco tu interés y si alguna vez quieres compartir ideas, colaborar o simplemente conversar sobre lo que te inspira, estaré encantada.
Un abrazo, Gina Harris,
Asunto: Gracias por tu sinceridad.
Hola Gina.
Gracias por tu respuesta la leí entendiendo tú posición y me conmovió más de lo que esperaba no sabía que la galería tenía un origen tan íntimo, y ahora la veo con otros ojos no quiero insistir solo quería decirte que admiro tu forma de proteger lo que has construido, me hizo pensar en lo que yo he perdido por intentar poseer en lugar de acompañar.
Si te parece bien, me gustaría hablar al menos por teléfono una vez para intentar que me dejes ser socio de tu galería, podría enseñarte varios de mis cuadros y que los veas, aunque tengo que pedirte que lo mantengas en secreto.
Con afecto, Jhon.
Jhon por un momento le sudaron las manos, le había contado a alguien que pintaba y aunque no sabía que era él se sentía fuera de lugar, no sabía porque confiaba tanto en esta chica, pero le había contado más que a cualquiera.
Asunto: Me alegra leerte así.
Hola Jhon.
Tu mensaje me hizo sonreír no por lo que dices, sino por cómo lo dices, hay algo muy valiente en reconocer lo que uno ha perdido por querer controlar, claro que puedes llamarme cuando quieras, si te apetece puedes mandarme algunos de ellos por este medio, aunque por fotos no sera lo mismo puedo conformarme, supongo que no quieres que sepa quién eres por eso tu pedido de que sea anónimo, estoy acostumbrada a trabajar con artistas en el anonimato así que no te preocupes. Me interesa saber qué te llevó a la galería la primera vez. A veces, las historias que no se cuentan son las que más nos unen.
Hablamos pronto, Gina.
Jhon no contesto más, se quedó durmiendo sin despertarse una sola vez, a la mañana siguiente decidió que era hora de volver al trabajo, se presentó en la oficina, entro a su despacho y comenzó con el papeleo y las reuniones hasta la hora del descanso. Jhon dejó el móvil sobre la mesa, dudando, había leído los correos de Gina más de una vez, cada palabra resonando como si viniera de un lugar que él había olvidado que existía finalmente, lo tomó y marcó su número, no sabía qué iba a decir, solo que necesitaba escuchar su voz. —Hola —dijo Gina al contestar, con una voz suave, como si ya supiera que era él. —Soy yo —respondió Jhon, más nervioso de lo que esperaba, hubo un breve silencio no incómodo, sino lleno de aire, como si ambos estuvieran respirando lo mismo desde lugares distintos. —Pensé que llamarías antes —dijo ella. —Yo también pero no sabía si estaba haciendo bien o si estabas ocupada. — Dijo con la voz baja, como si tuviera miedo de que le colgara. — No pasa nada Jhon pero deduzco que no somos del mismo país ya que aquí son altas horas de la noche. — Él sonrió, aunque ella no podía verlo, después de entender lo que había dicho se echó la mano en la cabeza con vergüenza. — Oh...lo siento mucho no se me paso por la cabeza mirarlo, no fue consciente de eso, lo siento te colgare, llamare en otro momento. — Jhon hablaba muy rápido, nervioso y con culpa, escucho la risa de Gina y se relajó un poco. — No pasa nada, estaba despierta todavía, el trabajo aquí es más duro de lo que parece, dime lo que querías hablar. — He estado pensando mucho en ti, en lo que dijiste. — Jhon se dio cuenta de que había sido tosco, no quería incomodarla, se puso más nervioso. La atención de Gina se volvió completa para Jhon por sus palabras, le sorprendieron. — ¿Sobre la galería? — Intento arreglarlo Gina. — Sobre todo, en tu forma de protegerla me hizo pensar en lo que yo nunca protegí he pasado años construyendo cosas que no me importaban, y ahora me doy cuenta de que nunca tuve un lugar que fuera realmente mío. — Una pausa sin incomodidad, Jhon se apoyó en el respaldo de la silla y Gina a kilómetros de él hizo lo mismo, afuera, la ciudad parecía suspendida en una calma extraña como si el mundo les diera permiso para hablar sin prisa. — Entonces puedo entender por qué la galería te atrajo, no por lo que hay colgado, sino por lo que falta. — Gina entendió a Jhon, ella había sentido lo mismo por la galería. — Si me dejases ser socio de alguna manera...dijiste que te hacía falta el dinero, te lo dare, el dinero no me importa. —Jhon hablo con suavidad con pena y suplica, Gina esto la desconcertó. — Seria mejor hablar esto en persona quizá podrías redactar un contrato o algo así, con tus condiciones, no me negare a casi nada. — Gina lo escuchó con atención, parecía un chico más o menos de su edad, no sabía si ese nombre era real, ni de donde era, solo que no era de su país, la intriga y curiosidad se apoderaban de ella lentamente sin notarlo ¿Estaba tan loca para aceptar? — Esta bien, redactare un contrato o algo así, podrás ser socio, pero tendrás que darme algunos de tus cuadros, pero antes de nada quiero verlos, en persona. — Gina sabía que, si no aceptaba o pondría pegas colgaría y bloquearía el número, él sabía mucho de ella y ella casi nada. — ¿Qué quieres que lleve? — Dijo no muy convencido, estaba saliendo de su forma de confort demasiado. — Algo que te duela, algo que no sepas dónde poner, lo transformaremos. — Jhon tragó saliva, pensó en todas las obras ocultas en esa habitación oscura y silenciosa, en la escultura fea y fría, tenía tantas cosas que le hacían daño que podia llevar. —Tengo justo eso —dijo convencido de ir y ver a Gina, quizá ella podia darle otra perspectiva de su dolor. —Entonces ven y trae ropa que no te importe manchar. —¿Vamos a pintar? — Pregunto sorprendido por la propuesta tan amistosa de Gina. — O a romper cosas o a escribir, a quedarnos en silencio, lo que salga. Jhon cerró los ojos por primera vez en mucho tiempo, no sintió que tenía que demostrar nada, este sentimiento lo asusto, la última vez que sintió esto con alguien apareció muerta, no quería este futuro para Gina, no podia cometer el mismo error tres veces, así que la decision estaba clara iría esta vez, quizás dos y después gestionaría todo desde la distancia, como hacia siempre. —Gracias Gina, esto significa para mi más de lo que crees. —No me des las gracias todavía solo ven cuando quieras o estes preparado, avísame cuando vayas a venir ¿De acuerdo? —Estaré allí y avisare sin falta. —Hasta entonces, Jhon. — Adios. — Se despidieron con ánimo por la llamada telefónica, un sentimiento bonito se le quedo a ambos, quizá con ganas de hablar más o quizá con ganas de verse.
—Una llamada telefónica entro en el móvil de Gina, pidió disculpas con el cliente que estaba en la galería y la cogió al ver que era Jhon. — Hola Jhon. — Hola… ¿te pillo en mal momento? — No, justo estoy terminando con un cliente y cerrare la galería, hoy fue uno de esos días raros, mucha gente, pero nadie se quedó demasiado tiempo. — Dijo con la voz cansada. — A veces el arte incomoda más cuando se entiende rápido. — Dijo sonriendo. — O cuando se siente sin entender. ¿Cómo estás? — Gina se dio la vuelta mientras hablaba por teléfono al sentir a alguien fuera, ya que el escaparate era entero de cristal, vio como un hombre alto, joven y atractivo levanto la mano y la saludo, en ese mismo momento escucho a Jhon hablar. — Estoy aquí. — Esta dejo que el móvil se deslizara por su cara, con la boca abierta lo observo ¿De verdad era Jhon?