El hombre se acercó a ella y entonces la besó. Xana quedó helada y de una sola pieza en su lugar, la mujer tenía los ojos bien abiertos, estaba sorprendida de las inesperadas muestras de afecto del príncipe. Sin embargo, su corazón se derritió ante el beso del principe. Era tan difícil odiarlo, y eso ella lo sabía de primera mano. Fue tanto el sentimiento de su corazón, que en medio de ese bonito momento sus ojos soltaron solitarias lágrimas. Tan dulce, tan tierno y a la vez tan confuso, tan distante. Xana de repente fue recobró la consciencia. Estaba allí en medio del palacio real, expuesta a las indeseables miradas. No quería separarse del hombre. Sin embargo, sabía lo que tenía que hacer. El cielo estaba nublado y las primeras gotas de agua empezaron a caer con reticencia. La princesa

