Sail se encontraba a solas, en el salón de entrenamiento de Tetsuya, sentado en aquel lustroso piso de madera oscura, viendo en dirección hacia el hermoso jardín estilo japonés que tenía el lugar. Habían transcurrido dos días desde que su “esposo”, se fue a Tokio por razones que Sail realmente le tenían sin cuidado, lo único que le agradaba, era que gracias a su ausencia, su cuerpo podía descansar, ya que, en esas 48 horas de paz que estaba experimentando, no había tenido que soportar ser violado por ese hombre, del cual muy pronto se vengaría, puesto que, no había un día en donde Sail no estuviera planeando, la manera de como asesinar al yakuza. —Lo traeré aquí, lo tomaré desprevenido, usando su mayor debilidad: tener sexo. Le diré que follemos en este salón, y luego, cuando menos se

