Los días de Xana viviendo en el palacio Dorado habían pasado de manera muy rápido y con alguno que otro altibajo. Sin embargo, la princesa se mantenía optimista frente a los sucesos que pasaban en el país. Ella se sorprendió de lo rápido que había pasado el tiempo. Ya hacía varios meses que su hermana había fallecido. Y sus contactos con el príncipe de Ronda eran casi nulos. La tercera princesa se estaba esforzando mucho para mantener la distancia con el hombre, pues su obligación familiar se lo dictaba. Incluso la mujer había estado deseando las pruebas del príncipe y así liberar sus sentimientos de una vez. No quería estar alejada de él. Pero si las palabras de Ronda resultaban ser ciertas y en realidad su hermana había planeado su propia muerte, eso se sentiría verdaderamente decepcio

